Las elecciones del 23J se han saldado con
un duro golpe para la reacción y para su base social que clamaba sed de
venganza contra la izquierda. La imagen de Abascal en la noche electoral,
intentando escaquearse de comparecer ante los medios, y luego compartiendo con
su plana mayor la imagen de la desmoralización más completa tras balbucear una
sarta de acusaciones contra Feijóo, resume a la perfección la derrota de estos
ultraderechistas españolistas, machistas y xenófobos. Y lo mismo podemos decir
del PP.
El discurso de Feijóo ante los suyos,
desencajado frente a los gritos en favor de Ayuso, fue un ejercicio patético,
dejando incluso atónitos a sus seguidores cuando planteó que intentaría formar
Gobierno y que hablaría con el PSOE y el resto de formaciones parlamentarias
para lograrlo. Se ve que su sentido del ridículo, trabajado a conciencia
durante la campaña, puede aún dar mucho más de sí.
A pesar de que casi todas las encuestas
auguraban una victoria por mayoría absoluta de la reacción, y de que ese era el
ambiente que se respiraba tras el tsunami azul del 28M y la debacle de la
izquierda gubernamental, finalmente el vuelco ha sido evidente.
El varapalo sangrante que recibe la
derecha extrema del PP y sus aliados del fascio, y que les va a impedir formar
Gobierno es la consecuencia de la movilización de millones de trabajadores y de
jóvenes, de su determinación para evitar una involución en los derechos
democráticos de grandes proporciones y una advertencia también de que esta
izquierda gubernamental o rectifica, o puede asomarse al abismo
definitivamente.
Qué lección han dado millones de
trabajadores y una juventud que ha estado en primera línea de las
multitudinarias manifestaciones del feminismo combativo, contra las agresiones
homófobas o la destrucción del planeta. La juventud ha sido clave en estos
resultados, como también lo ha sido el pueblo y los trabajadores de Catalunya y
Euskal Herria que han vuelto a levantar un muro de resistencia contra el
nacionalismo españolista más nauseabundo.
No ver este aspecto esencial, la
conciencia antifascista del movimiento obrero y la juventud en acción, es negar
el enorme potencial que existe para transformar la sociedad en líneas
socialistas. Las formaciones sectarias que se han hartado en sus webs de llamar
a la abstención ya tienen un veredicto concreto a su posición: millones les han
dicho claramente que ese no es el camino, que ese camino llevaba a abrir el
paso a la ultraderecha. Qué lección del movimiento vivo de nuestra clase, y qué
ignorancia la de aquellos que arrastran las ideas de Marx, de Lenin, de Rosa
Luxemburgo y de Trotsky por el fango.
El voto al PSOE y a SUMAR no es un cheque
en blanco ni mucho menos. Es más bien lo contrario. El voto ha sido un
instrumento para conjurar la amenaza de la reacción. Pero el descontento y la
frustración con las políticas capitalistas del Gobierno de coalición no se han
disipado. Y si el próximo Ejecutivo que se forme, que puede liderar Pedro
Sánchez obviamente, insiste en llenar los bolsillos del Ibex 35 y la banca, en
no hacer nada respecto al problema de la vivienda, en asentir a los recortes en
sanidad y educación pública, en mantener leyes represivas que se utilizan
contra los que luchan, en un escudo social raquítico que no impide el avance de
la pobreza, o en garantizar la paz social a la patronal e imponer la
desmovilización… si sigue por ese camino, entonces la extrema derecha volverá a
tomar impulso y puede conquistar sus objetivos.

El voto al
PSOE y a SUMAR no es un cheque en blanco. Es más bien lo contrario. El voto ha
sido un instrumento para conjurar la amenaza de la reacción. Pero el
descontento y la frustración con las políticas capitalistas del Gobierno de
coalición no se han disipado.
La reacción, el neofascismo, ha sufrido un
duro varapalo, pero pensar que ha sido derrotado y que ya no supone ninguna
amenaza, teniendo en cuenta además lo que significa el régimen del 78, no solo
es una ingenuidad, es una estupidez criminal.
