5 de enero de 2012

FORTALECER LA CORRIENTE MEJOR VALORADA EN EL PSOE QUE ES IZQUIERDA SOCIALISTA.

Un partido como el PSOE, con cerca de 133 años de historia, no va a desaparecer de la noche a la mañana como algunos piensan. Dialécticamente, al igual que ha venido girando a la derecha, las masas lo empujarán hacia la izquierda e intentarán recuperarlo y convertirlo de nuevo en una herramienta útil en la lucha por la transformación socialista de la sociedad en las batallas implacables por el socialismo que nos esperan. Algunos compañeros incluso hablan de la necesidad de refundación, otros de crear un nuevo partido, algunos han abandonado y se marchan a otras formaciones y múltiples tácticas más que surgen en estos momentos de derrota electoral, de frustración y de desánimo.

Tenemos que profundizar en el debate, porque un partido es antes que nada ideas, programa, métodos, tradiciones y sólo después de ello una estructura organizativa. Fue defendiendo a los obreros y a los más desfavorecidos como surgió el PSOE, de la lucha entre las clase defendiendo el marxismo, y así se formaron todas las Internacionales y escisiones en la historia de los movimientos sociales.

El marxismo y la historia de las luchas de la clase obrera nos proveen de una inmensa cantidad de ejemplos de que una orientación política correcta, implica también formas organizativas sanas que a la postre derivan en importantes triunfos para el proletariado. Pero también lo contrario ya que los errores y las tendencias reformistas llevan a la división y la destrucción a los partidos de clase.
El marxismo es una ciencia, la ciencia que puede ayudar a la clase obrera a conseguir la transformación socialista en esta época del capitalismo, por tanto no se pueden adoptar unas cosas sí y otras cosas no.

La historia también nos muestra que una interpretación parcial o una tergiversación pueden llevar a derrotas sangrientas. El genuino marxismo siempre se ha opuesto al sectarismo que es la tendencia de organizaciones supuestamente revolucionarias que conciben a la organización como el objetivo principal de la lucha, que no entienden que un partido debe ser la expresión de la clase obrera y no un grupo de iluminados que sustituyan a las masas, pero también se opone al oportunismo y al llamado reformismo, si éste hace contra-reformas.

Sobre este particular existe literatura de los clásicos y también del abuelo, de Pablo Iglesias que decía, más o menos que el sectario, que es la negación directa del materialismo dialéctico, a pesar de que dice defender y apostar por el marxismo en cada frase, siempre toma la experiencia como punto de partida, pero luego, en vez de sacar conclusiones de la experiencia e intentar elevarla a ciencia, siempre vuelve al mismo sitio. Entonces, si hace eso, no comprende ni entiende la acción y la relación dialéctica entre un programa acabado y la lucha de masas viva, es decir imperfecta, inacabada y acaba apartándose de los procesos generales por donde pasa la lucha de clases.

Otros autores también escribieron sobre el tema: “El sectarismo (…) vuelve la espalda al desarrollo real de la clase obrera”. “Para el marxismo la construcción del partido es un problema social, es decir no se resuelve por la acción voluntaria de un pequeño grupo, sino que implica la experiencia histórica del proletariado enfrentado con la burguesía en una lucha de clases que tiende de la defensa instintiva, a la ofensiva consciente por una sociedad nueva (…) Va del inconsciente colectivo a la formación de una conciencia revolucionaria de masas. No es un proceso lineal, sino que depende de los múltiples factores que se entrelazan en la historia concreta y por tanto tiene avances y retrocesos”.

Por ello Marx y Engels explicaban que habría que intentar evitar la desunión y no formar partidos aparte de los de la clase. Explicaban que los marxista. “No tienen intereses propios que los distingan de los intereses generales del proletariado. “No profesan principios sectarios propios con los que aspiren a modelar el movimiento proletario”(…) Lo que diferencia a los marxistas de los reformista es que los primeros, “no se distinguen de otros partidos de la clase obrera más que en esto: En las luchas nacionales de los proletarios de distintos países, insisten y ponen en primer lugar los intereses comunes de todo el proletariado, independientemente de su nacionalidad. En los diferentes estadios de desarrollo por los que tiene que pasar la lucha de la clase obrera, representan siempre y en todo lugar los intereses del movimiento en su conjunto”, debiendo luchar permanentemente contra los oportunistas y los sectarios, pero con métodos compañeros y científicos.

Los socialistas marxistas deben ser en “primer lugar, en la practica, el sector más avanzado y decidido de los partidos de la clase obrera en cada país, el sector que empuja a los demás hacia delante; en segundo lugar, en la teoría, tienen la ventaja sobre la gran masa del proletariado de la clara comprensión de los derroteros, y de los resultados generales últimos a los que se ha de abocar el movimiento proletario”.

