30 de noviembre de 2016

LA GUERRA DE SIRIA Y LA MASACRE IMPERIALISTA.

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El inter-militarismo es una característica propia del sistema capitalista, como hemos denunciado permanentemente los socialistas marxistas, porque así nos enseñaron los fundadores del PSOE encabezados por Pablo Iglesias, cuando combatieron con las campañas contra la guerra de Marruecos de 1921 y demás conflictos armados del capitalismo, pero entendemos que las guerras son algo inevitable y propia del sistema capitalista, por su mecanismo de competencia feroz por los mercados,  territorios la rapiña y el beneficio.  Las grandes potencias imperialistas se disputan con saña y violencia cada zona del planeta para hacer sus negocios sangrientos. Detrás de cada conflicto bélico, como estamos viendo en la situación de Siria, se enfrentan los intereses de los poderosos que no dudan en arrasar poblaciones como están haciendo con Alepo para implantar su dominio.

“Los hospitales y las escuelas de los barrios orientales de Alepo se han  convertido en blanco de los bombardeos lanzados por el régimen de El Asad (Apoyado por Rusia) en la última semana. Los ataques han afectado a los escasos hospitales que aún eran capaces de proporcionar asistencia en la parte asediada de la ciudad, lo mismo que a dos colegios. Médicos sin Fronteras advirtió el día 21 del impacto sufrido por el “único hospital pediátrico especializado en el sitiado este de Alepo”: tres pisos destruidos y el centro sanitario fuera de servicio. Además, otros ataques han dejado inoperativos dos centros quirúrgicos y el hospital general.  Unicef, por su parte, denuncia la terrible situación de unos 100.000 niños atrapados por el asedio, para los que no existe ya ningún lugar seguro.  Los ataques se dirigen desde hace meses a la destrucción de las infraestructuras civiles de las que puede servirse una población estimada en 275.000 personas. El problema no es solo la destrucción física de las instalaciones y de los que se encontraban en ellas, sino el terror que causan entre la población sometida al diluvio del fuego artillero, de los misiles tierra-tierra y de las bombas vomitadas desde aviones y helicópteros”.(…) (Informa Joaquín Prieto, en El Pais 25-11-16, en su artículo “Crímenes de guerra favorecidos por la indiferencia”).

A parte de denunciar con firmeza esas brutales matanzas y posicionarnos claramente por el alto el fuego, la tarea de los socialistas marxistas en la actualidad es señalar los diversos intereses de clase que se esconden detrás de esa brutal matanza.  La burguesía, a través de sus potentes medios de comunicación, intentan cerrarnos los ojos o embaucarnos con mentiras, pero lo que se esconde es el lucro privados que de ese enorme derramamiento de sangre obtiene el Complejo Militar Industrial de EEUU, de Rusia y demás potencias productoras de armamento.  La larga intervención actual de Siria, que hunde sus raíces en el escandalosa invasión de Iraq basada en una gran mentira, orquestada por el “Trio de las Azores”, está siendo la confirmación más palpable, como hemos explicado en otras ocasiones, que las guerras son la continuación de las políticas burguesas por otros medios:  emplean la fuerza bruta cuando no les funciona la diplomacia, como estamos viendo claramente que el conflicto  está mantenido entre Rusia y los EEUU que han mantenido varios simulacro de negociación para ponerle fin.

La clase dominante de cada bloque imperialista está luchando a muerte por controlar y robar las materias primas, como el petróleo, diamantes y otras, porque la necesitan para mantener la maquinaria económica del capitalismo, porque quien controla las fuentes básicas de esos productos, se asegura también la supremacía a escala mundial y garantiza los enormes beneficios que sus multinacionales obtienen, en ese intercambio injusto de sangre de los hijos de los trabajadores que son quienes ponen los muertos, para que ellos sigan acumulando beneficios escandalosos.

El punto de mayor tensión bélica sigue siendo Siria, sumida en una guerra atroz que soporta ya centenares de miles de muertos y millones de refugiados y pese al aparente intento de firmar un alto el fuego entre EEUU y Rusia, que son las fuerzas que mantienen el conflicto montando mesas de negociación para intentar dar una solución a la guerra siria, no pueden resolver el antagonismo de intereses entre cada vez más fuerzas implicadas en el conflicto, porque ya no es solo Rusia y EEUU, sino la U.E.,  China, Arabia Saudita, Turquía, Irán, Iraq, los kurdos, los grupos tribales y la violencia que engendra cada zona al haberse roto el equilibrio económico y los pueblos se encuentran sin comida, agua, etc.. con la lucha implacable por la supervivencia que esa situación de escasez extrema genera y a la que Occidente le ha puesto ya el nombre generalizado de “terrorismo”.

