9 de noviembre de 2020

Antonio García Santesmases: “De una crisis de partido a una crisis de Estado”.

 


¿Qué vivíamos en aquellos años noventa – cuando se creó la Fundación Hugo Zarate – y qué vivimos hoy? Hay compañeros y amigos que recuerdan aquellos años como una época de esplendor, de lucidez y de cordura y piensan los años recientes como una época de oscuridad, de incertidumbre y de desvarío. ¿No se legitiman así mismos al resaltar las luces de aquellos años y cargar sobre las sombras del tiempo presente? Algo de eso hay.  Intentaré evitar ese tratamiento del pasado pero lo tendré muy en cuenta para interpretar un presente lleno de dudas e incertidumbres.

En aquellos años noventa asistimos a una crisis muy seria del partido y del proyecto socialista. El final de los años del gobierno estuvo lleno de rabia y de furia, de desolación y de culpa, porque eran muchas las  acusaciones que sufrimos  los socialistas: afectaban a la financiación del partido(Filesa); a la corrupción de altos cargos (Roldan); a la política desarrollada en el ministerio del Interior (Gal)  y en los servicios secretos del Estado (Cesid).

Los que militábamos en Izquierda Socialista veíamos con estupor e indignación todos aquellos escándalos. Intentábamos corregir el rumbo pero no fue posible. Fuimos a las elecciones de 1.996 y sufrimos una derrota electoral que no nos sorprendió. Se iniciaba el final del proyecto de Suresnes. 

En junio del  97 se produjo  el final de la época de Felipe González como secretario general. Un mundo terminaba y una nueva época comenzaba. Fueron momentos muy dolorosos por la catarata de acusaciones contra los dirigentes socialistas, pero también llenos de esperanza cuando se produjeron las primarias que posibilitaron la victoria de Borrell, de Morán y de Ana Noguera en 1.998.

Todo aquel mundo de desolación y de esperanza  lo viví en primera fila como miembro del comité federal del Psoe desde 1.984 a 1.997 (años en los que compartí la portavocía de la corriente de Izquierda Socialista  con Vicen Garcés y con Manolo de la Rocha) y como diputado del 96 al 2.000.

Fueron años duros para los socialistas pero, por evocar un término que se ha utilizado recientemente para interpretar lo ocurrido en los últimos tiempos, se trataba de diferenciar entre la persona y la institución; en este caso entre el líder que terminaba su periplo y  el  partido que reanudaba su marcha.

Esta experiencia que nos marcó como generación – y que marcó a tantos militantes socialistas y al conjunto de la izquierda- cambió radicalmente con la llegada de una nueva generación. La llegada de la generación de Zapatero marcó un antes y un después.

Con la llegada de Zapatero se abre un mundo que dura hasta mayo del 2010 cuando se produce el giro en la política económica y se inicia el  final abrupto  de aquel período. Recordemos los momentos fundamentales para hacer memoria. A Zapatero no se le podía responsabilizar de lo ocurrido en la época de los gobiernos de González; no había sido miembro del gobierno ni formaba parte de la ejecutiva del Partido. No había sido alcalde de una gran ciudad ni presidente de una Comunidad Autónoma. Llegaba sin pasado, sin una carga oprimente que no le permitiera volar. Podía volar libremente y el hecho es que, en seguida, comenzó a intentar suturar las heridas del período anterior. Pensemos en el apoyo a las manifestaciones contra la guerra de Irak, a la huelga convocada por los sindicatos y a las manifestaciones por la catástrofe ecológica provocada por el Prestige en Galicia.

Los militantes y votantes socialistas que se habían ido distanciando del Psoe en  el referéndum sobre la Otan o en  la huelga de los sindicatos  podían pisar con ilusión y aplomo, con vigor y con alegría -como en la canción – las calles  nuevamente. Ya no se les reprochaba los crímenes del gal o la traición a la promesa de sacar a España de la Otan. Zapatero y Méndez se habían conjurado para no repetir el conflicto protagonizado por la generación anterior. Todo un mundo distinto emergía.

Un mundo en el que, sin embargo, la derecha tenía mayoría absoluta y había incrementado sus apoyos con la polarización que provocaba el pacto de Lizarra y el final de la tregua de Eta.  Un mundo en el que seguía pesando como una losa la memoria de las víctimas del terrorismo. Los nombres de Tomás y Valiente, de Fernando Múgica, de Jose Luis López de la Calle, de Fernando Buesa, de Ernest Lluc, de Juan Mari Jauregui, de Jose Ramón Recalde nos conmocionaban a todos. La angustia que provocaba Eta provocaba un continuo proceso de desconcierto de la opinión pública y una interrogante acerca de cuándo acabaría todo aquello. No olvidemos que fueron muchos los momentos en que pensábamos que estábamos ante una pesadilla que no tendría final.

