
La anunciada invasión terrestre de la Franja es un paso cualitativo más en la guerra de exterminio que el poderoso ejército sionista está librando contra un pueblo de escasos recursos y prácticamente sin armamento pesado. El Tsahal comete todo tipo de atrocidades con un único objetivo: aterrorizar a los palestinos. Con este fin se despanzurran edificios de viviendas, hospitales, colegios usados como centros de refugiados, fábricas, cementerios, parques y cualquier espacio abierto. Quieren que no se sientan seguros en ningún sitio. Han utilizado también contra la población fósforo blanco. Los colegios donde la UNRWA acoge a parte de los 140.000 gacetíes que han sido obligados a huir de sus casas son también bombardeados con saña, mientras la ONU anuncia una vez más patéticas investigaciones sobre crímenes de guerra que no llegarán a nada. Pero el horror no sólo tiene la cara de los miles de muertos, o de los heridos o mutilados que no tendrán medios de vida, o que habrán visto desaparecer toda su familia. La devastación provocada por el sionismo trastoca todo, elimina los medios de subsistencia de la población: no hay producción, no hay cultivos, la sanidad pública está desbordada y sin suministros, la educación es una quimera… La única central eléctrica en funcionamiento fue bombardeada el 28 de julio, y se prevé que no pueda volver a funcionar en un año. De esta forma se pone en peligro (entre otras muchas cosas) el bombeo de las aguas residuales hacia el mar, potenciando así el peligro de horribles pandemias. Para la mayoría (de los supervivientes), en definitiva, hambre y miseria. Pero precisamente estas condiciones son las que animan a tantos y tantos jóvenes a participar en la resistencia… ¿acaso hay una alternativa mejor?
La hipocresía imperialista

Más allá de la retórica, todos esos gobiernos defienden sin fisuras la actuación de sus protegidos israelíes. Al mismo tiempo, temen las graves consecuencias de la extensión en el tiempo de la ocupación. Cuanto más tiempo pase, más posibilidad de que la situación se le vuelva en contra, tanto en Palestina, como dentro de Israel, y en todo el mundo.
El gobierno sionista manipula el asesinato de los tres jóvenes israelíes
El actual intento de acabar con la resistencia palestina no tiene relación directa con el secuestro y asesinato de tres chicos judíos. No obstante, este crimen fue profusamente utilizado por el sionismo, aprovechando el impacto que tuvo sobre la población israelí y estimulando los prejuicios antiárabes y la caza del palestino. En una declaración televisada, Netanyahu acusó a Hamás de estar detrás del hecho, y argumentó que, como Abu Mazén, el presidente palestino, de Al Fatah, había formado Gobierno con Hamás, también era responsable, y debía pagar las consecuencias… Con mucha menos publicidad, el Tsahal ha variado ahora su versión: dice que los asesinos, aunque militantes de Hamás, actuaron por cuenta propia, sin órdenes de arriba. Versión que hay que poner en cuarentena tratándose de fuentes tan interesadas, pero que en todo caso demuestra la tremenda manipulación del hecho por parte del sionismo. Presentadores televisivos han denunciado el régimen de censura generalizado que en cuanto se difundió el secuestro se estableció en los medios de comunicación públicos y privados. El Gobierno judío, que es una coalición de partidos burgueses, con predominio del tradicional (el Likud), y la participación de grupos de extrema derecha (Israel Nuestro Hogar y la Casa Judía), está azuzando a lo peor de la sociedad israelí, permitiendo y animando a grupos fascistas a buscar por las calles, en cada comercio, etc., a cualquier palestino para machacarle. El brutal asesinato de un adolescente, quemado vivo, sólo ha sido el ejemplo más horrendo de estos pogromos. Reflejando el ambiente en la élite política y social, una diputada de la Casa Judía, Ayelet Shaked, declaró: “Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podría atentar. Ahora todos son combatientes enemigos (…). Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguiesen sus pasos”. Y añadía: “Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes”.

De hecho, y a pesar de la desproporción de fuerzas, el Tsahal está pagando un alto precio. Ellos reconocen 41 militares muertos, pero según Hamás son en estos momentos 86. Y es creíble que el ejército censure el número real de fallecidos para evitar la desmoralización interna. varios soldados han sido detenidos, acusados de divulgación de secretos militares; lo único que hicieron fue informar por Whatsapp de bajas de soldados.
Descontento en el ejército sionista y entre la juventud israelí
El ambiente bélico y chovinista promovido desde el Estado sionista, favorecido también por el asesinato de los tres muchachos judíos, no va a durar indefinidamente. Las bajas israelíes son también parte del enorme sacrificio humano ofrecido a los dioses del capital y del militarismo sionista. La avasalladora propaganda oficial chocará, choca ya, con la realidad de una ocupación imperialista y de la feroz resistencia de un pueblo. Ya ha habido las primeras manifestaciones contra la guerra y la ocupación y, aunque todavía no multitudinarias (unas cinco mil personas en Tel Aviv), reflejan una posición que se irá abriendo camino a pesar de todas las dificultades (el Gobierno permite que grupos fascistas apaleen a manifestantes, intentando aterrorizar a todo aquel que se oponga a sus intereses). Cincuenta reservistas han firmado un comunicado negándose a participar en el Tsahal, ni siquiera desde la retaguardia, y denunciando la utilización de los militares para imponer la opresión, la violación de derechos a los palestinos y la ocupación. También está circulando una carta de estudiantes de secundaria negándose a realizar el servicio militar. En Israel éste es obligatorio y actualmente hay movilizados 65.000 reservistas. Muchos de ellos no se están presentando en sus destinos. De igual forma que en 2006, cuando las potentes tropas sionistas fueron obligadas a retirarse del Líbano por la resistencia, el ambiente social puede cambiar rápidamente. Los dirigentes sionistas actuales serán señalados con el dedo como culpables de toda esta destrucción.

De forma inevitable, el cierre de filas en el pueblo palestino, ante una agresión de tamaña amplitud, fortalece a Hamás, es decir, el Gobierno sionista consigue el efecto contrario al supuestamente deseado. Sin embargo, según algunos medios también está habiendo un importante aumento de militancia y autoridad del Frente Popular de Liberación de Palestina, la principal organización histórica de la izquierda. Y no sería de extrañar porque es totalmente comprensible que las nuevas capas de jóvenes que se integran en la lucha vean como un referente las enormes movilizaciones que en todo el mundo árabe y en general en el planeta ponen en cuestión el imperialismo y el capitalismo.
Manifestaciones en todo el mundo

El futuro del pueblo palestino, de su liberación nacional y social (y el futuro del pueblo judío israelí, sometido por una clase dominante especialmente parasitaria y militarista, y por prejuicios que esconden los intereses de ella), está más vinculado que nunca a la ruptura con el capitalismo y el imperialismo. Una convivencia pacífica entre los pueblos de toda la zona, compartiendo los recursos, sólo es posible con el derrocamiento de la burguesía sionista y de sus hermanos de clase árabe, que aceptan en la práctica el dominio sionista y tienen lazos irrompibles con los imperialistas. Y para derrocar el Estado sionista es imprescindible un programa revolucionario, de expropiación de las grandes empresas y la banca, que pueda ofrecer una mejora radical del nivel de vida de las masas de Israel, tanto judías como palestinas. La fuerte irrupción del movimiento de indignados hace pocos años refleja el potencial para unir en la lucha a los trabajadores y campesinos árabes y judíos contra su enemigo común.
Escrito por Ulises Benito.