PP
y Vox: del paseo triunfal a una noche de pesadilla.
Los datos deben ser analizados con rigor,
sin ocultar ningún lado de la realidad.
A pesar de que finalmente se ha podido
evitar que el PP y Vox sumen para formar Gobierno, y que el incremento de la
participación ha pasado del 66,23% al 70,40% (4,17 puntos), la distancia entre
los bloques se ha reducido, y PP y Vox se han quedado muy cerca, ¡a tan solo 6
escaños! de lograr la mayoría absoluta.
El bloque de la derecha ha crecido en
723.933 votos (un 2,18%), alcanzando el 45,65% (11.177.348 votos) frente al
43,47% que logró en 2019 (10.453.415 votos). El bloque de la izquierda
parlamentaria, incluyendo a la izquierda independentista, ha perdido 191.434
votos (el 1,68%) pasando de un 49,96% (12.013.776 votos) a un 48,28%
(11.822.342 votos), pero superando aun así a la derecha españolista por 644.994
votos. Una mayoría de trabajadores y de jóvenes han entendido perfectamente la
amenaza que suponía una victoria de la reacción, y se han movilizado con
contundencia.
Este hecho, inapelable, supone una
contestación a todos aquellos que desde la izquierda institucional y sus voces
mediáticas cargaron contra los trabajadores y los jóvenes por su falta de
conciencia tras la derrota del 28M, culpándoles de aquellos resultados, sin
asumir el malestar y la crítica más que justificada contra una gestión del
Gobierno de coalición que no ha frenado el empobrecimiento de la clase
trabajadora y que ha aceptado la lógica del capitalismo sin rechistar.
Una crítica que, por supuesto, sigue
vigente, pero que se combina con una memoria histórica muy viva que sabe
perfectamente qué es el fascismo y la amenaza real que implica. Y esta actitud
es lo que numerosos grupúsculos izquierdistas han sido incapaces de entender,
llamando impotentemente a la abstención y al voto nulo, y situándose en una
posición equidistante en una batalla que la clase obrera ha entendido que no
era secundaria.
Nuestra postura fue clara, tal como
señalamos en nuestra última declaración, manteniéndonos en una posición
marxista intransigente: “Plantear que da lo mismo el voto y quién gobierne, que
todos son iguales, que es mejor la abstención, es caer en una posición sectaria
e impotente. Los revolucionarios nunca hemos sido indiferentes al avance de la
derecha, y no vamos a facilitarlo en ningún terreno, tampoco en las urnas. Y
votar crítica o muy críticamente por las formaciones de la izquierda
parlamentaria no significa legitimar su programa, ni sus políticas. Significa
utilizar ese voto para golpear a los fascistas y, por supuesto, confiar solo en
las fuerzas del movimiento obrero y la juventud, en su capacidad de
organización y de lucha para derrotar al neofascismo con un programa socialista
y anticapitalista”.
La derecha extrema y la extrema derecha
esperaban un auténtico paseo triunfal, despreciando la capacidad de lucha y de
resistencia del movimiento obrero y de la juventud combativa. Fruto de ello,
envalentonados tras los resultados del 28M, se lanzaron a una ofensiva sin
cuartel contra el feminismo y los derechos de las mujeres y la comunidad LGTBI,
contra el independentismo, y contra la izquierda militante y los movimientos
sociales.
Una campaña que no ha dudado en contar con
las falanges fascistas, a través de empresas dirigidas por nazis como Desokupa,
y que ha sido acompañada por los pactos entre el PP y Vox en muchas comunidades
y ayuntamientos, poniendo al frente de Parlamentos y Gobiernos a reaccionarios
de todo tipo, desde maltratadores condenados a toreros fascistas, y desde
misóginos del Opus Dei que cargan contra las mujeres por carecer de pene a
falangistas que reivindican matanzas como la de Badajoz en la guerra civil.