No cabe duda que esos momentos de angustia y de dolor estaban unidos a momentos de esperanza. Con la llegada de Zapatero se inicia el proceso doloroso, difícil, lleno de incertidumbres, de conseguir el final de Eta. Todos los que hemos seguido los procesos de final de experiencias terroristas, los que hemos visto películas y leído ensayos sobre la complejidad de estos procesos, sabemos el papel del sigilo, del secreto, de la penumbra, que rodea las negociaciones para acabar con la violencia terrorista. Sabemos también que las heridas tratan mucho en cicatrizar. De ahí la relevancia de películas como la de PATRIA que recrea la novela de Aramburu. Hacerse cargo de aquellos años parece empresa  imposible pero la memoria está ahí. Y no sólo la memoria. Algo todavía más importante: Eta conmocionaba a la opinión pública; nos hacía vivir en la preocupación permanente; provocaba que emergiera la peor cara del Estado, pero no provocaba una crisis de Estado. Una crisis como la que hoy vivimos.

Eta provocó mayorías absolutas del Partido Popular en el año 2.000 y una gran polarización de la sociedad vasca a partir de la movilización de sectores ciudadanos que gritaban Basta Ya; todo esto fue muy importante pero no provocó una crisis de Estado. Para llegar a vivir lo que estamos viviendo se produjeron tres fenómenos que paso a analizar: una crisis de representación política que se visualizó con la aparición del movimiento del 15 de mayo del 2.011; un proceso de ruptura entre el nacionalismo catalán y el Estado español en el que todavía  estamos inmersos y una crisis en la jefatura del Estado que afecta a la legitimidad y al futuro de la monarquía en España. Son estos tres elementos los que permiten hablar de crisis de Estado.

La época de Zapatero se interrumpió abruptamente con la crisis económica del 2.007. Hemos dicho anteriormente que Zapatero como Presidente del gobierno y Cándido Méndez como secretario de la UGT no querían repetir los conflictos que habían vivido sus predecesores. No querían huelgas generales que rompieran el acuerdo entre gobierno y sindicatos. No olvidemos que Zapatero acudía todos los años al encuentro que el sindicato minero organizaba en Rodiezmo. No olvidemos que tuvo el apoyo de los sindicatos en las elecciones del 2.008 y logró recabar el apoyo de muchos votantes de Izquierda Unida, del Bloque Nacional Galego y de Esquerra Republicana para impedir la vuelta al gobierno del Partido Popular.

Y, sin embargo, tres años después, habiendo conseguido el final de Eta se produce la mayoría absoluta del Partido Popular. Zapatero ya no se presenta y Rubalcaba tiene el peor resultado electoral hasta ese momento. No pasando de los 110 diputados. ¿Qué había ocurrido?

Me parece que lo esencial fue la aparición de una nueva generación que ya no se siente vinculada a los instrumentos de lucha y de reivindicación de las generaciones anteriores. Para los miembros de la generación de Hugo Zárate, para muchos militantes socialistas y comunistas, la vinculación a UGT o a CCOO era algo esencial para su vida política. En unos casos porque militaban activamente en las organizaciones sindicales y en otros porque convivían con los sindicatos en su tarea político-partidaria o en la gestión municipal o autonómica. Para la nueva generación que llegaba a la vida laboral los sindicatos ya no estaban, ya no aparecían en su vida cotidiana. No recordaban la épica del movimiento obrero ni se sentían concernidos por la negociación colectiva. Los estragos del precariado habían provocado una desafección con el mundo político-institucional y con el mundo sindical. El grito era que no encontraban representación en las opciones políticas disponibles. Había que imaginar una nueva forma de hacer política.

Esto es lo que logra la nueva generación. Este es el mérito de la generación del 15M que logra dar voz a los que se sienten excluidos, sin representación, sin relevancia; dar voz a los que piensan que el futuro que les aguarda será peor que el pasado. El ascensor social se ha detenido.

Si nosotros pensamos en esa perspectiva y si miramos lo ocurrido en los últimos años tendríamos que estar llenos de alegría y de esperanza. Los que siempre defendimos un acuerdo con los sindicatos y un entendimiento entre las fuerzas de izquierda deberíamos mirar con alborozo la posibilidad de entendimiento intergeneracional entre la izquierda de la transición y la nueva generación que ha emergido. Entre el Psoe y la coalición entre Podemos e Izquierda Unida.

Deberíamos mirar con alegría este acuerdo, esta coalición, este entendimiento porque es lo que hemos defendido durante años. Y deberíamos mirarlo con esperanza porque es un acuerdo imprescindible para revertir las políticas neoliberales y para afrontar los retos que provoca el coronavirus. Esperanza que deberíamos fundamentar en el giro en las políticas europeas, dado el cambio de perspectiva.

Deberíamos y, sin embargo, hay algo que nos lo impide porque, a pesar de querer mantener el aliento, somos conscientes del enorme reto que significa afrontar esta crisis desde un gobierno de coalición que tiene una mayoría precaria y tiene que negociar con partidos políticos que tienen otra perspectiva, otro horizonte, otra agenda política. Es enormemente difícil revertir las políticas neoliberales, afrontar la pandemia y sobrellevar una crisis de Estado.