Ahora se nos plantea de nuevo, en este 38 Congreso del PSOE, como en cada congreso, el problema de la elaboración de un nuevo programa y una nueva dirección efectiva que permita derrocar al capitalismo y avanzar hacia la transformación social y ello implica no sólo la teoría sino el llevar esa teoría al movimiento vivo de los trabajadores, es ahí y sólo ahí cuando el marxismo adquiere su fuerza. Pero debemos convencer a las masas para que entren en el PSOE y nos ayuden a desenmascarar a los oportunistas, carreristas y algunos elementos faltos de ética que perjudican al socialismo.

El problema surge de la complicación de llevar a las bases, el debate de este programa de transición que se asumió en la Asamblea General de Granada del 21-12-11 de la corriente IZQUIERDA SOCIALISTA DE ANDALUCIA,(*) donde se plantean temas como un análisis profundo de la crisis estructural del capitalismo a escala mundial, la situación en el Estado español con la ofensiva sin precedentes contra la clase trabajadora, la juventud y los sectores más desfavorecidos que plantea la derecha del PP, junto con la CEOE y el Vaticano. También hacemos Propuestas desde la Izquierda sobre el programa alternativo para luchar por una auténticamente fuerza socialista que rompa con la dictadura de los mercados, así como lo más importante, el cómo organizar al movimiento obrero para luchar por la transformación socialista de la sociedad, que es el verdadero problema, el factor subjetivo necesario y correcto para llevar a cabo el socialismo.

Este problema fue abordado por Marx y Engels, de forma muy práctica, en el caso de la revolución de 1848; intervinieron en el seno del partido democrático, es decir en el ala de los que luchaban por la democracia política, en donde había hegemonía de sectores de la burguesía. Dice Engels: “Si no hubiésemos querido hacerlo así, si no hubiésemos tomado el movimiento, adherido a su ya existente sector más avanzado, en realidad su ala proletaria empujándola hacia delante, no nos hubiera quedado más remedio que predicar nuestro programa en un pequeño boletín provincial y fundar una secta raquítica en lugar de un gran partido de acción. Pero ya habíamos comprendido el papel de los predicadores en el desierto, habíamos estudiado muy bien a los utópicos, y de ahí habíamos deducido nuestro programa”.

Con la derrota de la revolución, Marx y Engels no se dedicaron a preservar pequeños círculos de emigrados, sino que buscaron vincularse con el movimiento más avanzado de aquel entonces en Inglaterra, que eran Los Cartistas, producto de un esfuerzo paciente lograron impulsar la primera internacional. En la cual había que convivir con elementos de todo tipo.

La expresión concreta de la lucha de la Primera Internacional fue la comuna de París, un levantamiento de la clase obrera parisina en el marco de la guerra con Alemania y la debacle de gobierno de Napoleón III. En ella los trabajadores de todos los matices intervinieron, incluidos muchos dirigentes de la Primera Internacional. Lamentablemente el movimiento fue derrotado y la represión junto con el reflujo, sometieron al movimiento de la primera internacional a un franco retroceso que a la postre significó su fin.

El trabajo de los marxistas en la Primera Internacional fue el de difundir sus métodos e ideas en todas las organizaciones de masas posibles, papel preponderante de este proceso fue la aparición de El Capital, obra que tuvo tal impacto que incluso el anarquista Bakunin tenía pensado traducirla al ruso. La Internacional se desmembró pero el movimiento vivo no. El Partido Socialista Obrero Español se fundó clandestinamente en la madrileña taberna Casa Labra de Madrid, el dia 2 de mayo de 1879, en torno a un núcleo de intelectuales y obreros, encabezados por Pablo Iglesias, con lo que es el partido más antiguo de la clase trabajadora. El primer programa marxista del nuevo partido político fue aprobado en una Asamblea de 40 personas, el 20 de julio de ese año, como Partido Obrero y de Clase, el PSOE formó parte de la II Internacional, que agrupaba a los partidos socialistas marxistas.

Un largo periodo de crecimiento económico sentó las bases para el surgimiento del reformismo en el seno de partidos y sindicatos. La idea de que en el capitalismo era posible realizar las demandas del movimiento, hizo presa de la mayor parte de los dirigentes socialdemócratas, en realidad, en aquella época, socialdemócrata y marxista eran equivalentes en términos de clase. En realidad, como sabemos, el capitalismo vivía una época de crecimiento que sólo estaba preparando convulsiones catastróficas para la humanidad. Sólo los marxistas pudieron ver esto, pero sus puntos de vista parecían quedar aislados en el seno de dichos partidos. No obstante ni Lenin ni Rosa Luxemburgo plantearon una ruptura con la socialdemocracia sino hasta después de haber dado una lucha de decenas de años en sus propios partidos.