Todo ese polvo social de la reacción, compuesto de miles de pequeños y medianos
empresarios que se enriquecen a costa de la explotación laboral más salvaje y
racista, y que reivindican las esencias de la dictadura franquista y del
nacional catolicismo, levantaban la cabeza esperando aplastarnos. ¡No lo han
conseguido!

La derecha
extrema y la extrema derecha esperaban un auténtico paseo triunfal, y se
lanzaron a una ofensiva sin cuartel contra el feminismo y los derechos de las
mujeres y la comunidad LGTBI, contra el independentismo, y contra la izquierda
militante.
Su soberbia y su orgullo patrio se ha dado
de bruces con la realidad. A pesar de que el PP ha ganado las elecciones, sus
resultados han quedado muy lejos de lo esperado. El PP ha obtenido el 33,05% de
los votos (8.091.840) frente al 20,99% de 2019 (5.047.040), lo que supone un
incremento de 12 puntos, 3.044.800 votos, y 47 escaños. Por otro lado, Vox
sufre el mayor batacazo, perdiendo más del 17% de sus votos (623.235), y
retrocede del 15,21% al 12,39%, perdiendo nada más más y nada menos que 19
escaños, casi la mitad.
Además de los votos de Vox y de los
perdidos por Ciudadanos (1.650.318), el PP consigue atraer otros 723.933 votos,
tanto de la abstención como probablemente, en una pequeña parte, de sectores
muy atrasados del electorado socialista.
La desfachatez con la que ha actuado la
derecha en las últimas semanas despertó todas las alarmas e impulsó finalmente
este vuelco. En primer lugar con un Feijóo errático que ante las denuncias por
sus vínculos con el narco Marcial Dorado, pasó de decir que no sabía nada de
sus actividades a que cuando le conoció solo era un contrabandista, y no un
narcotraficante, o ausentándose de un debate donde Abascal terminó haciendo el
completo ridículo.
Por su lado, Abascal y Vox emergieron con
su discurso más fascista, cargando especialmente contra Catalunya, Euskal
Herria y el independentismo. Y en esto el PP les tendió la mano, sacando a ETA
por todos lados y popularizando entre su base social el “que te vote Txapote”.
Iban de sobrados convencidos de su victoria.
Pero esta estrategia finalmente se ha
vuelto en su contrario, contribuyendo a movilizar a la izquierda, especialmente
en las nacionalidades históricas, y enterrando cualquier posibilidad de un
Gobierno de la reacción. En Catalunya la derecha españolista pasa de 749.289
votos (el 19,46%) a 742.140 (el 21,10%) y obtiene tan solo 8 escaños, el PP 6 y
Vox 2. En el caso de Euskal Herria suben del 12,49% de los votos (147.004) al
14,10% (161.732), pero solo el PP saca escaños: 3 en la CAV y 1 en Nafarroa. La
cuestión nacional vuelve a ser clave para echar por tierra un posible Gobierno
de la derecha extrema.
Este golpe durísimo a la derecha abre
ahora una situación compleja tanto en el seno del PP como de Vox. El propio
Feijóo sintió la noche electoral como era cuestionado frente a Ayuso. Sin
embargo, estos resultados también comprometen la estrategia trumpista de la
presidenta madrileña. Por otro lado Vox, que ya está enfangado en una lucha
interna, también se verá abocado a una previsible crisis tras este retroceso,
pero eso no implicará su desaparición. El fenómeno de la extrema derecha
responde a tendencias objetivas fruto de la crisis del capitalismo y su
consecuente descomposición social, económica y política y, por tanto, no va a
eliminarse a corto plazo ni en el Estado español, ni en Europa ni en el mundo.
Los
datos de la izquierda:
En el caso de la izquierda gubernamental
el gran vencedor es el PSOE, que ha agrupado el voto útil.