En otros países cercanos viven una crisis que afecta al impacto del neoliberalismo y de la globalización descontrolada, viven como nosotros los efectos del cambio climático pero no tienen una crisis de Estado en el nivel de intensidad que tenemos nosotros. No viven una crisis que afecta a la unidad de la propia nación y a la forma de Estado. Pueden vivir con más intensidad que nosotros la presencia de minorías islamistas en sus ciudades y la fragilidad de la república y de la laicidad; pueden sentir que no saben cómo preservar  las instituciones democráticas y afrontar el reto de la multiculturalidad; pueden sufrir los vientos de una derecha extrema que pone en cuestión los valores del consenso de posguerra; todo ello es cierto y es muy preocupante;  pero no tienen una crisis existencial que afecte al porvenir del propio Estado. En Francia, en Alemania, en Italia existe una crisis de representación política y un avance de la ultraderecha. Está puesta en cuestión la soberanía y la identidad europea pero no viven una crisis de Estado como nosotros.

Y aquí es donde se produce el gran cambio de perspectiva en relación al momento en el que apareció la Fundación Hugo Zarate.  Hay una nueva dimensión que hay que encarar. A partir de la sentencia del tribunal constitucional en el año 2.010 se producen dos hechos muy relevantes, dos hechos que conviven en las mismas horas. La gran manifestación de rechazo a la sentencia con la presencia de miles y miles de personas en la calle y la presencia de miles y miles de personas en las calles horas después para celebrar el triunfo de España en el campeonato mundial de futbol.

En el segundo caso asistimos a ese momento de entusiasmo por haber conseguido llegar a la cima a pesar de que parecía imposible. Una selección nacional que alcanzaba la gloria cuando parecía un sueño inalcanzable. En el primer caso presenciamos una movilización muy importante de una parte de la sociedad catalana que reclama su identidad como nación y su derecho a decidir. Si pensamos lo ocurrido desde entonces podemos reconstruir las piezas del drama. Queda lejos la epopeya del futbol y se incrementa la incertidumbre: abdicación del anterior jefe del Estado en junio del 2.014; confesión de Jordi Pujol en julio; consulta  en Cataluña en noviembre del 2.014; llegada de las nuevas generaciones a ayuntamientos y comunidades autónomas en mayo del 2.015; elecciones en Cataluña en septiembre del 2.015; marcha de Artur Mas y llegada de Carles Puigdemont en enero del 2.016; elecciones en España en diciembre del 2.015 y en junio del 2.016; dimisión de Pedro Sánchez como secretario general del Psoe el uno de octubre del 2.016; triunfo de Sánchez en las primarias en mayo del 2.017; atentado terrorista en las Ramblas en agosto del 2.017; referéndum ilegal el uno de octubre del 2.017 en Cataluña; proclamación de la república independiente de Cataluña el 27 de octubre del 2.017; aplicación del artículo 155 y supresión de la autonomía de Cataluña; elecciones en Cataluña el 21 de diciembre del 2.017; investidura de Torra en mayo del 2.018; moción de censura a Rajoy en junio del 2.018; triunfo de las tres derechas en Andalucía en diciembre del 2.018; manifestación en Colón en febrero del 2.019; elecciones el  28 de abril del 2.019; elecciones municipales en mayo del 2019; repetición de las elecciones generales en noviembre del 2019; formación de gobierno de coalición con el apoyo de los partidos independentistas; triunfo del Pnv y del PP en las elecciones vasca y gallega; marcha de España del anterior rey el 3 de agosto del 2.020; inhabilitación de Torra; posibles elecciones catalanas el 14 de febrero del 2.021.

En medio de todo esto políticos catalanes condenados por los tribunales; políticos catalanes en el exilio; revelaciones escandalosas sobre la fortuna económica acumulada por el rey Juan Carlos.

Aunque los informativos – como no puede ser de otra manera dada la magnitud del problema- nos llenan de noticias acerca del coronavirus, de las vacunas y  de los efectos en el mundo económico y sanitario… no pueden dejar de referirse a la doble crisis. A la que afecta a la forma de Estado y a la que afecta a la unidad de la nación. ¿Una crisis que la institución puede superar a pesar de la persona?, ¿Una unidad que puede mantenerse a pesar del desafío?

Digamos algo sobre estas dos cuestiones para terminar. Se dibujan tres posiciones: el republicanismo catalán piensa que la historia juega a su favor y que hay que seguir acumulando fuerzas hasta alcanzar una mayoría imbatible que haga inexorable acceder a la independencia; el nacionalismo español conservador ha encontrado su gran factor de cohesión interna  en  la lucha contra el secesionismo y el independentismo; en medio están las izquierdas  formando, por primera vez, un gobierno de coalición. Una vez más las izquierdas  están en medio entre  dos nacionalismos que se refuerzan. Este es el horizonte lleno de incertidumbres que nos espera y sobre el que hay que operar.

Para los independentistas cuanto más se deteriora la imagen y el prestigio de la monarquía más motivos para proclamar que la única salida es romper con España y crear un Estado propio. Para los conservadores es la corona la garantía de la unidad. Los errores del rey emérito no afectan a la perduración de la institución.

Para las izquierdas las vacilaciones y las  dudas se incrementan. Los políticos de la generación de Suresnes tratan de apuntalar la constitución del 78 y llegar a acuerdos con los liberales y con los conservadores. De ahí los manifiestos a favor de la monarquía. Para ellos lo ideal hubiera sido un gobierno con ciudadanos que articulara 180 diputados. Un gobierno europeísta y constitucional, monárquico y favorable a la unidad. Ese era el proyecto de las élites pero, incomprensiblemente, Rivera les falló. Intentó superar al PP y se encontró con un resultado catastrófico que le hizo abandonar la vida política.

