10 de mayo de 2022

LA REPÚBLICA DE LOS TRABAJADORES. (Parte 2)

 


(Recomendable leer primero la Parte 1) de ayer.

Capítulos de hoy: 

4.- Gobierno Republicano-Socialista.

5.- La Iglesia.

      …/…“”Enfrentados a una potente clase obrera y jornalera, la burguesía contaba con firmes aliados en el clero y el ejército. En 1931, según datos obtenidos de una encuesta elaborada por el gobierno, existían 35.000 sacerdotes, 36.569 frailes y 8.396 monjas que habitaban en 2.919 conventos y 763 monasterios. En total, el número de personas que se englobaba en la calificación profesional de “culto y clero” dentro del censo general de población de 1930 era de 136.181. El mantenimiento de este auténtico ejército de sotanas consumía una parte muy importante de la plusvalía extraída a la clase obrera y al campesinado. La Iglesia era un auténtico poder económico: según datos del Ministerio de Justicia de 1931, la Iglesia poseía 11.921 fincas rurales, 7.828 urbanas y 4.192 censos.

En cuanto al Ejército, estaba formado por 198 generales, 16.926 jefes y oficiales, y 105.000 soldados de tropa. Los oficiales, seleccionados cuidadosamente de los medios burgueses y monárquicos jugaban un papel protagonista en los acontecimientos políticos desde el siglo XIX, y eran la espina dorsal del aparato del Estado burgués que los empleaba sistemáticamente en labores de represión del movimiento revolucionario y en las aventuras colonialistas en el norte de África.

Cuando el gobierno de conjunción republicano-socialista salido de las elecciones de junio de 1931 intentó poner en práctica sus promesas electorales, pronto se dio de bruces contra la realidad del capitalismo español. Su proyecto de reformas democráticas, manteniendo intacta la estructura social y económica del régimen burgués, fracasaron mayoritariamente. Finalmente se plegó a las exigencias de la clase dominante y se enfrentó duramente a su propia base social, reprimiendo con dureza las movilizaciones obreras y jornaleras en los años siguientes.

 

4.- Gobierno Republicano-Socialista.

      "Cuando el gobierno de conjunción republicano-socialista salido de las elecciones de junio de 1931 intentó poner en práctica sus promesas electorales, pronto se dio de bruces contra la realidad del capitalismo español"

Este fracaso general se puede sintetizar en los siguientes puntos:

1.- La depuración del ejército. El ministro de la Guerra, Manuel Azaña, aprobó toda una serie de disposiciones legales para el retiro de algunos mandos desafectos garantizando su paga de por vida; pero la mayoría de los militares de carrera, vinculados a la dictadura de Primo de Rivera y a la monarquía, y con un historial reaccionario acreditado, permanecieron en sus puestos. El gobierno no depuró el aparato militar y policial de estos elementos, al contrario, premió y promocionó a los viejos oficiales de la monarquía —como Francisco Franco— a las posiciones más altas del escalafón militar, mientras que marginaba a los militares leales a la república.

2.- Las relaciones Iglesia-Estado. La cuestión de la financiación estatal de las actividades de la Iglesia católica y los límites al monopolio clerical de la educación fueron una prueba de fuego para el gobierno. Haciendo honor a su extracción de clase, los reconocidos reaccionarios y republicanos de última hora, Alcalá Zamora —presidente de la República— y Miguel Maura —ministro de Gobernación—presentaron su dimisión en señal de protesta durante la redacción de la nueva constitución republicana que pretendía poner coto, muy tímidamente, al poder eclesiástico.

