19 de julio de 2021

¿A qué intereses y objetivos responde la remodelación del Gobierno?

 

Es la gran noticia del momento. Pedro Sánchez ha llevado a cabo un cambio de Gobierno aparentemente notable, pero la cuestión importante es entender adónde apunta la remodelación ¿hacia la derecha o hacia la izquierda? El poder que Nadia Calviño acumula como nueva Vicepresidenta primera, y la trayectoria política de los nuevos ministros, responden a la pregunta.

Rostros provenientes del aparato de siempre del PSOE ocuparán carteras significativas, mientras que algunos pesos pesados del sanchismo abandonan el Ejecutivo. Un “mercenario” profesional como Iván Redondo, deja la posición después del desastre cosechado por Ángel Gabilondo en Madrid y de la estrategia de acercamiento a Ciudadanos del que fue guía y faro. El asesor levanta el vuelo en busca de nuevos y bien remunerados mercados que la política burguesa ofrece siempre a este tipo de personajes.

A Redondo lo sustituye Oscar López, recuperado por el Presidente tras haber protagonizado una de las traiciones políticas más sonadas, cuando Sánchez fue expulsado de la secretaria general por el golpe de mano de los barones socialistas en octubre de 2016. Ahora, con el PSOE pacificado bajo su mando, con Susana Díaz derrotada definitivamente, y con una hoja de ruta claramente escorada a la derecha, hay margen para este tipo de gestos.

El papel de Unidas Podemos en este tinglado

La salida de Carmen Calvo o José Luís Ábalos ha sido analizada como una decisión táctica para sortear el “desgaste gubernamental” y apuntalar la coalición con Unidas Podemos. Hay una lógica evidente en ello.

El aparato del PSOE ha sacado la conclusión de que los momentos de roces y desencuentros dentro del Ejecutivo han sido superados en gran medida. La salida de Pablo Iglesias ha proporcionado estabilidad al Gobierno. Proteger este ambiente de unidad en la forma y en el fondo, y lograr una segunda parte de legislatura sin sobresaltos importantes provocados por “fuego amigo”, es una buena decisión para todos (incluidos los sectores del gran capital que alientan la política de unidad nacional de Moncloa).

La confianza depositada en Yolanda Díaz no es casual: su actuación al frente del Ministerio de Trabajo haciendo posible una cascada de pactos sociales no solo han concitado el aplauso de la CEOE y el Ibex 35, también ha merecido una campaña de propaganda entusiasta en los medios de comunicación encumbrándola en las encuestas como la ministra “mejor valorada” del Ejecutivo.

Comparada con la difamación sistemática de esos mismos medios capitalistas contra Pablo Iglesias, es realmente llamativo el guante de terciopelo que utilizan con Díaz y su gestión. Pero en política no existen las causalidades. La ministra de Trabajo es una política de la vieja escuela, representante cualificada de la izquierda reformista más posibilista, pactista y maniobrera, y ha probado su total fiabilidad al Presidente del Gobierno.

Los hechos hablan. Bajo la tutela de Yolanda Díaz, el doble lenguaje del aparato de Unidas Podemos ha tomado un impulso irrefrenable: al tiempo que se aleja definitivamente la derogación de la contrarreforma laboral del PP —tal como exigía la patronal—, las ministras y ministros de UP han salido en tromba para presentar la nueva contrarreforma de las pensiones, que profundiza los recortes de la derecha y su privatización, como un instrumento para defenderlas. Todas las organizaciones de pensionistas —que han protagonizado una movilización masiva y sostenida en el tiempo— han denunciado este vergonzoso cambalache.

En el resto de los asuntos claves ocurre igual. Los incumplimientos del acuerdo de Gobierno, pactado por el PSOE y UP en enero de 2020, se encubren con un manto de buenas palabras y brindis al sol. ¿Que se renuncia a poner límite al precio estratosférico de los alquileres? No pasa nada. La coalición goza de buena salud. ¿Que se deja en la cuneta a decenas de miles de familias desahuciadas? La culpa la tiene la correlación de fuerzas. ¿Que se niegan comisiones de investigación en el Parlamento sobre la fortuna del Emérito? Da igual, lo importante es que seguimos en el Consejo de Ministros.

La lista es larga. ¿Qué se aprueban leyes privatizadoras de la educación pública (la ley Celaá o la de FP), que los fondos europeos serán un maná para los grandes poderes económicos, que la desescalada deja al descubierto como la sanidad pública y especialmente la atención primaria han sido arrasadas, que en política migratoria no hay ningún cambio de fondo respecto a la legislación racista aprobada por el PP y la UE, o que la represión policial se ceba contra la juventud, mientras el desempleo juvenil escala al 50%...? Todo esto no puede estropear un guion tan bueno, como el que se ha formado el Gobierno más progresista de la historia, o que existe una salida “social de la crisis”.

Criticar desde la izquierda de una manera coherente este enfoque, es demonizado sin mayor problema: ¡Así se hace el juego a la derecha! Las ministras y ministros de UP y el aparato que arrastran, se han convertido, digámoslo honestamente, en unos auténticos hooligans de la gestión gubernamental. Y han asumido su papel de apaciguamiento de la lucha de clases con más ahínco aún. En la división del trabajo, esa tarea asignada por el sanchismo se está cumpliendo a la perfección y, lógicamente, tiene que ser recompensada.