Fue este empecinamiento de Rivera el que impidió el acuerdo soñado y el que posibilitó un gobierno de coalición de las izquierdas. Un gobierno con una base social frágil.  Si una parte del Psoe deseaba  el acuerdo con Rivera; una parte del electorado de Podemos miraba con extraordinaria prevención incorporarse a un gobierno hegemonizado por el Psoe. No dejaban de tener razón en su preocupación.  Una parte de su electorado ha penalizado esa política con los resultados en las elecciones vasca y gallega. La base electoral de Podemos compite con los nacionalismos de izquierda. De ahí que si quieres mantener la unidad nacional siempre será mejor con Podemos que con los nacionalismos de izquierda. Esta  tesis es combatida por los nacionalistas españoles y por los socialistas liberales pero creo que los hechos demuestran que sin Podemos la unidad de la nación será mucho más difícil.

De cualquier forma  la incertidumbre se va a despejar en las próximas semanas. Si el gobierno logra aprobar los presupuestos, si logra hacerse cargo de los efectos de la pandemia, si consigue mostrar que en esta ocasión sí ha habido un escudo social, puede mantener sus apoyos e incluso incrementarlos. Pero para eso necesita algo muy importante, algo que es decisivo y es  que los independentistas catalanes asuman  que la gobernabilidad de España no les importa un comino. No es sencillo tampoco para ellos porque ante unas próximas elecciones catalanas son muchos los que les acusan de posibilistas, de pragmáticos, de traidores, de preocuparse por una nación que no es la suya.

Por ello pienso, y con ello termino, que para que el horizonte republicano del que habla Iglesias llegue a hacerse realidad es imprescindible despejar un problema previo, o si se quiere, paralelo: cuando hablamos de república, a qué nación nos estamos refiriendo; ¿Se trata de la  república de un nuevo Estado europeo  o de la  república federal/ plurinacional del Estado español?, ¿tiene España futuro? 

Mientras esta interrogante no se despeje, la monarquía española tiene un buen argumento para legitimarse y el nacionalismo español un buen motivo para reforzarse.

Una vez más las izquierdas seguimos luchando por la fraternidad frente a los dos nacionalismos hegemónicos. ¿Conseguiremos nuestro propósito o asistiremos a un debilitamiento paulatino de nuestros apoyos? Esta es la interrogante que la Fundación Hugo Zarate tendrá que seguir analizando en los próximos veinticinco años. Feliz aniversario.

Antonio García.

 

Fuente: 5 noviembre, 2020 / por   Antonio García Santesmases /Hugo Zárate.

https://www.fundacionhugozarate.com/antonio-garcia-santesmases-de-una-crisis-de-partido-a-una-crisis-de-estado/

 

 

6 de noviembre de 2020

FRENAR EL CAMBIO CLIMÁTICO REQUIERE PLANES DE ENERGÍAS ALTERNATIVAS LIMPIAS.

 


Tres son los principales problemas a los que se ve forzada a enfrentarse la Humanidad:   a) Los problemas sociales y económicos. b) Los conflictos territoriales de los nacionalismos. c) La problemática medioambiental y contaminante que produce el  Cambio Climático.

 

Los cuatro grandes bloques imperialistas se disputan la hegemonía mundial y los mercados, cuyo modelo de Libre Comercio ha colapsado, entre la recesión y la Pandemia. Esos cuatro bloques son EEUU, China, Rusia y la Unión Europea, que juntos con sus zonas de influencias, acaparan el dominio mundial.

 

 El Imperialismo, por su propia dinámica del lucro privado en esta fase multinacional de los capitales, es de naturaleza cada vez más agresiva y expansionista, provocando una creciente concentración de los recursos financieros y propiedades cada vez en menos manos y esa expansión exige nuevos mercados pero ha encontrado sus límites en la globalización y Trump atacó a China con la guerra comercial de los Aranceles.

 

El planeta Tierra está copado y colonizado por esas cuatro potencias imperialistas y es depredado,  sus recursos esquilmados y sus pueblos empobrecidos,  mientras que la lucha de clases está descompensada por la debilidad y división de las izquierdas, sindicales y políticas, aunque las masas empiezan a entrar en acción en todos los continentes.  

 


La clase trabajadora necesita recomponer sus fuerzas organizativas por lo que es necesario caminar hacia la reconstrucción o potenciación de una verdadera Internacional Socialista que sea capaz de unificar y reorganizar un movimiento de base potente y plural, que integre grupos, corrientes, partidos y sindicatos de izquierdas, al menos que contengan unos puntos mínimos comunes para golpear y luchar unidos contra las injusticias y recortes que nos quiere seguir imponiendo este sistema.

 

Es un drama ver cómo las direcciones de demasiados grupos que se reclaman de la izquierda, padecen otra Pandemia infecciosa y contagiosa de chovinismo  creciente, de patrioterismo narcisista, de racismo, tendente a la paranoia y la mitomanía, que en palabras sencillas podría ser diagnosticado como “idiotismo ultranacionalista” que produce a su vez una reacción perversa en la conciencia de las masas, que adquieren otra enfermedad también muy grave como es la “alienación mental transitoria”, asumiendo parte del rol de sus explotadores y opresores, que solo se curará con la acción, la formación, la unidad y la lucha social común por nuestros Derechos y la emancipación como clase, porque el Socialismo será Internacionalista y Democrático o no será.