La clase trabajadora no debemos dejarnos engañas por la propaganda del miedo que lleva a cabo la burguesía: el imperialismo y el capitalismo siguen jugando hoy el mismo papel que siempre lo han hecho. Emplean la guerra y la utilizan para subsistir porque saben que sin guerras, con un sistema de democracia plena, el capitalismo habría dejado de existir hace tiempo y habría sido superado por el socialismo democrático. Para controlar un recurso clave como es el petróleo, la clase dominante en defensa de sus monopolios, no han dudado nunca en saquear e invadir las zonas estratégicas para tomar el control de los recursos, cuando les han fallado sus gobiernos títeres, como hemos visto claramente tras la llamada “primavera árabe”, en todos y cada uno de los países que se levantaron por la democracia y la libertad. Fueron aplastados por los imperialistas, pero esos movimientos sociales  pusieron de manifiesto la enorme fuerza demostrada por la juventud y  las clases trabajadoras cuando se ponen en acción. Les faltó el factor subjetivo.  

Los burgueses en Europa han utilizado estos acontecimientos y la crisis estructural del capitalismo para recortar derechos democráticos y ahora el Presidente electo en EEUU amenaza con el capitalismo nacional y los recortes que podrían agravar la situación mundial, acelerando las tensiones con México, Cuba y toda Latinoamérica. Después de las matanzas y el destrozo causado en Siria, agravado por el terrorismo del llamado Estado Islámico, con millones de desplazados y refugiados en Turquía y otros países, miles y miles más siguen muriendo en el intento de cruzar el Mediterráneo.  Mister Trump amenaza con medidas legislativas para expulsar a 11 millones de “sin papeles” y ha declarado la guerra al “musulman”, con el objetivo de expulsarlos a todos privándolos del derecho a la vida. Este Trump está apoyado por el KKK y demás grupos de extrema derecha.  Esas declaraciones representan tendencias bonapartistas y no solo “populistas” como declara un cierto sector de la clase dominante alarmada, porque dan alas al racismo, la xenofobia y el fascismo, poniendo de manifiesto la degeneración de las direcciones políticas de derechas de todo el mundo, impotentes, cuando no necesariamente colaboradores y cómplices, de todas esas iniciativas brutales, como estamos ya viendo por el repunte de la extrema derecha en Europa.

Hemos entrado de lleno en un nuevo período de la lucha entre las clases caracterizado por una agudización extrema de las contradicciones capitalista que el modelo actual no puede resolver, pero ante la ausencia de una dirección de las izquierdas, Unitaria y bien Organizada que llame a la resistencia y nos ofrezca un programa que nos pueda movilizar como alternativa, debemos continuar fortaleciendo los sindicatos, las organizaciones sociales y los partidos de izquierdas para contrarrestar el giro a la derecha que las fuerzas burguesas están experimentando por arriba, mientras que por abajo, la juventud y la clase trabajadora se están radicalizando y preparando la contra-ofensiva. Saltos bruscos y repentinos de las luchas sociales están implícitos en esta situación de desequilibrio y estancamiento económico.  

La lucha contra las guerras y por la PAZ mundial pasa por una batalla democrática implacable y constante por parte de la clase trabajadora y la juventud contra el capitalismo que provoca los conflictos, porque mientras se mantenga la propiedad privada de la banca, los grandes latifundios y las multinacionales en manos de los capitalistas, que de forma antidemocrática dictan la hoja de ruta económica y política, dirigiendo incluso las empresas públicas para saquear las arcas del Estado, que nos hacen pagar via impuestos, ningún problema social ni los conflictos territoriales podrán tener ninguna solución.  Es tarea urgente la reorganización de la clase trabajadora para defender nuestros derechos. Ningún ataque sin respuesta.

JOSÉ MARTÍN RODRIGUEZ.
ÁREA DE COMUNICACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE-A









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