Maniobras de calado

La confirmación de Yolanda Díaz como vicepresidenta segunda, y su elevación mediática, además de las razones anteriores tiene también que ver con otra apuesta de fondo. El PSOE quiere seguir gobernando. Pero el colapso de Ciudadanos le deja ya sin opciones para apostar por otra geometría parlamentaria viable. Se tiene que basar en UP y en los apoyos parlamentarios que permitieron la investidura de Pedro Sánchez.

Por un lado, en Catalunya se han decidido por una recomposición de los puentes con los dirigentes de ERC y JxC. Los indultos y la apertura de la mesa de “diálogo”, con el apoyo de la patronal catalana y española, muestra que la vía represiva pura y dura ha fracasado. La fuerza del movimiento de liberación nacional catalán, y su diferenciación creciente hacia la izquierda, han derrotado a la reacción de derechas en todas las consultas electorales.

El PSOE, y con él un sector decisivo del capital español y catalán, ven ahora la oportunidad de cerrar la crisis política que se abrió con el referéndum y la huelga general del 1 y 3 de octubre de 2017; reconducirla a las aguas del autonomismo y dar carpetazo a la movilización de masas. Y como efecto de todo ello, y no menos importante, que el PSC logre unos buenos resultados en las generales de 2023.

Por otra parte, están fraguando otros movimientos importantes a la izquierda. Es improbable, por no decir que está descartado, que Pedro Sánchez logre una mayoría absoluta en las próximas elecciones generales. De hecho, el avance del PP que todas las encuestas muestran representa una tendencia objetiva.

Para frenar la progresión de la derecha, desde La Moncloa y Ferraz se apuesta decididamente por la vacunación masiva y la “recuperación” económica. Ambos aspectos son clave para apaciguar la polarización, mitigar el desgaste y soldar un apoyo popular al Gobierno. Pero hay otro elemento que también necesitan. Que a su izquierda, Unidas Podemos no se hunda y retenga los apoyos parlamentaros suficientes para permitir una reedición de la coalición actual.

Yolanda Díaz es una buena candidata para este fin. Una izquierda a la izquierda del PSOE que juegue un papel instrumental, que cubra su flanco “social”, utilice un doble lenguaje para contentar a sectores de la aristocracia obrera y la burocracia sindical, de las capas medias progresistas, pero que no cuestione en lo fundamental la orientación capitalista de las políticas del PSOE.

La salida abrupta de Pablo Iglesias de la secretaría general de Podemos y su abandono de la política se ha convertido en una gran oportunidad para el aparato socialdemócrata. Después de vivir de cerca la amenaza de un sorpasso, el PSOE no va a renunciar a fortalecerse a costa de la debilidad de la formación morada. Y lo hará siguiendo su modelo histórico: la asimilación.

Podemos atraviesa una crisis estructural, con un vaciamiento de militancia, disolución de círculos y retroceso electoral. Un cuadro que es fruto de la renuncia consciente a defender un programa anticapitalista y a la movilización de masas, a cambio de ocupar carteras ministeriales y pintar con un barniz de izquierdas las políticas que marca el PSOE.

El futuro del proyecto político de UP se va a diseñar en base a estas claves. La última Asamblea Ciudadana de Podemos ha desnudado la debilidad y decadencia del proyecto. Belarra no puede reemplazar el papel político de Iglesias. Pero Yolanda Díaz no es dirigente de Podemos, ni responde a su disciplina partidaria. La Vicepresidenta segunda tiene su propia agenda y estrategia, que muy probablemente pase por la creación de una plataforma electoral amplia de la izquierda reformista, incluyendo a Más País de Errejón y a otras formaciones de naturaleza similar. Todavía queda mucho por ver y digerir.

El núcleo decisivo del gobierno, controlado por los defensores del capitalismo

En política burguesa la ingenuidad no existe. Las decisiones de calado siempre responden a intereses de clase fundamentales. El nombramiento de Nadia Calviño para sustituir a Carmen Calvo es mucho más que un gesto. Es una declaración de principios.

Es cierto que Carmen Calvo ha mantenido un pulso abierto con Irene Montero respecto a la ley Trans. Y también que a pesar de no haber ganado el pulso, Calvo y sus secuaces tránsfobas han logrado recortar la ley en asuntos clave, como los derechos de la infancia trans o de las y los migrantes trans. El gesto de Sánchez de prescindir de ella ha sido celebrado por los dirigentes de UP, y algunos teóricos como Juan Carlos Monedero, como un enorme triunfo. Un consuelo realmente vano.

La socialdemocracia es experta en este tipo de maniobras: nos desembarazamos de símbolos gastados para apaciguar el flanco “izquierdo”, pero reforzamos la continuidad en los aspectos decisivos.

Con Nadia Calviño están garantizada las medidas pro patronales del Gobierno, y una vez obtenida la luz verde de la comisión europea, una gestión de los fondos europeos (170.000 millones) que blinde su llegada diligente a los grandes monopolios empresariales y a los bancos.

En la cartera de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, el cese de Arantxa González tras la crisis migratoria con Marruecos, se cierra con el nombramiento de José Manuel Albares, un hombre del aparato socialista que no ha perdido ni un minuto en renovar la política de alianzas imperialistas del reino de España, las lisonjas a la dictadura de Mohamed VI y la traición, una vez más, de la causa saharaui.