 


Pero nos vamos a centrar hoy en una breve introducción sobre el punto c) Cambio Climático, la ecología y el medio ambiente,  incluyendo  algunas pinceladas de la actualidad:

 

Calores sofocantes, caídas y subidas bruscas de temperaturas, desde 40 grados a 25 en pocas horas, granizadas en pleno verano, torrentes que lo barren todo, catástrofes inesperadas... Sigue el debate abierto sobre el CAMBIO CLIMÁTICDO y los efectos nocivos de la acción devastadora de la contaminación, cuyas consecuencias se han convertido en un grave peligro para el género humano, poniendo en evidencia la situación de deterioro que la depredación del sistema capitalista está abocando a la humanidad.

 

Las problemáticas que esto acarrea, que están desestabilizando progresivamente el Medio Ambiente se ven agravadas porque tienen como causa fundamental, el control de la economía mundial por un puñado de grandes monopolios, que bajo el prisma del lucro privado del sistema capitalista, anteponen los intereses de una minoría de archimillonarios a las vidas de los trabajadores y de la especie humana en general y el reaccionario de Trump, ha retirado a EEUU de los acuerdos de la Cumbre Climática de París, aunque las inversiones eran voluntarias e irrisorias, o sea, otra mentira más de los gobiernos, aunque parece ser que el lento escrutinio de las elecciones del pasado 3 de noviembre, donde podrían ganar los Demócratas aunque Trump insiste en que no se irá voluntariamente, lo está radicalizando las posturas y el pueblo americano está armado hasta los dientes, con un peligro inminente de altercados graves que pudiesen estallar.

 


Existen dos contradicciones insalvables bajo este agónico sistema imperialista, como son, la propiedad privada de los grandes medios de producción y las fronteras nacionales que impiden el desarrollo armonioso de las fuerzas productivas y el bienestar de las personas.

 

El empeoramiento de las condiciones de vida de la población mundial es patente, sobre todo, en las poblaciones empobrecidas por la rapiña del capitalismo, sus guerras y las oleadas de refugiados y migrantes que producen, profundizadas por la situación de tensión que lanza a la pobreza y al hambre a millones de seres humanos, una situación de degradación del medio natural, con la contaminación de los mares y ríos que afectan a los recursos hidrográficos, la amenaza nuclear, las emisiones descontroladas de CO2, la deforestación y destrucción consciente de bosques, unido a la utilización constante de pesticidas y contaminantes en la producción agrícola, están llevando a la humanidad al borde de su desaparición como especie y al padecimiento de terribles hambrunas.

 

El motor de la actividad económica bajo el capitalismo, que es la lucha por el máximo beneficio para unos pocos, en detrimento de la mayoría de la población, se ha convertido ya en una amenaza muy peligrosa contra la salud de la humanidad y contra la propia naturaleza.

 


Accidentes nucleares y otras catástrofes ecológicas ponen de manifiesto que la naturaleza del capitalismo es cada vez más peligrosa para los habitantes del planeta Tierra. La amenaza de guerra  que podría desencadenar un conflicto que podría llegar a ser nuclear, exige desde ya una campaña de concienciación y protesta mundial.

       

Por tanto, para los partidos y sindicatos de izquierdas, la integración de las problemáticas medioambientales, así como a las que conciernen a la planificación de la producción agraria, de la que depende nuestra alimentación, cuyo objetivo debiera ser atender las necesidades nutricionales de los habitantes del planeta, resulta una prioridad cada vez más urgente e imprescindible, vistas las tendencias que el Capitalismo imperialista está desarrollando en esta etapa económico/pandémica de recesión o semi-estancamiento en el que ha quedado anclado el modelo actual donde el “liberalismo como modelo” ha saltado por los aires.

 

Algunos expertos que estudian el Cambio Climático  dicen que eso está empezando a tener un impacto significativo en el planeta. Recientemente vimos la noticia del desprendimiento de un bloque de hielo de la Antártida del tamaño de la mitad de Andalucía.


           Si no se acomete con urgencia un plan contra ese deterioro del medio ambiente, se espera que para el 2050 el deshielo del Ártico podría ser irreversible causando gravísimas catástrofes en el planeta Tierra, con inundaciones de zonas costeras, como el Coto Doñana y amplias zonas de la Costa del Sol, afectando gravemente al Mediterráneo.

 

La clase trabajadora mundial y los sectores más empobrecidos, tenemos que estar preocupados por el impacto del incremento del nivel del mar, incluyendo el aumento de las inundaciones que producirían efectos muy catastróficos.



Se viene hablando de la necesidad de la Transición Energética para lo cual, las energías alternativas limpias serían la solución, junto a nuevos descubrimiento que están siendo frenados y ocultados por los Oligopolios del Petróleo. Por ejemplo existe el proyecto para la utilización de la Energía Solar Espacial que sería la solución alternativa muy prometedora y barata de las que se ensayan por los científicos desde hace ya más de medio siglo. Consiste en que sería posible enviar energía solar desde el espacio para abastecer las necesidades del planeta Tierra.  Un equipo de científicos japoneses  ha asegurado haber logrado con éxito ese importante procedimiento.

