En todas las religiones hay sectas fanáticas que se auto-conceden
la licencia de matar en el nombre de su dios, como hemos visto recientemente en
París, donde unos terroristas, gritando el nombre de Alá, han cometido una brutal masacre, que rechazamos
y condenamos rotundamente. Recientemente vimos a los sionistas,
fanatizados por considerarse “el pueblo elegido” ordenar un nuevo ataque del
potente ejército israelí para arrasar la Franja de Gaza, en esa guerra desigual
y no declarada, contra el pueblo palestino que dura decenas de años. Los
“cultos e inteligentes” cristianos Bush, Aznar y Tony Blair iniciaron el ataque
a Irak, fanatizados por una guerra preventiva contra las “armas de destrucción
masiva”, que resultó una gran mentira, agudizando el desequilibrio de la zona.
Algunos analistas explican que el peligroso Estado Islámico, base del fanatismo
actual, desgajado de la rama de Al-Qaeda, son ambos, junto con diversos grupos
fanatizados, el producto de esa cultura
de la “guerra santa”, que tiene sus raíces en la disputa económica por el
petróleo, los territorios y las materias primas. La cultura burguesa de la
clase dominante, esté influenciada por las creencias musulmanas, cristianas,
hebreas o de cualquier otro credo, educan
a los “súbditos y ciudadanos” para creer
en la ficción y en la religión que “utiliza” cada Estado, que se sustenta sobre una base filosófica
metafísica. Eso equivale a enseñar a creer en lo que no se ve, sea mentira o
sea verdad. Con esa técnica, la
burguesía se permite servirse del pueblo a base de la “alienación mental”, para
su provecho de clase y perpetúa la explotación del pobre por el rico. A la
burguesía no le interesa enseñar a pensar, ni las libertades, sino enseñar a obedecer para someter mejor a la
población mediante el miedo.
Tanto el terrorismo individual, como el terrorismo de Estado,
perjudican los intereses de los trabajadores y beneficia a los
capitalistas-imperialistas. La lógica de la cultura del dominio de los
capitalistas es contraria a la lógica de lo que entienden los pueblos. La
cultura para el pueblo, la cultura obrera, que como explicaba el clásico “es
una lucha permanente contra la ignorancia impuesta por la clase dominante”,
necesita basarse en el conocimiento científico, es decir, que se soporte en una
filosofía basada en la ciencia y el materialismo dialéctico, que nos enseñe a
buscar la verdad ética para mejorar la humanidad, rechazando el individualismo,
la opresión, la explotación, el engaño, que son los “valores culturales”
impartidos por la clase de los poderosos y corruptos. Una cultura del pueblo y para el pueblo, tiene
que ser profundamente democrática, para combatir la burocratización y la
corrupción, pero es incompatible con la “cultura burguesa capitalista”, vertical
y tendente al ordeno y mando, que apunta hacia el signo contrario, de la
represión y las “mordazas” al pueblo. A
la moral hipócrita de la burguesía y el clero tenemos que contraponer la ética
socialista que es la filosofía más adecuada para la clase trabajadora.
Pero bajo este corrupto sistema capitalista no
se puede aplicar una educación científica global porque los poderes fácticos,
como son los capitalistas, el clero y los ejércitos a su servicio, se oponen al
progreso y al cambio. Los ataques y recortes a la investigación y la educación
son constantes. La clase dominante, a
través de su brazo ideológico que es la religión, se opone a que se tomen las
medidas adecuadas para el progreso y las libertades porque están defendiendo
intereses privados. No pueden defender lo público porque contradice su propia
filosofía ni aplicar los Derechos Humanos en su totalidad. No defienden una educación, laica, científica,
pública, igualitaria y de calidad, porque necesitan fomentar las élites formadas
por los retoños de la burguesía para perpetuar su dominio de clase. Es
imposible que la burguesía pueda defender una política social solidaria que
satisfaga las necesidades humanas porque perjudica su móvil, que no es otro que
el lucro privado.
Al impartir el conocimiento bajo un cierto
método y con unos objetivos concretos, incluso el pensamiento de los
economistas burgueses está deformado. En su modelo económico, no se estudia
para producir encaminados a satisfacer las necesidades de la población, sino
para el lucro privado de los poderosos. Los que entran dentro de esa categoría
profesional, son unos simples “mercenarios”, lo sepan o no, que actúan
hipócritamente en defensa de sus amos los capitalistas. Están al servicio de
los intereses de quien les paga a sabiendas que con sus planteamientos y sus
técnicas perjudican a la clase trabajadora y a los pobres. Existen países musulmanes ultra-reaccionarios
como Arabia Saudita, Qatar, Marruecos, Irán y otros que han venido financiando
a grupos islamistas radicales que no respetan tampoco los Derechos Humanos y
causan el terror con sus actos violentos.