También ha sido significativa la elección de Pilar Alegría para sustituir a Isabel Celaá al frente de la cartera de Educación. Dirigente experimentada del PSOE, creé tan sinceramente en el futuro de la escuela pública que lleva a sus hijos al elitista y exclusivo Liceo francés de Zaragoza, cuya matricula supone un desembolso de 4.000 euros al año al que hay que sumar miles más de complementos y actividades. No es difícil entrever que su agenda no estará orientada hacia el rescate de la enseñanza pública.

Junto a todos estos nombres, los de Teresa Ribera, María Jesús Montero, Reyes Maroto, José Luis Escrivá, Margarita Robles o Grande-Marlaska, son una garantía para que los paquetes de contrarreformas pendientes lleguen a buen puerto, y se profundice la represión contra las libertades y los derechos democráticos.

En definitiva, tal como titula un artículo de opinión de El País, “cambio de rostros y de acento, no de rumbo”.

Por una izquierda que rompa con la lógica del capitalismo

No es cierto que este Gobierno esté impulsando un cambio de paradigma y una salida social a la crisis devastadora que estamos padeciendo. Gritar todos los días acerca de la reducción de la tasa de desempleo, cuando hablamos de una cifra de 3.614.339 parados en el mes de julio, es embellecer una realidad terrible. Hablar de un escudo social cuando el Ingreso Mínimo Vital ha significado un fracaso lacerante, es igual de orwelliano. Aprobar una contrarreforma de las pensiones que premia la prolongación de la edad de jubilación, cuando hay un desempleo juvenil del 50%, no tiene nada de izquierdas.

Lo mismo podemos decir de la sanidad y la educación pública arrasada ante la mirada complaciente del Gobierno, que no ha movido un solo dedo para impedirlo. O con la crisis de vivienda que se arrastra, sin que se tome ninguna medida efectiva para acabar con el control del mercado inmobiliario que ejercen los especuladores y fondos buitres, e impulsar la creación de un parqué de vivienda pública con alquileres sociales.

Lo que necesitamos realmente no son nombramientos para seguir con las mismas recetas, ni campañas de propaganda huecas. Lo que hace falta es un cambio de rumbo decisivo hacia la izquierda, en beneficio de la clase trabajadora y de la juventud sin futuro. Pero ese impulso no vendrá de la Moncloa ni del Consejo de Ministros, sino de abajo, de la rabia y la ira que no dejan de crecer.

A diez años del 15-M, las mismas condiciones objetivas que dieron lugar a aquella explosión de descontento se están fraguando. Aquel movimiento tuvo efectos políticos colosales: impulso las huelgas generales de 2012, las Mareas en la educación y la sanidad, las marchas de la dignidad… y asestó un golpe tremendo al régimen del 78 y al sistema bipartidista.

Por supuesto, establecer cuando y porqué estallará un proceso semejante es muy complicado. Pero lo fundamental es entender la tendencia dominante en la lucha de clases. La crisis de Podemos y la irrupción de la extrema derecha en el escenario político, la enorme e imparable polarización, la desigualdad estructural y en aumento, representan efectivamente el inicio de un nuevo ciclo político.

La experiencia de estos años no ha pasado en balde. Las movilizaciones de masas que emergerán en esta fase de decadencia capitalista, como apuntan las luchas de la juventud (encarcelamiento de Hassel, movilizaciones contra la violencia machista y homófoba…) y en las huelgas obreras más duras del último periodo, no dejan de asumir lecciones muy valiosas. Su contenido clasista y revolucionario es y será mucho más definido, por lo menos en sus capas más dinámicas y combativas. Y ofrecerá una oportunidad de oro para levantar una alternativa de izquierdas combativa y anticapitalista, con un programa de independencia de clase intransigente.

Para ese escenario preparamos nuestras fuerzas.

COMISIÓN EJECUTIVA.

IZQUIERDA R.  

MADRID. 

16 de julio de 2021

18 DE JULIO DE 1936: EL GOLPE FASCISTA DE FRANCO. (Parte 3 Final).


(Recomendable leer la parte 2) de ayer y anterior) 

INCAPACIDAD, DUDAS Y TRAICIONES:

“En la zona republicana, las condiciones para acabar definitivamente con el capitalismo no podía ser más favorable. “Las conquistas de julio a octubre de 1936 en lo referido a incautaciones de la propiedad capitalista, tanto de fábricas como de tierras, y la extensión del control obrero sobre la actividad productiva fue mayor que la realizada por los bolcheviques en los meses inmediatamente posterior a octubre de 1917”.

La edificación de un estado obrero, con una economía colectivizada y planificada permitiría lanzar una guerra revolucionaria que aplastara al fascismo y que extendiera la revolución internacionalmente, Sin embargo, los dirigentes obreros actuaron en un sentido diametralmente opuesto.

El gobierno del Frente Popular era una coalición interclasista entre republicanos burgueses que sólo se representaban a sí mismos (pero a los  que se les había concedido la totalidad de los ministerios en 1936), POE, PCE y POUM entre otros.