 

        Afirman haber conseguido transformar 1,8 kilovatios de electricidad en ondas electromagnéticas y transmitirlas a dos paneles de antena a 55 m. de distancia y convertirlo de nuevo en energía eléctrica. Ese revolucionario procedimiento podría convertirse sin duda en el primer paso para abastecer a la Tierra de energía solar espacial limpia y barata,  ya que aprovecha al menos 10 veces más la radiación que llega a nuestro planeta procedente del Sol.

 

        Para poner en marcha su producción masiva se montarían paneles solares gigantes enviados por piezas y componentes en cohetes espaciales que serían montados por robots en el espacio.  El problema principal que plantean es el alto coste de inversión, pero aseguran que sería mucho más rentable a largo plazo que el modelo actual pero tiene un inconveniente, que está frenado por la firme oposición de los grandes oligopolios petroleros y energéticos, porque ven en peligro su gran negocio petrolífero que les genera astronómicos beneficios.

 


        Los paneles podrían generar millones de kilovatios  que equivaldría a transformar el modelo actual que está orientado al lucro privado, pero que entorpece y perjudica el desarrollo de las fuerzas productivas. Ese avance científico abriría las puertas para avanzar hacia un modelo social de producir energía,  desmantelando el modelo actual de reactores nucleares y la eliminación de la contaminación de las energías petrolíferas, que impiden las instalaciones de energías renovables limpias e incluso mucho más baratas socialmente, imposibles de llevar a cabo bajo el sistema capitalista, comprobándose una vez más que los intereses de la clase dominante, que son unos cientos de multinacionales,  son contrarios al bienestar de la inmensa mayoría de la humanidad.

 

La clase capitalista se sigue frotando las manos con sus beneficios a corto plazo y serán incapaces de planificar la economía si no lo derrotamos y los mandamos al basurero de la historia, que es el lugar que les corresponde a esos tiranos que gobiernan solo en su propio beneficio. El Cambio Climático ha comenzado ya, por lo que si no nos organizamos a tiempo y derrotamos a la burguesía, tanto a escala  europea como mundial,  nuestros hijos y nietos no tendrán ningún futuro bajo el capitalismo.

 


El Capitalismo en esta fase superior imperialista es ya incapaz de ofrecer una salida al sistema, ni en lo ecológico, ni en lo social, ni a los conflictos territoriales, ni podrá superar el problema del paro, de la miseria creciente y las desigualdades, en ningún otro sector de la economía. Si no nos organizamos y unimos los pueblos para echar a estos corruptos, nos llevarán a la catástrofe. Otro mundo, no solo es posible, sino que es más necesario que nunca. Si quieres que esto cambie, organízate y LUCHA¡¡¡

¡¡La lucha por un mundo mejor continúa¡¡¡

 

ÁREA DE COMUNICACIÓN:

IZQUIERDA SOCIALISTA MÁLAGA-PSOE.A.

 

Ispsoandalucia.malaga@gmail.com

 

4 de noviembre de 2020

CAPITALISMO DECADENTE Y DECRÉPITO.

 


La clase dominante capitalista junto a sus estrategas y defensores de las instituciones financieras, están muy preocupados por la situación de recesión en la que hemos entrado, por la descomposición económica agudizada por la Pandemia,  e ignoran la dirección que pueden tomar los acontecimientos, porque en realidad, se han  quedado sin paradigma económico ya que el liberalismo ha colapsado, el keynesianismo requiere un cierto plan global al menos en Europa,  mientras que la apuesta por un “caudillo” es prematura. Se ha confirmado que la “Unión Europea” en bases capitalista es “Una Utopia Reaccionaria”, pues está estallando por los aires, con la salida del Brexit y el aumento de las tensiones entre la Europa Rica y la Europa Pobre que incrementan las desigualdades.

 

A pesar de la colaboración que vienen aportando al sistema los partidos socialdemócratas y algunas otras fuerzas parlamentarias que sostienen este modelo, la burguesía está histérica, existiendo claramente una división entre las derechas, pues temen un incremento de las explosiones sociales, como está ocurriendo ya en todo el mundo.

 


El sector más moderado, como C’s opta por tender la mano al Gobierno de Coalición y una parte del Empresariado, incluida la Banca y el Gran Capital, presionan en esa línea de buscar el “consenso”, creando también división en el seno del PP ante lo que consideran errores de empecinamiento de Casado,  mientras el sector fascista representado por VOX sigue con su actitud violenta contra el Gobierno “Social/Comunista e Ilegítimo”, como lo definen, tanto en  el discurso radical  franquista como en el apoyo a las acciones callejeras.

 

El capitalismo es un sistema económico senil y caduco, pero está dominado por una clase burguesa que expresa su lenta agonía, representando un peligro muy grave para la sociedad, donde  empiezan a crecer las explosiones del movimiento obrero, incluso hasta el punto que algunos economistas y científicos sociales  están pronosticando que este sistema obsoleto y su enfermedad terminal, podrían caminar hacia su propia destrucción, atrapados en el paro y la concentración de capitales en poder de las 100 familias de archimillonarios que se han doblado en números y riquezas en los últimos años.