Pedro Sánchez incrementa su apoyo en casi
un millón de votos, de 6.792.199 (el 28,25%) a 7.760.970 (el 31,70%) y logra 2
escaños más. Sumar y Yolanda Díaz si sufre una importante caída respecto a
Unidas Podemos, pero bastante menor de la esperada teniendo en cuenta los
resultados del PSOE: pierden 687.664 votos y 7 escaños respecto a UP y Más
País, pasando de 3.701.670 votos (el 15,39%) a 3.014.006 (el 12,31%). Pero con
todo el bloque de Gobierno, PSOE y Sumar, consigue incluso incrementar sus
resultados obteniendo 281.107 votos más que en 2019, y pasando de un 43,64%
(10.493.869) a un 44,01% de los votos (10.774.976).
Es evidente que en esta movilización del
voto ha jugado un papel decisivo la juventud. Una juventud que ha estado a la
cabeza del movimiento feminista y de la lucha por los derechos de la comunidad
LGTBI, que se ha expresado masivamente en la calles en un contexto en que otros
frentes de la lucha de clases como el sindical han estado taponados por el
papel de la burocracia de CCOO y UGT y su funesta política de paz social y
pactos con la CEOE.
La amenaza del PP y de Vox contra los
derechos democráticos, de las mujeres y del colectivo LGTBI, con su campaña
furibunda contra la Ley del Solo Sí es Sí o la Ley Trans, con su negación de la
violencia contra las mujeres, o con su censura directa ahora a películas y
obras de teatro, han jugado un papel de primer orden de cara a movilizar el
voto de decenas de miles de jóvenes que no estaban dispuestos a retroceder 50 o
60 años y perder derechos democráticos fundamentales. Sin duda, otro reflejo de
la importancia de la movilización y la lucha en las calles que ha tenido su
traslación en el ámbito electoral.
El otro aspecto central ha sido la
ofensiva españolista contra Catalunya y Euskal Herria. Vox ha planteado
abiertamente que si llegaban al Gobierno la salvaje represión de 2017, y la
aplicación del 155, quedarían en una broma, y han defendido la
ilegalización de EH Bildu, la CUP, ERC o la ANC. Una provocación que ha
supuesto un revulsivo para la movilización del voto en Catalunya, clave para la
victoria de la izquierda, y donde el 28M la abstención se incrementó en 10
puntos.
En Catalunya el PSC ha obtenido el 34,49%
de los votos (1.213.006) frente al 20,64% de 2019 (794.666): 418.340 votos y 7
escaños más. Una victoria que ha sido decisiva y que supone que 1 de cada 8
votantes socialistas sean de Barcelona, donde el PSC en barrios obreros como
Nou Barris ha llegado a conseguir el 43,5% de los votos. En total el 15,6% de
los votantes socialistas son catalanes, la cifra más alta desde 1996, y que
confirma el peso decisivo de Catalunya en el vuelco electoral. Por otro lado
Sumar resiste, aunque pierde 97.451 votos pasando de un 15,36% (590.999) a un
14,03% (493.548), pero manteniendo sus 7 escaños.
El bloque de Gobierno, PSOE y Sumar, consigue incluso incrementar sus
resultados obteniendo 281.107 votos más que en 2019. En esta movilización del
voto ha jugado un papel decisivo la juventud, Catalunya y Euskal Herria.
Es evidente que ante el estancamiento y completo
abandono de la lucha por la liberación nacional, por la autodeterminación y la
República, sectores del independentismo de izquierdas han primado en estas
elecciones el voto útil para frenar a la extrema derecha y a la reacción: ERC
retrocede en 411.976 votos, del 22,73% (874.859) al 13,16% (462.883),
perdiendo la mitad de sus diputados; y la CUP pierde 148.177 votos pasando del
6,42% (246.971) al 2,80% (98.794), quedando fuera del Congreso.
En cuanto al partido de la derecha
catalanista, Junts, liderado por Puigdemont y del que depende ahora la
investidura, también sufre un duro retroceso: 137.591 votos menos pasando del
13,77% (530.225) al 11,16% (392.634).
La victoria holgada de la izquierda en
Catalunya ha sido clave para impedir una mayoría absoluta de la reacción en el
resto del Estado: incluyendo a ERC y la CUP, obtiene el 64,48% de los votos
frente al 65,15% de 2019.