Obviamente, los republicanos burgueses no tenían la menor intención de acabar con el capitalismo. No era esa tampoco la intención de los dirigentes reformistas del PSOE. Y en lo relativo a la estalinizada dirección del PCE, su actuación ordenada desde Moscú, estaba dirigida a salvaguardar los intereses de la casta burocrática de la URSS  independientemente de si eso suponía traicionar la revolución española.

Por su parte, la CNT no había participado en el Frente Popular. Se trataba de la principal organización obrera del país, con 1.5 millones de afiliados y en consecuencia, la que tenía mayor responsabilidad en el destino de la revolución.

Como reconoció el propio Companys ante los dirigentes de la CNT en el Palacio de la Generalitat: “”Hoy sois los dueños de la ciudad y de Catalunya, porque sólo vosotros habéis vencido a los militares fascistas (…) todo está en vuestro poder. Si no me necesitáis o no me queréis como presidente de Catalunya, decídmelo ahora.””.

Sin embargo, la dirección cenetista actuó de forma idéntica a las demás organizaciones. En lugar de tomar el poder y destruir completamente el aparato del Estado, decidieron mantener a Companys y entrar en su gobierno. Esta acción fue decisiva  para que la burguesía, no sin dificultades y utilizando la autoridad de los dirigentes obreros, pudiera reconstruir, paso a paso, el Estado burgués.

 

STALIN CHANTAJEA A LA REVOLUCIÓN.

El gobierno francés y británico estaban interesados en el descarrilamiento de la revolución, asi que se negaron a enviar armas al campo republicano firmando el pacto de no intervención.

Por su parte, la Italia Fascista y la Alemania nazi armaban generosamente a los ejércitos de Franco, de manera que el único país que suministraba armamento al bando republicano era la URSS. Esta circunstancia fue usada por Stalin para chantajear a los trabajadores españoles.

En aquel momento Stalin pretendía forjar una alianza con Francia y Gran Bretaña para defenderse de la Alemania Nazi. Pero para granjearse el apoyo de esos dos gobiernos, tenía que dejarles claro que él no pretendía estimular procesos revolucionarios en sus países ni en ningún otro.

Y para atestiguar que era un buen chico, dispuesto a respetar la propiedad de los capitalistas, sólo enviaba armas a aquellos ejércitos que se limitaban a defender la democracia burguesa y se opusieran a las colectivizaciones tras las líneas republicanas.

Así que las organizaciones españolas dirigidas por Stalin actuaron siempre buscando no contrariar a la burguesía de Francia y Gran Bretaña.

La sublevación militar del 18 de julio había triunfado finalmente en pocas zonas, desconectadas entre sí. Los días inmediatamente posteriores, Franco enviaba desesperadamente tropas desde Marruecos a la península a través de un puente aéreo.

En ese momento el Gobierno republicano podía haber concentrado toda la flota de guerra en el Estrecho y acabar fácilmente con el puente aéreo. Sin embargo, el gobierno derechista británico exigió que no se interfiriera en la libre navegación del Estrecho de Gibraltar y así se hizo.

Otra consecuencia dramática de la  política de contentar a la burguesía anglofrancesa fue la negativa del gobierno republicano a conceder la independencia a Marruecos. El revolucionario bereber Abd-el-Krim estaba dispuesto a volver a Marruecos y dirigir una insurrección contra Franco, pero el gobierno republicano no quería disgustar a Francia, país con amplias posesiones coloniales en el Magreb.

 

RECONSTRUCCIÒN DEL ESTADO BURGUÉS.

Tras la revolución del 18 de julio, las empresas habían sido colectivizadas. Sin embargo, las organizaciones obreras no quisieron completar el proceso tomando el Estado y sustituyendo el gobierno formal por un gobierno de delegados obreros elegibles y revocables.

Urgía tomar el control del Banco de España (que poseía las segundas reservas de oro del mundo), coordinar los comités obreros que habían surgido por todo el país, y desarrollar un plan centralizado de producción, coordinando todas las fábricas.

En lugar de ésto, los dirigentes de los partidos y sindicatos obreros se volcaron en la tarea de reconstruir el Estado burgués e ir acabando paulatinamente con los comités y las colectivizaciones. Todas las organizaciones participaron en este proceso contrarrevolucionario.

La iniciativa la llevaba la dirección del PCE, pero paulatinamente entraron a formar parte del Gobierno todas las organizaciones, incluyendo CNT (primero en la Generalitat de Catalunya y posteriormente, con cuatro ministros en el gobierno de Largo Caballero) y POUM (en la Generalitat, del que fue expulsado en diciembre de 1936 por las presiones estalinistas.

Para acabar con el poder de los comités se emplearon varios métodos, entre otros, el boicot gubernamental a las industrias colectivizadas: por una parte se les negaban créditos, y por otra, no se les compraba la producción. Ejemplo de ello era la compra de uniformes en el extranjero por parte del Gobierno de la Republica, en lugar de a la industria textil catalana. 

Simultáneamente se fueron dando todos los pasos para reconstruir un ejército burgués clásico en el lado republicano, acabando con las milicias obreras, las únicas que habían logrado éxitos contra Franco. (Ver película “Tierra y Libertad”).