 


Los índices de paro siguen creciendo y a fecha de septiembre de 2020 hemos recabado informes de datosmacro.com sobre algunos de los países importantes que ofrecen estos datos:

Tasa de paro en Japón 3 %. Alemania 4,5 %. Portugal 7,7 %. EEUU 7,9 %. Francia 7,9%. Italia 9,6 %. España 16,5 %.  Las cifras de paro este año se estima que terminará por encima del 20 % en nuestro país.  Según el FMI el PIB español para este año 2020 caerá hasta un 12,8 %. Durante el 1º Semestre cayó el 50 % del PIB dejando de producirse por un valor estimado de 300.000 millones de €.

 

El Banco Central Europeo ha comprado Deuda Pública española por valor de 61.000 millones €, desde que estalló el Covid-19, lo cual aumenta la factura total en más de 420.000 millones € lo que representa un 25 % de incremento. Grandes Empresas e incluso la Banca, dependen para subsistir de esta financiación.  Por otra parte, la deuda de la Banca Española con el Banco Central Europeo llegó en julio de este año a ser de 256.627 millones de €, con un aumento del 97 % desde el estallido de la Pandemia, lo que demuestra la debacle de la economía. 

 


Todos esos datos aportados son un claro reflejo de las presiones a las que se encuentra sometido el Gobierno de Coalición, pues todos quieren que el Estado sufrague sus déficits, lo cual es totalmente imposible. Los empresarios querrán subvenciones y descargar las deudas contra los trabajadores y éstos se verán obligados en un momento dado a decir, hasta aquí hemos llegado;  y las luchas sociales se pondrán a la orden del día.

 

El actual modelo imperialista, al servicio de las multinacionales capitalistas, sus banqueros y su tremenda burocracia está abocado a cambios profundos pues hemos entrado en una nueva época y encuentran solo  dos caminos principales a seguir:

 


MODELO UNO: Continuar concentrando los capitales cada vez en menos manos, debilitando las estructuras de los Estados que existen actualmente, apropiándose el sector Privado de todo lo Público,  continuando con su “lógica infernal” del máximo beneficio que tiende al monopolio, sin importarles lo más mínimo las consecuencias para las vidas, condiciones sociales y medioambientales que su modelo provoca sobre la Humanidad.

 

MODELO DOS: Abandonar su sistema económico capitalista y producir para crear un nuevo modelo que anteponga la dignidad de la persona y sus derechos, por delante del lucro privado, que consiste en esa  teoría de “Reformar el Capitalismo”, que siempre plantean en momentos de crisis pero que siempre ha fallado porque el sistema no admite reformas.  

 


El trabajador que piense que la clase dominante va a optar por el modelo DOS voluntariamente, que equivale a hacerse el Harakiri, está completamente en un error, pues ese modelo, que podríamos llamar Socialista, nunca se podrá llevar a cabo bajo este modelo de capitalismo corrupto, que se basa en la explotación, la opresión de las masas trabajadoras por las  potencias capitalistas más fuertes en esta fase imperialista de las multinacionales, que eliminan y destrozan a las empresas más débiles y aplastan a la clase trabajadora y los pobres, con un paro crónico imposible de superar y una Deuda Pública creciente e impagable,  por lo cual, necesitamos luchar por una transformación del actual modelo capitalista o nos llevarán a la catástrofe.  

 

Recae sobre la clase trabajador y la juventud la enorme tarea de prepararnos, organizarnos y formarnos para conseguir tener a punto una genuina alternativa que no podrá ser otra que el Socialismo Científico, controlado  por una Democracia  Participativa, introduciendo el control obrero y la elección y revocabilidad de los cargos, no solo en el sector público, sino en todas y cada una de las empresas, partidos, sindicatos y asociaciones con una orientación clara hacia el bien común, poniendo los recursos económicos y productivos al servicio de la ciudadanía, en un combate firme hasta acabar con la corrupción, para planificar de manera democrática sobre “qué producir, cómo producir y para quién producir”, utilizando los recursos de manera equitativa, con justicia, libertad y ética.

 


Esa tarea histórica está obligada a llevarla a cabo la clase trabajadora organizada y  que deberá consistir en tomar en nuestras manos un programa adecuado para la Transición al Socialismo Científico (*), planteando la planificación de los recursos productivos al servicio del bien común, mediante la lucha permanente por la participación ciudadana activa y democrática, en un plano de igualdad, colaboración, solidaridad y ayuda mutua de los seres humanos conscientes, “eligiendo a los mejores y luego vigilándolos como si fuesen canallas”, como decía Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE, UGT y JJSS.  

 

Es preciso por tanto, que la ciudadanía entienda que esa será la mejor alternativa a medio y largo plazo, para salvar al Planeta Tierra, amenazado por el peligro del Cambio Climático, como por el sufrimiento enorme que representaría (y que está representando ya), para la salud y la vida de millones de seres humanos y el resto de animales y plantas que están amenazados por este capitalismo corrupto y mafioso que ha colapsado y que camina con sus guerras y contradicciones hacia la catástrofe que debemos evitar las personas honestas que aspiramos y luchamos por un futuro mejor y digno para todas y todos los ciudadanos del mundo.   

 

José Martín Rodríguez.

Coordinador de Comunicación.

IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA.

PSOE DE ANDALUCIA.