También existen países con gobiernos reaccionarios dominados por otras
religiones fanatizadas incluso en Europa y potencias imperialistas como EEUU,
donde tienen muchas afinidades y convenios económicos con los países antes
dicho y todos a su vez, financian y entrenan a fuerzas armadas que se preparan para la intervención en la pugna
inter-imperialista en la que están enfrentados,
acelerando la carrera armamentística y los conflictos bélicos.
Nos han bombardeado con la propaganda de que la
“economía de mercado” es la más eficiente. ¿Para quién? Es siempre más
eficiente para los que tienen recursos. Hagan la prueba de ir a cualquier
mercado sin dinero y comprobarán la “libertad de la que gozan”. En el mercado
se ejerce la “Libertad del Poderoso”, contra el débil, que es el obrero, que
pierde su libertad cuando el patrón le arranca la plusvalía, o cuando lo manda
al paro, y que no puede ser fuerte porque está desorganizado y desunido,
viéndose sometido, tanto por la cultura de la clase dominante como por la
fuerza de los poderes instituidos.
Con la entrada en la Unión Europea y la puesta
en marcha de una serie de políticas a base de Directivas emanadas de grupos
financieros, que funcionan como la “dictadura del capital” que actúan al margen
del control político, cuyo fin concreto es la defensa de los intereses de esa
“Europa de los Mercaderes” que tanto hemos venido denunciando desde Izquierda
Socialista de Málaga-PSOE-A, y que nos prometieron que tan beneficiosa sería,
porque el comercio iba a favorecer el desarrollo, eso ha sido cierto solo en
parte. Ha sido cierto para la burguesía, en cuanto que ha beneficiado el
desarrollo y la potenciación de la banca, los monopolios y los grupos de
presión de los imperialistas europeos, perjudicando los intereses de los trabajadores
y capas menos favorecidas.
Ejemplos hay miles, pero para muestra basta un
botón. La Unión Europea ha entrado de
nuevo en recesión y en los últimos cinco años ha pasado de tener 25 millones de
parados a 122 millones al final de 2014, que son en la actualidad el número de personas
que buscan desesperadamente un puesto de trabajo sin posibilidad de encontrarlo
en el corto plazo. Los niveles salariales están bajando en términos relativos y
absolutos. Los recortes sociales son evidentes. El sistema capitalista ejerce
una tremenda violencia contra los trabajadores, cuando vemos que el paro golpea
sobre todo a los jóvenes menores de 25 años, siendo el paro juvenil muy
traumático ostentando el Estado español la tasa más catastrófica de toda Europa
alcanzando una tasa del 57 % cuando la media europea está en el 24 %, lo que
también es una barbaridad y un verdadero escándalo público.
Para salir del atolladero en el que nos ha
metido el “libre mercado” capitalista, no queda otro remedio que luchar en
líneas de clase para avanzar hacia un nuevo modelo de sociedad, donde se pueda
planificar la economía. Como no se puede planificar lo que no se controla y no
se puede controlar lo que no se posee, lo conveniente sería que se plantease
claramente sobre la mesa un programa verdaderamente socialista, donde se
contemple la nacionalización de los sectores básicos de la economía, entre
ellos la banca, los monopolios y los latifundios, indemnizando en casos de
necesidad, para planear de manera científica y armoniosa el futuro de la producción
y la distribución de bienes y servicios, que nos permita acabar con las
tremendas desigualdades sociales, fermento de los “fanatismos de los falsos
profetas” que es la base del terrorismo.
Con un modelo cultural y productivo diferente,
con sindicatos fuertes y combativos, con una democracia socialista sana, y una
economía al servicio de la humanidad, trabajando todos, produciríamos más y democráticamente
se repartiría mejor el fruto del trabajo social; sería el inicio de la salida de la recesión
con el rumbo puesto hacia un nuevo modelo de sociedad, que deje en el basurero
de la historia el corrupto modelo capitalista que está obsoleto y ha colapsado
corroído por la especulación, la corrupción y sus propias contradicciones. La
clase trabajadora, en legítima defensa, tenemos que movilizarnos, organizarnos
y unirnos para cambiar la sociedad, porque otro mundo es posible, pero con
Socialismo, Libertad, Igualdad,
Democracia, Justicia y Paz, porque con el capitalismo, sus
enfrentamientos bélicos y los terrorismos, la humanidad camina hacia la catástrofe.
AREA DE COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE.A