Por supuesto, para vencer era necesario un ejército centralizado. Pero para alcanzar la victoria ese ejército debería ser un ejército revolucionario, que expropiara a los capitalistas a medida que arrancaba territorios a los fascistas.

El ejército republicano, el único armado por Moscú, hacía precisamente lo contrario. Sólo durante la heroica defensa de Madrid, en el otoño del 36, cuando la burocracia soviética se jugaba todo su prestigio, se decidieron a usar métodos revolucionarios, armando a los trabajadores y basándose en los comités obreros. Pero rápidamente se volvió a la política anterior, de limitar la lucha a la defensa de la república burguesa y a abortar cualquier intento de avanzar en la lucha contra el capitalismo.

 

LEVANTAMIENTO OBRERO EN BARCELONA.

La contrarrevolución que se estaba llevando a cabo en la zona republicana estaba provocando la derrota militar. La vanguardia de la clase obrera se encolerizaba viendo cómo se destruían paulatinamente realizaciones revolucionarias.

“”La técnica de represión siempre es la misma. Camiones llenos de guardias de asalto que entran en el pueblo como conquistadores. Registros siniestros de las organizaciones de la CNT. Anulación de los consejos municipales donde la CNT está representada. Saqueos, registro y arrestos. Toma de los alimentos de las colectividades. Entrega del campo a sus antiguos propietarios””.

 

FINALMENTE EL CHOQUE INEVITABLE SE PRODUJO EN BARCELONA.

En mayo de 1937, el gobierno republicano intentó desalojar a los trabajadores cenetistas de la central Telefónica, punto estratégico de las comunicaciones que hasta ese momento funcionaba bajo control de un Comité Obrero.

El enfrentamiento armado entre la Guardia de Asalto y los milicianos que custodiaban la central fue la chispa que provocó el incendio. Miles de obreros asqueados con la contrarrevolución interna dijeron basta y tomaron las armas, 10.000 de ellos participaron en las barricadas. El levantamiento se extendió por toda Catalunya y militantes cenetistas y del POUM tomaron los locales de los estalinistas.

Las direcciones de CNT y del POUM tenían en sus manos el haber impulsado esta revuelta a toda la zona republicana, acabando definitivamente con el capitalismo y lanzando una guerra revolucionaria victoriosa contra Franco.

Pero en lugar de eso se dirigieron desesperados a los obreros durante días para que levantasen las barricadas y se desarmasen. Cuando lograron convencerles, el gobierno republicano envió guardias de asalto desde Valencia que provocaron 500 muertos al enfrentarse a los obreros. La contrarrevolución había triunfado definitivamente y las cárceles republicanas se llenaron de militantes de CNT y POUM.

 

LA CONTRARREVOLUCIÒN PROVOCA LA DERROTA MILITAR.

Para vencer a Franco las masas debían sentir que luchaban por conquistar una vida digna de ser vivida. La defensa de la  “república democrática”, en abstracto, no le decía nada a millones de campesinos sin tierra, ni a los trabajadores en las ciudades.

Pero esos campesinos y trabajadores demostraron luchar heroicamente para defender las tierras colectivizadas y las empresas ocupadas. Esa era la clave para vencer al fascismo: ACABAR CON EL CAPITALISMO EN LA ZONA REPUBLICANA.

“”En la guerra civil china, las fuerzas de Mao eran insignificantes comparadas con el ejército de Chiang Kai-Shek, armado por los EEUU. Basándose en una consigna revolucionaria simple (“”La tierra para los campesinos””), consiguió ganarse a las masas rurales. Incluso  ofreció parcelas a los soldados del ejército de Chiang.  Divisiones enteras se pasaron a los rojos y las fuerzas de la reacción, simplemente se diluyeron””.

Lejos de esto, la actuación del ejército republicano en España, devolviendo las tierras y las empresas a sus amigos los terratenientes, hundió la voluntad de la lucha contra Franco.

El triunfo definitivo de la constrarrevoluciòn en el campo republicano, selló el destino de la guerra. En Marzo de 1939, las tropas franquistas tomaron Madrid y Valencia y comenzó la pesadilla.

La victoria franquista no se debió a una correlación de fuerzas favorable a la reacción (ni desde el punto de vista político, ni social, ni siquiera militar), ni mucho menos a la inmadurez de la clase obrera, sino exclusivamente a los errores políticos y estratégicos de las direcciones de las organizaciones de la izquierda.

Concluimos este análisis sintético de nuestra historia  con la frase que lo comenzamos: “”El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.  

Comprender las causas de esta derrota nos preparará para alcanzar la victoria.

 

Extracto de Libros de la Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels:

1.- La revolución inconclusa. El movimiento anarcosindicalista (Autor: Victor Taibo)

2.-  Poder Obrero y Contrarrevolución. (Autor: Juan Ignacio Ramos.

3.- Revoluciòn y Contrarrevolución en España. (Autor: Felix Morrow).