Lo mismo podemos decir en Euskal Herria
donde la izquierda obtiene el 60,29% de los votos frente al 54,33% de 2019. Un
resultado fruto de la subida del PSOE, 62.430 votos más hasta el 25,27%
(289.826), y del ascenso importantísimo de EH Bildu, que incrementa sus votos
en 53.603 hasta el 23,95% (274.676) superando al PNV en escaños.
Por otro lado en comunidades donde la
derecha había avanzado con fuerza, como Madrid o Andalucía, la izquierda
resiste e incluso avanza gracias a una potente movilización en los barrios
obreros. En el caso de Madrid, con una participación 5 puntos por encima de las
autonómicas del 28M, la derecha pierde 16.049 votos (el PP pierde 251.354 votos
y Vox gana 235.305) respecto al 28M mientras que la izquierda crece en 309.332
votos (el PSOE gana 375.574 votos mientras Sumar pierde 70.242). Unos
resultados que dan una victoria contundente a la izquierda en los distritos
obreros de Madrid, desde 51% y el 54% de Carabanchel y Villa de Vallecas hasta
el 57% de Villaverde y Usera y el 64% de Puente de Vallecas.
Y lo mismo podemos señalar respecto a
Andalucía donde el PP mantiene sus resultados respecto a las autonómicas de
hace un año, pero con la desaparición de Ciudadanos y la caída de Vox la
derecha globalmente pierde casi 300.000 votos. Al mismo tiempo, el PSOE obtiene
570.939 votos más, y Sumar incrementa otros 76.913 respecto a la coalición Por
Andalucía (IU-UP y Mas País) y Adelante Andalucía juntas, con una
participación que ha aumentado casi 13 puntos. Es decir, la izquierda
crece en total en 647.852 votos respecto a las autonómicas de hace un año.
Construir
una izquierda revolucionaria y recuperar la lucha en las calle
Qué hayamos frenado temporalmente a esta
caterva de reaccionarios es sin duda una gran noticia. Estos resultados dan
confianza a la clase obrera, a la juventud y a miles de activistas combativos
de la izquierda en sus propias fuerzas de cara a dar la batalla contra la
extrema derecha, contra la patronal y contra el capitalismo.
Sin embargo, como decíamos al comienzo de
esta declaración, es necesario hacer un análisis serio de cómo hemos llegado
hasta aquí, y de porqué la reacción ha estado tan cerca de conquistar La
Moncloa.
Como ya hemos señalado existe una gran
insatisfacción con el Gobierno de coalición. Sus supuestos logros, a los que no
han dejado de apelar a lo largo de la campaña, son un auténtico espejismo para
millones de familias obreras. Así lo ponen en evidencia las cifras.
La pobreza no ha dejado de aumentar, como
demuestran los informes de Oxfam y Cáritas; los salarios, incluido el SMI, han
perdido muchísimo poder adquisitivo frente a la subida desaforada de la
inflación y especialmente de los alimentos; el IMV ha sido un completo fiasco;
la reforma laboral es defendida por el PP y la patronal, demostrando que no ha
sido más que un arreglo cosmético manteniendo una situación de precariedad
laboral que se ha cronificado; la Ley Mordaza continúa vigente y aplicándose
activamente contra la juventud y en conflictos obreros como el de Cádiz o el
metal de Pontevedra; y los servicios públicos, no solo en Madrid sino en otras
comunidades o a nivel estatal, siguen colapsados y sin que se reviertan las
privatizaciones.
El Gobierno de coalición ha apoyado sin
tapujos al imperialismo norteamericano, a la OTAN y a Zelenski en la guerra de
Ucrania, elevando el gasto militar a niveles récord; ha abandonado al pueblo
saharaui, y ha encubierto y justificado infames matanzas como la de Melilla. Y
sus políticas, incapaces de revertir las enormes dificultades de la clase
trabajadora, sí han garantizado, y de que forma, los beneficios del Ibex 35 y
la patronal.