La enseñanza constituyó otro gran frente de batalla con la Iglesia. El mantenimiento del monopolio clerical de la educación había arrojado un saldo de atraso e ignorancia: en 1931 la tasa de analfabetismo del país superaba el 40%. En la primera semana de mayo de 1931, el gobierno de conjunción suprimió la obligatoriedad de la enseñanza de la religión. A finales de ese mismo mes, para luchar contra el analfabetismo, se puso en marcha el proyecto cultural de las misiones pedagógicas. Pero la estrella de las reformas fue el ambicioso decreto del 23 de junio de 1931, que aprobó la creación de 7.000 nuevas plazas de maestro y otras tantas nuevas escuelas, como parte de un plan quinquenal con el que se pretendía paliar el déficit educativo repartiendo más de 27.000 escuelas por toda la geografía. Sin embargo, todos estos proyectos quedaron muy cercenados. La construcción de las miles de escuelas prevista en el primer bienio sólo se llevó a cabo parcialmente debido a la escasez de recursos de las arcas municipales y al boicot de los caciques de siempre. Posteriormente, el gobierno derechista del bienio negro arrinconó definitivamente estos planes, permitiendo de nuevo a la jerarquía católica disfrutar de un amplio control sobre el sistema educativo y anulando cualquier medida reformista contra su poder económico. En cualquier caso, muchos de los avances educativos del periodo republicano fueron el resultado del esfuerzo abnegado de las organizaciones obreras y de sus militantes más comprometidos. Los ateneos libertarios, las casas del pueblo o las misiones pedagógicas se convirtieron en importantes centros de cultura en miles de localidades.

 

5.- LA IGLESIA:

      "La enseñanza constituyó otro gran frente de batalla con la Iglesia. El mantenimiento del monopolio clerical de la educación había arrojado un saldo de atraso e ignorancia"

3.- La reforma agraria. La Ley aprobada finalmente en 1932, después de proyectos a cada cual más descafeinado y constantes concesiones a los terratenientes y a los partidos de la derecha en el parlamento, establecía un Instituto de Reforma Agraria encargado de realizar el censo de tierras sujetas a expropiación mediante el pago de indemnización. Este sistema tenía por base la “declaración” hecha por los grandes propietarios agrarios, lo cual era una confesión del carácter extremadamente limitado de la reforma. El proyecto, además, obviaba el problema de los arrendamientos, que esclavizaba a los pequeños campesinos a las tierras del amo en Castilla la Vieja, Extremadura y otras zonas.

La reforma agraria del gobierno Azaña fue un fiasco en toda regla. “En 1933, ciento veinte años después de que las Cortes de Cádiz aprobasen las primeras leyes desamortizadoras —escribe Edward Malefakis— la aristocracia continuaba siendo una importante clase terrateniente. Sus propiedades que en su mayor parte eran cultivables (...) representaban más de medio millón de hectáreas en las seis provincias latifundistas estudiadas (Badajoz, Cáceres, Cádiz, Córdoba, Sevilla y Toledo) (...)

 La nobleza poseía de una sexta a una octava parte de toda la tierra incluida en el Registro de Badajoz, Córdoba y Sevilla. En Cádiz y Cáceres la nobleza debía controlar algo así como la cuarta parte de las tierras incluidas en el Registro”. Y continúa: “A finales de 1933, solamente había instalados 4.399 campesinos en 24.203 hectáreas. No había una sola provincia en la que se hubiese distribuido una extensión suficiente de tierras como para alterar significativamente la estructura social agraria existente. El Estado se había apropiado de 20.133 hectáreas más, propiedad de los participantes en el levantamiento de Sanjurjo, por la ley de 24 de agosto de 1932, pero en ellas se asentaron incluso menos colonos” (1).

4.- Los derechos democráticos. Las promesas de poner fin a todo el entramado de leyes reaccionarias heredadas del régimen monárquico, y garantizar de libertad de expresión, de reunión y de huelga habían sido fundamentales para ganar el apoyo de las masas del campo y la ciudad a la causa republicana. Pronto se vio que el gobierno republicano-socialista no estaba dispuesto a llevar en este terreno ninguna política audaz.

El derecho a huelga se siguió rigiendo por la ley de 1909 y tan sólo se modificó parcialmente con el decreto del 27 de noviembre de 1931, limitando seriamente el derecho a la huelga al establecer que los Jurados Mixtos, que sustituían a los comités paritarios creados por  la Dictadura, fueran encargados de intentar la conciliación antes de que se declarase una huelga. Fue un arma legal para reprimir a los sindicatos más combativos, especialmente a los encuadrados en la CNT, aunque también se utilizó contra las huelgas campesinas lideradas por los sectores cada vez más radicalizados de la FNTT (Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra de la UGT)…/…

(Continuará mañana con la parte 3)

Capitulos de la Parte 3)

6.- La respuesta del movimiento obrero y jornalero.

7.- Casas Viejas.

8.- La lucha contra la amenaza fascista.

9.- LA CEDA.

10.- De nuevo la colaboración de clases.

(*)Fuente: https://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/2-uncategorised/20-85-anos-del-14-de-abril-revolucion-social-y-segunda-republica

Nota: (1). Edward Malefakis, Reforma agraria y revolución campesina en la España del siglo XX, Ed. Ariel, Barcelona, 1976, pp. 92 y 325.

 

9 de mayo de 2022

LA REPÚBLICA DE LOS TRABAJADORES. (Parte 1)

 


El pasado mes de Abril se cumplió el 91 aniversario de la proclamación de la II República y hemos elaborado un extracto que publicaremos durante esta semana, que contiene cinco Partes de la Historia, basada en el Libro: Revolución Social y Segunda República, (*) que hemos resumido en cinco cortos textos que ponemos a disposición de nuestros lectores, con estos 3 primeros capítulos:

1.- La proclamación de la Segunda República y las tareas de la revolución democrático-burguesa.

2.- Proclamación de la República.

3.- Las ‘reformas’ del gobierno de conjunción republicano-socialista.

…/…”El 14 de abril de 1931,  la monarquía de Alfonso XIII era derribada tras meses de movimientos huelguísticos, manifestaciones de masas y agitación política a lo largo y ancho de todo el Estado español.

Con la proclamación de la Segunda República, el proceso revolucionario entraba en una fase trascendental que culminaría en el golpe militar del 18 de julio de 1936 y en la insurrección obrera que lo derrotó en las  principales ciudades.

En los tres años siguientes, la clase trabajadora y los campesinos sin tierra realizaron una auténtica epopeya: combatieron con las armas en la mano al fascismo y llevaron a cabo la revolución social, enfrentándose al sabotaje de las llamadas democracias  occidentales y a la traición del estalinismo. La derrota de los trabajadores y el triunfo de la dictadura franquista, los cientos de miles de fusilamientos, los campos de concentración y las cárceles, el miedo infinito, la represión generalizada… forma parte del patrimonio de nuestra lucha de clases, de las páginas más heroicas escritas por millones de hombres y mujeres anónimos que se levantaron contra la opresión y lo dieron todo por un futuro mejor.

Conocer, estudiar y asimilar las lecciones de aquel periodo revolucionario, es imprescindible si queremos enfrentarnos con éxito a la tarea que sigue pendiente y que es igual de necesaria que entonces: la transformación socialista de la sociedad.

 

1.- La proclamación de la Segunda República y las tareas de la revolución democrático-burguesa.

 

A finales el 1930, y tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, la monarquía de Alfonso XIII estaba corroída por la crisis económica, la contestación social de amplias capas de la pequeña burguesía, los estudiantes y el movimiento obrero. Carente de base social, los jefes monárquicos intentaron ganar tiempo convocando para el 12 de abril de 1931 elecciones municipales, con la esperanza de contener el movimiento y lograr el apoyo de los sectores republicanos al establecimiento de una monarquía constitucional. Pero ya era tarde. A pesar del fraude y la intervención de los caciques monárquicos en las zonas rurales, el triunfo de las candidaturas republicano-socialistas fue masivo en las grandes ciudades.

El júbilo de las masas se desató en las principales capitales y localidades del país, dónde la República fue proclamada en los ayuntamientos.

 

2.- Proclamación de la República.

"El triunfo de las candidaturas republicano-socialistas fue masivo en las grandes ciudades, donde la República fue proclamada en los ayuntamientos."

Con una correlación de fuerzas tan desfavorable, la burguesía —que había sostenido la monarquía alfonsina y su régimen represivo durante décadas— no pudo impedir la proclamación de la República y mucho menos utilizar al ejército para reprimir al movimiento. Los capitalistas consideraron la República un mal menor mientras trataban de ganar tiempo.

En aquellas jornadas históricas, los dirigentes socialistas y republicanos que se auparon a la dirección del movimiento manifestaron grandes vacilaciones y una enorme desconfianza hacia las masas revolucionarias. Cuando Alfonso XIII tomó el camino del exilio, el mayor afán del gobierno provisional —una coalición entre los republicanos burgueses y los dirigentes del PSOE— fue encarrilar los acontecimientos hacia el terreno del parlamentarismo y la concordia con la clase dominante. En concreto, los dirigentes socialistas estaban completamente persuadidos que su coalición con la burguesía republicana les permitiría llevar a cabo las transformaciones democráticas radicales que en Inglaterra o Francia se habían realizado con las revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII: crear las bases materiales de un capitalismo avanzado, aprobar la reforma agraria, lograr la separación entre la Iglesia y el Estado, el avance de la enseñanza pública, la modernización del Ejército, la creación de un cuerpo de leyes que velara por las libertades de reunión, expresión y organización, la resolución del problema nacional, especialmente en Catalunya…

Pero una estrategia semejante tenía contrapartidas: el proletariado revolucionario tenía que subordinarse a la burguesía republicana hasta que, en teoría, las organizaciones obreras fuesen lo suficientemente fuertes dentro de las instituciones políticas y económicas del nuevo  régimen. Sólo entonces se podría hablar de luchar por el socialismo. Este enfoque etapista defendido por los teóricos del reformismo socialdemócrata falseaba tanto las condiciones materiales del desarrollo capitalista, como la propia estructura de clases de la sociedad.

En el caso del Estado español, pero también en Rusia y en los países de desarrollo capitalista tardío, la burguesía unió muy pronto sus intereses a los de los viejos poderes establecidos. Nunca protagonizó una revolución como en Francia o Gran Bretaña. Por el contrario, recurrió constantemente a acuerdos con las viejas clases nobiliarias con las que compartía los beneficios de la propiedad terrateniente. La consolidación del régimen burgués no significó ningún cambio fundamental para el campesinado. La clase dominante española optó por conservar las bases de un capitalismo agrario extensivo, latifundista y expropiador de la masa campesina.

Los grandes industriales, muy vinculados a la gran propiedad agraria, utilizaron las ventajas políticas del régimen monárquico para obtener sus beneficios de los bajos salarios de la clase obrera, de extensas jornadas laborales y la  represión sistemática de los sindicatos, especialmente de los anarcosindicalistas. La industrialización era débil y desigual, vastos territorios muy atrasados con otros, como Cataluña y Vizcaya, que concentraban la parte del león de las industrias extractivas, siderúrgicas y textiles y, por supuesto, los batallones pesados del proletariado. Esta configuración del capitalismo nacional también añadió una fuerte dependencia del capital exterior, especialmente del inglés y francés, que monopolizaron sectores enteros, como la minería del cobre, plomo, hierro...

En definitiva, la aristocracia empresarial y los grandes propietarios agrarios, muchos de ellos nobles aburguesados, se fundían con los grandes banqueros, para conformar el bloque dominante de poder, las famosas cien familias que controlaban la vida económica y política del país.

La historia del capitalismo español pronto puso de relieve el carácter profundamente contrarrevolucionario de la burguesía nacional y su completa renuncia a liderar consecuentemente la lucha por las demandas democráticas. Como demostró la experiencia del octubre ruso de 1917 y la oleada revolucionaria que sacudió Europa tras las Primera Guerra Mundial, sólo la clase obrera aliada del campesinado pobre podría llevar a cabo la solución de las tareas democráticas y la eliminación de este bloque de poder que impedía el avance social. Y esta solución implicaba la lucha por el derrocamiento revolucionario de la burguesía acabando con su monopolio del poder político y económico.

 

3.- Las ‘reformas’ del gobierno de conjunción republicano-socialista.

El atraso del capitalismo español se manifestaba en la posición predominante de la agricultura en la economía nacional: aportaba el 50% de la renta y constituía dos tercios de las exportaciones. Aproximadamente el 60% de la población se concentraba en el medio rural, malviviendo en condiciones de extrema explotación, salarios miserables y sufriendo penurias periódicas entre cosecha y cosecha. Dos tercios de la tierra cultivable estaban en manos de grandes y medianos propietarios. En la mitad sur, el 75% de la población tenía el 4,7% de la tierra mientras el 2% poseía el 70%.

La clase trabajadora, que superaba los tres millones en todo el país, había dado muestras sobradas de sus tradiciones combativas y de la potencia de sus organizaciones. No en vano, los campesinos y trabajadores habían protagonizado tres años de lucha revolucionaria durante el llamado trienio bolchevique (1918-1920), habían derrocado a la monarquía, y se agrupaban en grandes sindicatos de masas, la UGT y la CNT, que pronto sufrieron la radicalización de su militancia de base.

(Continuará mañana con la Parte 2)

Capítulos:  

4.- Gobierno Republicano-Socialista.

5.- La Iglesia.

(*)Fuente: https://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/2-uncategorised/20-85-anos-del-14-de-abril-revolucion-social-y-segunda-republica

5 de mayo de 2022

HABLEMOS DE LA INFLACIÓN Y OTRAS DISTORSIONES.


Queremos profundizar una vez más sobre la inflación que ataca a la economía de los más pobres y que,  en lo que va de año,  “ha oscilado como sigue: Enero 6,1 %, Febrero, 7,6 %, Marzo, 9,8%, Abril 8,4 %” (*) afectando más negativamente a los sectores menos favorecidos y los pobres, pero muy lucrativamente para las multinacionales, los banqueros y el gran capital.

       Ese problema fundamental para la ciudadanía debería ser resuelto por los expertos, por los asesores, por los Gobiernos de turno, pero hasta ahora, nunca se ha acometido con una verdadera justicia distributiva.

   Es realmente extraordinario a lo que estamos siendo sometidos los trabajadores y los pobres bajo este injusto modelo económico capitalista.

Hablemos claro e intentemos entender qué  es lo que pasa cuando entramos en un proceso de inflación galopante como el que padecemos ahora.

Puede parecer algo sencillo y se pasa por alto con demasiada rapidez en la mayoría de los medios de comunicación burgueses en manos de los capitalistas.

Los precios los fijan en la economía, una pequeña minoría de personas, no los trabajadores, sino los empresarios, pues los consumidores no tienen posibilidad de fijar los precios de los productos, bienes y servicios    que consumimos. 

La clase trabajadora se encuentra excluida de esa posibilidad y de los privilegios exclusivos que tienen los empresarios, pues nos hacen pagar dándonos algunos argumentos falsos: Nos dicen que lo están haciendo porque todo lo que compramos ha subido de precios, pero eso es una falacia.

En otras palabras, los empresarios están diciendo que tienen que hacerlo porque otros empresarios también lo están haciendo, con lo cual, evaden el problema como si ellos no tuvieran ninguna responsabilidad.

Toda la clase empresarial juntos se excusan diciendo que es la clase trabajadora la que está exigiendo subidas salariales, intentando descargar la responsabilidad sobre las espaldas de los trabajadores y los sectores más pobres, entrando en un círculo vicioso, como aquello de,  “qué es lo primero, el huevo o la gallina”.

Esta excusa se derrumba con facilidad. Mientras los precios crecen entre un 6,7 a 10%, los salarios de millones de trabajadores permanecen intactos, o bien, en aquellos sectores con fuerte afiliación y actividad sindical, las subidas son de, como máximo, un pírrico 2,5%.

Pero sigamos analizando la economía a ver si podemos entender algo mejor la cuestión.  Supongamos que los trabajadores recibieran más dinero para poder consumir,  incrementando la Demanda Global más de lo que lo tienen en esta situación actual.

Supongamos que no se hubiese gastado dinero durante estos dos años de pandemia y hubiese un ahorro listo para poder gastar ahora.

Supongamos que se están pidiendo ahora más préstamos, pero los bancos no lo dan, porque dicen que hay 90.000 millones de euros de Hipotecas que quizás no se podrán pagar.

Existen lecciones de economía que nunca debemos olvidar en estos análisis: Cada persona, sea hombre o mujer que se dedique a los negocios, el empresario que tiene una fábrica, el que tiene una tienda, el que trabaja en una oficina, etc., tienen que tomar decisiones, pero no encuentra una clara salida.

Cuando los trabajadores, que son mayoritariamente los consumidores, pueden responder a la oferta de lo que se produce, hasta el límite de su Capacidad de Compra, porque la inflación se come los salarios.

Cuando la demanda global disminuye, a medio plazo, deberá disminuir también la oferta global para estabilizar el mercado, pero eso casi siempre se efectúa mediante las crisis cíclicas, sean de onda corta, media o larga.

 En realidad es una pequeña minoría de los empresarios los que tienen la libertad de elegir y actuar como prefieran, por lo cual, unas empresas aumentarán sus precios, otras aumentarán su producción, con nuevas tecnologías, para producir a menor coste y vender a precios más competitivos, para atraer a más gente a comprar.

Ciertos economistas, partiendo de un modelo idealista, intentan convencer a los grandes empresarios para que, ante el incremento de la demanda, produzcan más. Esto significaría más puestos de trabajo. Sin embargo, se mantendría la saturación del mercado por la sobreproducción, acentuando la crisis capitalista, causante en último término de las tensiones imperialistas y fomentando la guerra. Los bloques de la UE/EEUU y Rusia/China pugnan por los mercados y territorios para reactivar sus economías nacionales, llegando al extremo de la amenaza nuclear.

Podemos comparar con la otra opción que tienen los grandes Empresarios de no pedir más producción adicional para atender a la demanda global, pero si la demanda disminuye por la inflación y la guerra, suben los precios para ganar más, pero que incluso vendiendo menos, tienen mejores resultados por la subida de precios que produce la inflación.

Esas alteraciones del Empresariado las sufre el pueblo trabajador y si tenemos menos trabajo, con salarios estancados,  esa inflación que nos perjudica, está provocada por una decisión que han tomado una pequeña minoría de Grandes Empresarios, que no rinden cuenta a nadie, ni son demócratas, ni son elegidos por el pueblo democráticamente y que, además no se sienten responsables ante la clase trabajadora, ni ante la sociedad, ni ante el Gobierno,  ni ante nadie.


La patronal hace lo que le viene en gana para sus propios intereses de clase, siguiendo la lógica del capitalismo, de ganar dinero con el menor coste posible, actuando de manera que beneficia a las grandes multinacionales y perjudican a las PYMES, los autónomos, a la clase trabajadora y a los pobres.

Es decir,  que para el trabajador y los sectores más pobres, este sistema capitalista debemos entender que cuando vayamos a votar es como elegir ser un esclavo, si apostamos por partidos que defiendan a los capitalistas y empresarios, por mucha campaña mentirosa con las que nos quieran convencer.

Es una elección que libremente tenemos que tomar, ya que vivimos en un modelo capitalista explotador y corrupto, que nos quieren hacer creer que es el único y mejor, pero sólo lo es para los ricos, pero no para los pobres, pues en ese llamado “libre mercado”, dominado por la Banca, siempre ganan los banqueros y los grandes capitalistas.

La crisis sistémica y la recesión que padecemos no es solo un fenómeno económico, sino que es una crisis política, social e incluso cultural. La humanidad está al borde del abismo, por la recesión del sistema capitalista, su corrupción, especulación, explotación y la opresión de los seres humanos y de unos Estados contra otros.

Los seres humanos no escogen las condiciones de vida en las que nacen, le vienen dadas. La lucha por un mundo mejor es, por consiguiente, una tarea legítima que todos debemos realizar. El paro forzoso es el peor crimen contra la humanidad, que el capitalismo causa a la clase trabajadora junto con las guerras.

Combinando los recursos económicos mediante el Socialismo Científico y bajo la forma una Democracia Participativa  y Ética,  el género humano podría alcanzar un estado superior de desarrollo humano, pero hay que cambiar la lógica del capitalismo, que es la obtención del lucro privado, por un nuevo modelo de  producir socialmente para satisfacer las necesidades humanas.

Con el socialismo democrático y en libertad sería posible para la mayoría de la sociedad, escapar de la humillante lucha por la supervivencia, el paro, la miseria y la ignorancia:  "El Socialismo genuino será como el paso de la humanidad del reino de la NECESIDAD al reino de la auténtica LIBERTAD", como explicaba Federico Engels.

COMISIÓN PERMANENTE.

IZQUIERDA SOCIALISTA MÁLAGA.

PSOE DE ANDALUCIA.

Ispsoeandalucia.malaga@gmail.com    

(*) Fuente:

https://datosmacro.expansion.com/ipc-paises/espana?sc=IPC-IG

 

 

 

 

 

 

2 de mayo de 2022

EL IMPERIO USA SE AGRIETA TAMBIÉN EN CASA.

 


 Joe Biden no habla de otra cosa. La ­guerra en Ucrania lo copa todo. Es la mejor con­firmación de que es él mismo y no Zelenski quien dirige esta operación.

La inflación desbocada y la crisis social cada vez más descarnada que atraviesa los Estados Unidos han pasado a un segundo plano.

El imperialismo norteamericano se juega mucho en esta guerra. Ni más ni menos que su posición como gendarme mundial, y no puede permitirse una derrota ante el bloque de Rusia y China.

Pero, propaganda aparte, las muestras de firmeza del presidente estadounidense no se corresponden con el descrédito y la debilidad que sus políticas le están granjeando dentro de sus fronteras.

 

EEUU no puede proyectar fortaleza en el exterior  si es débil en casa”.

El debate sobre el estado de la Unión, celebrado pocos días después del comienzo de la guerra, fue una arenga bélica de Biden:

 “Creyó que Occidente y la OTAN no responderían. Creyó que nos podría dividir aquí, en casa. Putin se equivocó. (…) Vamos a por vosotros”. La gobernadora republicana encargada de darle la réplica le echó en cara el derrumbe de la superpotencia: “la desastrosa retirada de Afganistán (…) animó a los enemigos (…) EEUU no puede proyectar fortaleza en el exterior si es débil en casa (…) Un gobierno débil no puede dirigir una potencia fuerte”.

Ninguna puesta en escena puede esconder la estela de fracasos en su política exterior, el declive económico de EEUU y el potencial explosivo, que se vio en las históricas movilizaciones por el asesinato de George Floyd. Demócratas y republicanos son conscientes de que los días dorados del imperio son cosa del pasado.

El nivel de aprobación de Biden ha caído del 61% en marzo de 2021 al 40% un año después, según la encuesta IPSOS para Reuters. Las razones no las puede tapar la propaganda de ­guerra, menos aún revertirlas.

Desde el estallido de la pandemia, que ha acabado con un millón de vidas y mil personas siguen muriendo a diario, la clase trabajadora no ha ­dejado de ser golpeada.

Ahora se enfrenta a una inflación sin precedentes en casi cuarenta años, alcanzado la cifra oficial del 8,5% en marzo; la gasolina aumentó un 38% en un año, la energía en su conjunto un 32% y los alimentos un 8,8%, los alquileres están disparados. La desigualdad social y el empobrecimiento general, ya espeluznante, se agudizarán aún más.


El nivel de aprobación de Biden ha caído del 61% en marzo de 2021 al 40% un año después, según la encuesta IPSOS para Reuters. Las razones no las puede tapar la propaganda de ­guerra, menos aún revertirlas.

 

Donde dije programas sociales digo presupuestos militares récord.

Es significativo que pese a la apabullante propaganda belicista, Biden no logra arrancar el apoyo que en otras intervenciones imperialistas sí se logró. ¿Qué tiene que ver la respuesta social actual con la que consiguió la clase dominante al lanzar la ofensiva en Afganistán?

 Hoy apenas el 26% de los estadounidenses cree que el país debe tener un papel protagonista en el conflicto ucraniano.

Y es que el descrédito creciente está alimentado por hechos incontestables. ¿Dónde quedó el Biden que decía que iba a defender los derechos sociales y “reconstruir mejor” el país? ¿Qué pasó con el “nuevo Roosevelt” que recibía aplausos y alabanzas de la izquierda reformista internacional e iba a conjurar la amenaza trumpista? Ni siquiera ha sido capaz de aprobar las mínimas medidas sociales prometidas, porque ¡el propio Partido Demócrata! votó en contra.

Eso sí, ahora están de acuerdo en una inversión extraordinaria en el presupuesto militar para financiar la guerra, y también para fortalecer al aparato represivo interior. El presupuesto de defensa aumentará 31.000 millones, alcanzando el récord de 813.000 millones. En palabras del presidente: “una de las mayores inversiones en seguridad nacional de nuestra historia, (...) para garantizar que el ejército siga siendo el mejor preparado, entrenado y equipado del mundo”.

Lo que también trasluce todo esto es el temor a lo que pueda ocurrir “dentro de casa”. Biden, que hablaba de poner fin a la violencia y el racismo policial, a las persecuciones de los migrantes en la frontera..., propone ahora: más de 32.000 millones de dólares para combatir la “delincuencia”, 15.300 millones adicionales para Aduanas y Protección Fronteriza, 8.100 para el “muro” de Trump, 309 para tecnología de seguridad fronteriza...

Es difícil encontrar diferencias entre esta política y la de Trump. Biden le está superando en militarismo, en la guerra comercial, en nacionalismo económico y en chovinismo reaccionario. Lo mismo ocurre con sus políticas a favor de los ricos, que se han hecho de oro con la pandemia y ahora con la guerra. Una guerra de esta magnitud y de esta importancia estratégica para la burguesía norteamericana solo puede hacerse a costa del sudor y la sangre de nuestra clase.

 

La juventud obrera  entra en acción.

Un informe de Americans for Tax ­Fairness proporciona datos que ayudan a ­entender la inquietud de la burguesía ante un ­nuevo estallido social. Desde la pandemia, los diez mayores multimillonarios del país han sumado cada día mil millones de dóla­res en conjunto a sus fortunas: 1.260 dólares al segundo cada uno. Según el estudio, “cada uno de ellos ha ganado en un minuto la media de lo que gana un hogar norteamericano en un año completo”.

La creación del primer sindicato en Amazon, en Statten Island (Nueva York), ha sido protagonizada por estos jóvenes que han retorcido el brazo al poderosísimo Jeff Bezos.

En el terreno político, las masas se encuentran desamparadas por una izquierda que ha decidido colaborar con el enemigo, es el caso de Ocasio-Cortez, Sanders o los dirigentes de la AFL-CIO, entregados a los planes del presidente. Pero también vemos a la juventud obrera, la llamada “Generación U” (de union, sindicato), que está logrando verdaderos hitos.

Con todo en contra, a través de la auto­organización desde abajo, están conquistando importantes victorias en los empleos más precarios. La creación del primer sindicato en Amazon, en Statten Island (Nueva York), ha sido protagonizada por estos jóvenes que han retorcido el brazo al poderosísimo Jeff Bezos[1]. Es la misma generación que ha logrado diez victorias de once batallas por la creación de un sindicato en Starbucks. Ni las intimidaciones ni los despidos, tampoco las campañas antisindicales han logrado pararles los pies.

Todavía son minoría, pero el alcance de sus victorias y su repercusión social son un síntoma de que su ejemplo va a cundir. Como ocurrió en 2018 con los profesores de West Virginia. Son los jóvenes que se enfrentaron con la policía y desafiaron el estado de alarma tras el asesinato de Floyd los que han visto que su vida no valía nada para sus jefes durante la pandemia. La juventud obrera encabezará batallas decisivas.

Es muy posible que las elecciones de medio mandato en noviembre acerquen a Trump a la Casa Blanca. Las políticas de los demócratas le ayudan en su objetivo. Pero la lucha de clases no cesa. Esta joven generación ha mostrado su determinación y todo lo aprendido en estos años. La tarea es levantar una alternativa revolucionaria que no pacte ni se arrugue ante las maniobras y los intereses de los ricos, una organización de combate que defienda un programa auténticamente socialista.

Escrito por Ana García.

C.E.I.R.I.