4.-  Rusia: De la revolución a la Contrarrevolución. (Autor: Ted Grant)

NOTA:   Cualquier persona interesada en adquirir algún libro pude dirigirse al siguiente link:

https://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/libreria-online

 

15 de julio de 2021

Parte 2 de 3).- 18 DE JULIO DE 1936: EL GOLPE FASCISTA DE FRANCO

  

(Recomendable leer la parte 1) de ayer)

EJECUCIONES MASIVAS Y ESCLAVISMO:

…/… Esos eran los mimbres con los que se formó la dictadura de Franco: el terror y el exterminio. Según Anthony Beevor, en su libro La guerra civil española, en el bando nacional se produjeron, como mínimo, 35.000 ejecuciones y “si se hace una proyección matizada, que tenga en cuenta el mapa político de cada zona que falta por estudiar, (...) “es posible que la cifra que venía sosteniéndose hasta ahora como probable por la mayoría de los historiadores, haya que corregirla al alza, hasta el punto de que la cifra de todos los ejecutados por ‘rebelión militar’ desde el primer día de la guerra abierta hasta julio de 1948, más los que murieron por abandono, hambre o epidemia, puede superar en mucho los 200.000 y acercarse a los 250.000. No se pueden conocer, obviamente, las cifras de los asesinatos arbitrarios, los ‘paseos’ y los ejecutados por la ‘ley de fugas’(…) pero pueden rondar los 30.000.

Una de las prácticas generalizadas de la dictadura de Franco, y que recientes estudios están cuantificando y sacando a la luz, es la utilización masiva de la mano de obra esclava, que jugó un papel determinante en la reconstrucción de la posguerra. Esa práctica empezó al principio de la guerra civil y duró hasta los años setenta, dándose casos incluso después de la muerte del dictador.

Según el artículo de Jordi García Soler, Esclavos del franquismo: “Aunque fue personalmente el propio Francisco Franco quien puso en marcha este formidable negocio a costa de sus prisioneros políticos, iniciado ya de hecho en mayo de 1937, al parecer fue el jesuita José Antonio Pérez del Pulgar quien lo inventó e institucionalizó de forma oficial, mediante la constitución del llamado Sistema de Redención de Penas.

En su texto de enero de 1939 titulado La solución que da España al problema de sus presos políticos "para mayor inri, editado por Publicaciones Redención, dicho sacerdote no defendía ningún tipo de piedad ni clemencia para con los presos políticos del franquismo" no puede exigirse a la justicia social que haga tabla rasa de cuanto ha ocurrido, sino que preconizaba para todos ellos poco menos que la aplicación de la Ley del Talión: ‘Es muy justo que los presos contribuyan con su trabajo a la reparación de los daños a los que contribuyeron con su cooperación a la rebelión marxista.  

Por supuesto que no se trataba de una ocurrencia individual, ese criterio era compartido por la jerarquía eclesiástica que apoyó, desde el principio, la “cruzada nacional” de Franco y dio su legitimación a una dictadura basada en la más atroz represión.

Si bien el ejército fue el pilar fundamental del régimen de Franco, el papel de la Iglesia, con su amplísima red de iglesias, escuelas y demás instituciones, con su pléyade de curas y monjas, no fue nada secundario para su sostenimiento. En ese sentido, la iglesia no tuvo nada que envidiar a la Falange y a los Requetés.

Según el artículo citado, a principios de 1941, esto es un par de años después de finalizada la guerra civil, constaban en el Fichero Fisiotécnico (en él estaban registrados todo tipo de datos sobre centenares de miles de prisioneros políticos antifranquistas para tratarlos como auténticos esclavos) 103.369 penados, de ellos cerca de 10.000 mujeres, una cifra casi coincidente con la de los presos que entonces ya habían sido juzgados y condenados por los numerosos tribunales civiles y militares puestos en marcha en toda España durante aquellos años.

Otro dato que da una idea de la extensión de la represión es que, por esas fechas, son más de 280.000 los prisioneros políticos encarcelados entonces en todo el estado y que representaban el 10% del conjunto de la población activa del país.

Los presos siguieron aumentando sin cesar. Según ha podido documentar recientemente el historiador Antonio Miguel Bernal, sólo entre los años 1939 y 1943 el número de presos políticos del franquismo llegó a superar los 550.000, también con una muy clara mayoría de jóvenes entre ellos.

 

HAMBRE GENERALIZADA.

En esas condiciones de represión extrema, las condiciones de la clase obrera bajo el franquismo descendieron a niveles infrahumanos, hecho que no impidió que una minoría de privilegiados se beneficiase de una mano de obra prácticamente gratuita, amasando grandes fortunas. El negocio del estraperlo, muy vinculado a las corruptas redes falangistas, hizo que unos cuantos se enriqueciesen rápidamente.

“Las carencias provocadas por la autarquía se exacerbaron debido a la decisión igualmente desastrosa de mantener la peseta a un tipo de cambio absolutamente sobrevalorado. (…) La escasez de productos básicos, en especial vestido y calzado, el hambre y un incremento espectacular de la prostitución y las enfermedades epidémicas, incluidas algunas que no se conocían en el Mediterráneo desde tiempos bíblicos, se convirtieron en una realidad cotidiana de los llamados años de hambre” (Paul Preston. Franco, caudillo de España).

Es interesante señalar que en ese periodo la prensa lanza una intensa campaña denunciando los chistes contra Franco como un delito contra el régimen, indicativo de la enorme impopularidad que había alcanzado la dictadura. En 1950 el consumo de carne per cápita en el Estado español era la mitad de lo que había sido en 1926 y el consumo de pan del mismo año sólo la mitad de 1936.

 

LAS HUELGAS DE 1946-47.