Esta enorme insatisfacción, malestar y decepción
no han desaparecido. El nuevo Gobierno de coalición tendrá una situación aún
más difícil que el anterior, ya que su margen parlamentario se ha estrechado
aún más. Obviamente, si continúa con las mismas políticas que hasta ahora el
malestar entre su base social crecerá, y tarde o temprano dará oportunidades a
la reacción para poder llegar a La Moncloa. La amenaza se ha evitado esta vez,
pero la reacción no ha sido derrotada.
Sumar se ha conformado como coalición
enterrando a Podemos y todo lo que significó, y así parece que va a ser tras
estas elecciones. A pesar de los comentarios de Pablo Iglesias sobre que
Podemos se hará valer, la realidad es que han quedado reducidos a 5 diputados
frente a los 23 que tenían. Sumar no va a ser Podemos, y su colaboración
completamente acrítica con el PSOE contribuirá a profundizar aún más una deriva
que ha abierto progresivamente las puertas a la extrema derecha y a la
reacción.
Por eso mismo, si queremos conjurar este
peligro cada vez más serio, el peligro sí ¡del fascismo!, no podemos
conformarnos ni con estos resultados, ni con una acción de Gobierno que es
incapaz de poner en cuestión los intereses de los grandes monopolios
capitalistas, que es incapaz de enfrentar a un aparato del Estado al servicio
de la ultraderecha franquista, y que es incapaz de impulsar políticas que
resuelvan verdaderamente los enormes problemas que padecemos millones de
familias obreras.
Necesitamos recuperar las calles. La paz social solo ha servido para
fortalecer a las derechas. Tenemos que organizarnos y levantar una bandera de
lucha contra el fascismo, el capitalismo que lo engendra y por el
socialismo.
La constitución del nuevo Gobierno no
estará exenta de obstáculos. Así lo estamos viendo ya por parte de sectores del
aparato del Estado, furiosos ante la derrota de la derecha, y que ya se han
puesto en marcha activando la orden de detención contra Puigdemont y Comin, y
deteniendo a Clara Ponsati en Barcelona, para intentar hacer saltar por los
aires una posible investidura de Pedro Sánchez.
Por otro lado, la escuadra mediática sigue
a la ofensiva histérica esperando algún milagro que permita nuevas elecciones.
Pero esta posibilidad es muy remota. Tanto Junts como ERC se juegan mucho. Su
única alternativa es un Ejecutivo de Pedro Sánchez o la más negra reacción,
especialmente en un contexto de reflujo del movimiento independentista en
Catalunya fruto de sus políticas de colaboración con el régimen del 78 y de
defensa del capitalismo.
Para los marxistas revolucionarios el
aspecto central es prepararnos para el duro periodo de la lucha de clases que
viene por delante. Necesitamos recuperar las calles. La paz social de cara a
encubrir la política capitalista del Gobierno de coalición solo ha servido para
fortalecer a las derechas. Por eso mismo, tras estos resultados electorales, no
es el momento de irse a casa y confiarse. ¡Al revés! Tenemos que organizarnos y
levantar una bandera de lucha contra el fascismo, el capitalismo que lo
engendra y por el socialismo.
El sistema capitalista nos condena a la
miseria, a la precariedad, a la pérdida de derechos, al totalitarismo, la
hecatombe climática y las guerras imperialistas… Necesitamos construir una
izquierda revolucionaria consecuente, que no discuta a la derecha y al aparato
del Estado sino que los combata; que no trate de convencer a los capitalistas
sino que les enfrente y les expropie; que no reniegue de la transformación de
la sociedad sino que luche por el socialismo.
Únete a Izquierda Revolucionaria: Ni un minuto de tregua contra las políticas
capitalistas y el fascismo.
COMISIÓN EJECUTIVA:
I.R. I.
Fuente: https://www.izquierdarevolucionaria.net/index.php/estado-espanol/13711-el-vuelco-del-23j-la-derecha-sufre-un-varapalo-sangrante-la-clase-obrera-y-la-juventud-lo-han-hecho-posible