Lamentablemente Rosa, pese a observar primero que nadie la degeneración de la socialdemocracia, no entendió la lucha de Lenin por preparar en el seno del partido, las condiciones para una organización aún más fuerte para luchar por el Socialismo. Rosa Luxemburgo pensaba que el movimiento obrero regeneraría al partido, Lenin estaba seguro de que había que preparar la organización para estar a la altura del movimiento de masas y conducirlo a la victoria. Lenin no estaba dispuesto a romper con la internacional socialdemócrata sino bajo la condición de que ante las masas quedara claro la necesidad de una nueva organización, de tal modo que cuando la crisis estalló producto de la primera guerra mundial, lanzó la idea de la necesidad de una nueva internacional. (Hizo falta la gravísima convulsión de una Guerra Mundial, para tomar la decisión de formar otro partido de la clase trabajadora, y los epígonos del leninismo forman partidos por doquier como si eso fuese tan fácil).

El triunfo de la Revolución de Octubre permitió la convergencia de aquellas organizaciones que surgieron en el seno de la segunda internacional y que estaban de acuerdo con la revolución socialista en la práctica. Pero incluso en este caso la formación de partidos y el trabajo de los marxistas no se concebían como algo automático al margen del movimiento y las condiciones de cada país.

A este respecto el manifiesto del segundo congreso de la internacional señalaba, entre otras cosas: El Partido… “No tiene tareas ni objetivos separados ni aparte de la propia clase obrera. Las pretensiones de las sectas minúsculas, cada una de las cuales quieren salvar a la clase obrera a su manera, son ajenas y hostiles al espíritu de la internacional. No posee ningún tipo de panaceas ni fórmulas mágicas sino que se basa en la experiencia internacional, presente, pasada, de la clase obrera; depura estas experiencias de todas las equivocaciones y desviaciones; generaliza las conquistas alcanzadas y reconoce solamente las formulas de acción de masas” (…) condena al mismo tiempo todos los llamamiento sectarios para dejar las filas de las organizaciones sindicales que agrupan a millones, o dar la espalda al trabajo en instituciones parlamentarias y municipales(…) no se separan de las masas que están siendo decepcionadas y traicionadas por los reformistas y los patriotas, sino que se comprometen a un combate irreconciliable dentro de las organizaciones de masas e instituciones establecidas por la sociedad burguesa, para poder derrocarla lo más segura y rápidamente posible”.

Por supuesto que hay una gran diferencia entre hacer un trabajo dentro de organizaciones y sindicatos de trabajadores dirigidos por reformistas y el aceptar el programa del reformismo. El objetivo de la lucha en el seno de estas organizaciones es, a través un trabajo paciente demostrar que es lo que significa el programa de transición al socialismo, con bases científicas marxistas y que éste es el único realmente consecuente con las luchas de los trabajadores y ganar así a la mayoría más activa de la clase a la lucha por el verdadero socialismo.

El movimiento obrero no existe de forma ideal sino en la forma de los partidos y sindicatos; en el Estado español, tenemos como partidos clásicos al PSOE y al PCE y a UGT,CCOO y CGT como sindicatos. Lamentablemente por las circunstancias históricas, estos partidos y sindicatos se han adaptado a la burguesía y sus dirigentes han sido cooptados ideológicamente y sus direcciones no tiene perspectivas revolucionarías y se aferran a este sistema como si fuera lo único posible, pero los millones de trabajadores que componen sus bases naturales están mil veces a la izquierda que esas cúpulas.

Las masas se expresan directa o indirectamente por medio de esas organizaciones, y volverán a hacerlo en el futuro, porque antes de formar nuevas, intentarán transformarlas una y otra vez. Solamente acontecimientos históricos de carácter contundente como una guerra o una revolución muestran a las masas, la pertinencia o no de una forma organizativa alternativa. (…) En el pasado, las revoluciones en Europa y Asia fueron derrotadas, esto sentó las bases para una fase de reflujo en el seno mismo de la Unión Soviética, la pérdida de la perspectiva de una victoria inmediata llevó a subterfugios tales como el “socialismo en un solo país” es decir, la idea de que se podía construir el socialismo en la Unión Soviética al margen de que la revolución se extendiera.

Esto era una revisión reaccionaria de la teoría marxista, como también lo fue la idea de la revolución por etapas (separar la revolución democrática de la revolución socialista) y así como el experimento de la amalgama del Frente de varias clases o frente popular, que consiste en concertar una alianza política y programática entre las organizaciones de los trabajadores y organizaciones burguesas.