Tan pronto como en el año 1947 el movimiento obrero había dado sus primeras muestras de recomposición. Tuñón de Lara, en su artículo El paro de1947 en Vizcaya, (publicado en 1985 por Cambio 16), describe lo siguiente: “En Cataluña, el año 1946 había comenzado por la huelga general de Manresa, el 27 de enero. Iniciada por un conflicto en la fábrica textil Bertrand y Sierra, terminó en un paro, al que se unieron los comercios, los cafés y los cines; la prensa silenció todo, pero los obreros conquistaron una prima de 75 pesetas al mes.

Más adelante: “En el primer semestre de 1946 las huelgas se generalizaron en Tarrasa, Manresa, Granollers, Minas de Potasa de Suria, Maquinistra Terrestre y Marítima, Hispano-Suiza de Mataró y España Industrial.

En noviembre de 1946 parará casi toda la industria textil catalana y gran parte de la metalurgia. Allí subsistían organizaciones cotizantes de la CNT y también de la UGT (que en su rama catalana de entonces estaba en manos del PSUC).

Más adelante: “Esta visión panorámica —forzosamente incompleta— nos permite situar la huelga general más importante que tuvo lugar durante el primer decenio de la dictadura franquista, la de Vizcaya, el 1 de mayo y siguientes días de 1947. (…) Bilbao y la ría se inundan con pasquines firmados por la Junta de Resistencia y las tres centrales sindicales (UGT, STV y CNT). (…)

El gobierno civil quedó enteramente sorprendido al ver que el día 1 la huelga alcanzaba el 80% de las plantillas de la Naval, la Babcok, más de la mitad de Altos Hornos y la totalidad de Astilleros de Nervión, Aurrerá, General Eléctrica, Zorroza, etc.”

Sin embargo, como señala Tuñón de Lara, la oleada de 1947 no fue un principio, sino un final. Obedeció al ambiente creado tras el final de la Segunda Guerra Mundial, marcado por las expectativas de que Franco correría con la misma suerte que Hitler y Mussolini.

Pero ni esas primeras señales de vida del movimiento obrero tras la guerra civil, ni la heroica y necesariamente limitada lucha de los maquis en el monte, fueron suficientes para romper una dictadura que aún se podía asentar en la apatía y desmoralización predominantes por la derrota de la revolución de los años treinta.

Al terminar el año 1947 la mayoría de las organizaciones clandestinas de la oposición estaban totalmente desmanteladas y por supuesto las “democracias occidentales” no tenían ningún interés en derrocar a Franco.

El 16 de noviembre de 1937, más de un año antes del fin de la guerra, el gobierno británico ya había legitimado de facto a Franco al nombrar a sir Robert Hodgston agente diplomático británico en la España nacional.

Durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar del apoyo, sobre todo logístico, que Franco prestó a Hitler, tanto EEUU como Gran Bretaña suministraron petróleo y créditos al dictador, aunque muy controlados.

Con el fin de la contienda y el inicio de la llamada guerra fría, EEUU establecería excelentes relaciones con Franco, con la consiguiente instalación de bases militares en el “soberano” territorio nacional y otro tipo de “apoyos.

 

EL CRECIMENTO ECONÓMICO DE LOS AÑOS SESENTA.  

En marzo del año 1950 se produce la huelga de los usuarios del transporte en Barcelona, a la que siguieron otras de diferente alcance en Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Pamplona y Madrid.

En febrero de 1956, por primera vez después del final de la guerra civil, tienen lugar enfrentamientos estudiantiles en Madrid contra Franco.

Pero es en la década de los sesenta cuando se producen los cambios decisivos. A finales de la década de los cincuenta la economía española da síntomas de crecimiento significativo.

Los bajos salarios, las jornadas laborales extenuantes, la represión brutal, la carencia de derechos, unos buenos mecanismos de repatriación de beneficios y el severo Plan de Estabilización, hicieron la España de Franco algo muy atractivo para los inversores extranjeros.

El crecimiento económico de los sesenta actuó como un reconstituyente del movimiento obrero, a pesar de que, paradójicamente, también fue un elemento de estabilidad para el régimen durante un tiempo.

Se produce una incorporación a las fábricas de jóvenes trabajadores que, sin haber participado directamente en la dramática derrota de los años treinta, se fueron galvanizando en la lucha reivindicativa y alcanzando un altísimo grado de politización.

Ellos acabarían siendo la fuerza determinante para el fin de la dictadura franquista. La ley de convenios colectivos de 1958 abría una rendija de participación de los trabajadores en la negociación.

El PCE, con diferencia la organización obrera con más implantación en la clandestinidad, se infiltra en los sindicatos verticales alcanzando un éxito notable.

Muchos curas, influidos por el creciente malestar obrero y social, giran a la izquierda y apoyan la causa de los trabajadores.

En 1958 nacen las primeras comisiones obreras representativas en la mina de La Camocha, en Asturias. Se dan experiencias similares en La Naval de Sestao en 1960.

En 1962 se produce una huelga general en la minería asturiana. En 1966 empieza a funcionar la primera comisión coordinadora de ramas, conocida como la intersindical.

En otoño de 1967 se hace público un manifiesto con una plataforma reivindicativa que exige un salario mínimo de 300 pesetas, 100% de salario en caso de baja o jubilación, escala móvil de los salarios, el derecho a huelga. ¡Sólo en Madrid se consiguen 25.000 firmas!

Las elecciones en los sindicatos verticales en 1968 son un éxito rotundo para Comisiones Obreras. En Sevilla, de los 66 representantes de la “sección social” 63 pertenecen al sindicato.

En Madrid obtiene el 80% en las grandes empresas. La extensión y la intensidad del movimiento obrero se  acelera, afectando a muchas fábricas en un periodo relativamente corto de tiempo.

A finales de los años sesenta todas las fábricas más importantes del país habían participado en movimientos huelguísticos, con un alto grado de politización.

La inercia ya se había roto, la dictadura estaba ya sentenciada. Ni la represión, ni la tortura, ni las detenciones de los dirigentes de las fábricas, pudieron frenar la lucha. Al torrente principal del movimiento obrero se sumaron otras capas sociales.

A lo largo de toda la década de los sesenta se produjeron conflictos en la universidad. La lucha contra la opresión nacional, especialmente brutal bajo el franquismo, jugó un poderoso papel en el movimiento contra la dictadura, particularmente en Euskal Herria y Catalunya, arrastrando a sectores importantes de las capas medias y de la juventud estudiantil a la lucha revolucionaria.

 

EL FIN DE LA DICTADURA Y LA CRISIS REVOLUCIONARIA.  

Es mentira que el franquismo se renovara a sí mismo y como por un impulso “modernizador” caído del cielo hiciera gratuitas concesiones democráticas.

 En realidad, el empuje del movimiento obrero cogió a la dictadura por sorpresa y la represión se fue intensificando cada vez más. Es interesante observar que el odiado Tribunal de Orden Público, creado en 1963 para reprimir la oposición política a la dictadura, concentra el 60% de sus procedimientos en sus últimos tres años de existencia (1974 a 1977).

En los últimos coletazos de la dictadura, poco antes de la muerte de Franco, se producen los últimos cinco fusilamientos que causan una enorme conmoción política (en abril de 1963 se había ejecutado al dirigente comunista Julián Grimau y en agosto a los anarquistas Granado y Delgado).

Bajo los gobiernos de Arias Navarro y de Suárez, tras la muerte del dictador en noviembre de 1975, más de cien militantes de la izquierda fueron asesinados por la Guardia Civil, la Policía o las bandas ultraderechistas amparadas por el aparato estatal.

La dictadura franquista fue un régimen de terror del principio hasta el final. En su etapa agonizante muchas ratas saltaron del barco, pero no fueron las ratas las que lo hundieron.

No fue la monarquía borbónica, durante largo tiempo congelada y domesticada por Franco, la que puso fin a la dictadura. Los atentados de ETA, incluso el perpetrado contra Carrero Blanco, el “otro yo” de Franco, destinado a suceder al dictador, tampoco influyeron en el desmorone de la dictadura.

En la etapa final de la dictadura no sólo estaba preocupado el búnker que rodeaba a Franco sino la burguesía en su conjunto.

A partir de 1970 el movimiento obrero gana en profundidad y extensión, abriendo el periodo prerrevolucionario que marcó el final de la dictadura y que hemos tratado ampliamente en otros materiales. Los años setenta fueron años de agitación e inestabilidad en muchas partes del mundo.

La crisis económica de 1973 actúa de catalizador de procesos larvados durante mucho tiempo. En abril de 1974 estalla la Revolución de los Claveles en Portugal, en pocos meses se nacionaliza la banca y los principales medios de producción y el proceso adquiere un tinte netamente socialista.

En la llamada Transición, aunque el proceso no llegó tan lejos, el sistema corría un peligro real. Como siempre sucede en los momentos críticos, ni la represión ni las concesiones cosméticas son suficientes para frenar un movimiento largo tiempo contenido y con profundas aspiraciones de cambio social.

Como tantas veces hemos apuntado, y por razones de espacio no profundizaremos ahora, fue el papel de los dirigentes obreros, especialmente del PSOE y del PCE, los que evitaron que la lucha contra el franquismo no se transformara en una lucha abierta y victoriosa contra el sistema capitalista.

Aunque la dictadura cayó, su aparato represivo no fue depurado y se llegó a un vergonzoso pacto de silencio entre franquistas trasformados en “demócratas de toda la vida” y los principales dirigentes de la izquierda sobre el verdadero significado de los años treinta, del golpe de julio de 1936, de la revolución que se desató en la España republicana, de la dictadura franquista y de la llamada Transición.

Sacar todas las lecciones es una necesidad para preparar a la clase obrera y la juventud para los turbulentos años que nos esperan../…

Continuará mañana con la parte 3 final.

Extracto de Libros de la Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels:

1.- La revolución inconclusa. El movimiento anarcosindicalista (Autor: Victor Taibo)

2.-  Poder Obrero y Contrarrevolución. (Autor: Juan Ignacio Ramos.

3.- Revoluciòn y Contrarrevolución en España. (Autor: Felix Morrow).

4.-  Rusia: De la revolución a la Contrarrevolución. (Autor: Ted Grant)

NOTA:   Cualquier persona interesada en adquirir algún libro pude dirigirse al siguiente link:

https://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/libreria-online