(*) La persona que quiera conocer el documento que hemos presentado a debate ante la Comisión Coordinadora R. de I.S. Andalucía, puede solicitarlo GRATUITAMENTE al correo de abajo, poniendo en asunto: “Propuesta para Debate”.

Ispsoeandalucia.malaga@gmail.com

 

 

 

 

2 de noviembre de 2020

ENRIQUE TIERNO GALVÁN Y EL MARXISMO.

   


(Unificación P.S.P. – P.S.O.E.)

En Octubre de 1978, hace ahora en torno a 42 años,  en la Casa del Pueblo de Madrid, Enrique Tierno Galván, que fue Presidente de Honor del PSOE, pronunciaba una conferencia sobre Marx y Engels. Ésta se enmarcó en el desarrollo del debate interno en el seno del PSOE que culminaría con el abandono del marxismo por parte del mismo en el Congreso Extraordinario del PSOE del 28 de Septiembre de 1979, tras la derrota inicial de las tesis anti-marxistas de Felipe González en el XXVIII Congreso Federal. Por tanto, se trata de un mensaje directo de Tierno Galván a las posturas anti-marxistas de González y compañía.

 


En dicha conferencia, Tierno Galván expone, desde su punto de vista, la doble concepción del marxismo, como Filosofía Práctica y como Mito. Centrándonos en ésta última acepción, Tierno Galván considera básico el mantenimiento del mito marxista entre la clase obrera hasta que sea sustituído por otro de forma natural, al considerar que su peso como mito es tan importante como su peso como filosofía política. Podemos ver aquí un mensaje inequívoco a los partidarios del abandono del marxismo, defendiendo su mantenimiento, tanto por su mensaje revolucionario, como por su tradición histórica de lucha y su popularidad entre las masas trabajadoras.



Del mismo modo, Tierno Galván, en una segunda parte de su exposición, ataca la línea argumental que los anti-marxistas buscaban en Engels para romper con el Marxismo. Las tesis anti-marxistas veían en los últimos años de Engels un proceso de "revisionismo" del propio Marxismo, al exponer Engels la opción de la Vía Democrática para conseguir el Marxismo.

 

Engels, lo que realmente exponía era una realidad histórica que estaba experimentando en ese mismo momento: el avance de las ideas socialistas en Alemania a través del apoyo democrático y de la progresiva consecución de apoyos electorales. Por tanto, lo que cambia es de táctica. Frente a la idea de Marx y Engels, basada en el desarrollo de las Revoluciones de 1789 y 1830, de que en una revolución una minoría opresora es sustituida por una minoría oprimida a través del enfrentamiento violento, expone que existe otra táctica revolucionaria, la consecución progresiva del poder a través de las vías parlamentarias para, desde allí, emprender la transformación revolucionaria.



Engels pronto se da cuenta de que, desde posiciones socialdemócratas, se quiere ver, no un cambio de táctica marxista aplicada a un momento y un contexto concreto, sino una revisión del propio marxismo que aboga por la via puramente democrática de colaboración con el capitalismo. Convierten una táctica de lucha en un servilismo con el capital, que debilita la lucha obrera. Ante esta traición, el propio Engels expone sus ideas en una carta escrita a La Fargue el 3 de abril de 1895, donde expone:  “Yo sigo pensando lo que pensaba, pero mis ideas no pueden entenderse más que como una táctica coyuntural y no como una fórmula de colaboración con el Capitalismo”. Es decir, Engels argumenta su postura como una aplicación de la dialéctica marxista donde hay que adaptarse a las circunstancias y usarlas en favor de la revolución. Si en Alemania se estaba consiguiendo un camino parlamentario hacia el Socialismo, éste debía aprovecharse, del mismo modo que debía aprovecharse el camino revolucionario en otros lugares.



Tierno Galván concluye su intervención con un párrafo muy interesante, especialmente conociendo lo que ocurrió después con el PSOE y con la deriva ideológica hacia el capital que lo caracteriza:



[...] Y la lección es buena, porque demuestra que se puede y se debe ser marxista en la forma democrática, ya que nada vincula al marxismo con la dictadura. Cuando se entre a discutir siendo marxista cuál es la táctica a seguir, debe quedar claro que es imprescindible tomar en cuenta los condicionamientos de mercados y los condicionamientos industriales, sólo así se podrá aplicar una u otra práctica en forma adecuada a la realidad imperante. Y eso es lo que deben discutir los partidos socialistas. No si son marxistas o no, porque si son socialistas son marxistas y no cabe otra cosa.



El abandono del Marxismo por parte del PSOE es una traición a la lucha obrera y una renegación total a su carácter socialista, dando paso a su más que demostrada colaboración con el capital. Lo que Engels temía a finales del siglo XIX, la utilización de la izquierda y el socialismo como excusa de colaboración con el capital, tiene vigencia en estos días, donde el PSOE muestra a quién debe pleitesía con su Reforma Laboral y sus decisiones políticas ante la crisis.



Enrique Tierno Galván. Marx y Engels. Vida y obra de Marx y Engels. Enrique Tierno Galván; Helmut Elsner; Ignacio Sotelo; J.L.L. Aranguren; Carlos Paris; Elías Díaz; Fernando Claudín. Edi. Fundación Pablo Iglesias (1979): 1-13