Como la burguesía sólo esta dispuesta a apoyar su programa, el frente popular o interclasista, sólo supone una claudicación de las organizaciones obreras frente a las burguesas. La degeneración del Estado Obrero ruso sano, el cual tenía como marco decisivo la derrota de las revoluciones posteriores a la Rusa, provocó la adopción de estas política que a la postre fueron el factor para nuevas derrotas, como la Alemana de 1933, la derrota de la clase trabajadora Española en la contra-revolución franquista del 36 al 39, la derrota China, etc.

Se creó un círculo vicioso que los marxistas tenían la obligación de combatir preservando el espíritu con que se sigue una línea de continuidad muy clara con la lucha dada por Marx en su tiempo. En esta ocasión no sólo se veían enfrentados a una derrota de la burguesía sino a la acción del aparato soviético que, temeroso de quedar en descubierto ante las masas, emprendió una persecución y un aniquilamiento físico de todo aquel que pudiera significar el recuerdo del auténtico marxismo, persiguiendo a toda la oposición obrera, tanto a socialistas, anarquistas y comunistas, que eran acusados de trotskistas y previamente se había hecho creer que el trotskismo y el nazismo eran primos hermanos.

Los estalinistas contaban con todos los medios del Estado y con la Internacional comunista. Para muchos trabajadores, sin la información de lo que realmente sucedía, ellos representaban el legado de Lenin cuando en realidad, de conformidad con la dialéctica, eran su negación absoluta. Los trotskistas se vieron en la necesidad de emprender una lucha a contracorriente en grupos muchas veces bastante reducidos y fueron prácticamente exterminados.
La gran crisis económica de 1929 se deslizó hacia una aguda recesión que desembocó en la profunda depresión de los años 30, tan convulsos y revolucionarios que sometió al sistema a la confrontación de la Segunda Guerra Mundial, que costó millones de muertos, la mayoría de ellos, hijos de la clase obrera. Esa tremenda crisis fue lamentablemente capitalizada por el estalinismo, el cual negoció con Estados Unidos, de tal modo que en Europa oriental estableció un cinturón de seguridad formado por estados títere.

Mientras tanto en Europa occidental el estalinismo colaboró con la represión contra los propios comunistas que habían luchado contra la ocupación fascista y que estaban en condiciones de tomar el poder, ese fue el caso de Francia, Italia y Grecia. Los partidarios del trotskismo fueron diezmados tanto por los fascistas como por los estalinistas, ya no digamos por los gobiernos burgueses, de tal modo que el movimiento se vio sumamente diezmado para el fin de la guerra.

Después de ello el problema quedó planteado ¿Cómo romper el aislamiento entre las pequeñas fuerzas del marxismo y el movimiento de masas? Lamentablemente la cuarta internacional estalló y sus dirigentes cometieron todos los errores posibles, con lo que terminaron formando todo tipo de grupos sectarios sin la mayor trascendencia, y un marxista ironizó, cómo podian pedir la unidad “formando partidos de masas de 4 sujetos y un gato”. Al igual que ocurre en la actualidad, donde en el Estado español existen 130 partidos y organizaciones de izquierdas, todas dividiéndose en pro de la Unidad, pero haciendo todo lo contrario, sin tener en cuenta que la mejor manera de acabar con el divisionismo y el asilamiento de los grupos de izquierdas, sobre todo de los que se reclaman del marxismo, es mantener con honradez y firmeza, como dijo Pablo Iglesias, la teoría , el programa, los métodos y las tradiciones del movimiento socialista marxista y ello implica más que nunca el trabajo en las organizaciones de masas.

Como conclusión, hacemos un llamamiento a todos los grupos del movimiento obrero a que entren en el PSOE o en el PCE y a los sindicatos de clase mayoritarios, como son CCOO, UGT, CGT, S.E. para fortalecer mediante la acción de masas las corrientes marxistas, que debe ir acompañado por un debate sano, sosegado, paciente y científico, para elevar el nivel de conciencia de las masas e ir fraguando la dirección unitaria del factor subjetivo que es lo que en realidad estamos necesitando para derrotar al capitalismo y abrir las alamedas que nos conduzcan a la construcción de la verdadera sociedad socialista, defendiendo un genuino programa socialista de transición, que contemple la democracia económica, política, social y cultural, bajo control democrático de las amplias masas ciudadanas, pues el socialismo ya no es ninguna utopía, sino que se ha convertido en una verdadera necesidad para los jóvenes, los trabajadores y los pobres del mundo. En la unidad, la organización y la lucha estará nuestra victoria, porque otro mundo es posible, pero con el SOCIALISMO.

AREA DE COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE-A.
(*) La Memoria de la Asamblea de “Propuestas desde la Izquierda” y las aportaciones al debate, están a disposición de todos los militantes, afiliados y simpatizantes, solicitando los textos a la dirección de correo de abajo que serán remitidos gratuitamente. Ponga en la petición las palabras “Revista Granada”.

Pídela a:
Is.psoe.malaga@terra.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario