Tras la derrota de la República por las tropas franquistas y la colaboración de Hitler y Mussolini, el día 8 de Febrero de 1937, las tropas invasoras entraron en la Capital de Málaga, tras una ofensiva militar brutal. Intervinieron tropas de Mussolini que se componía de cerca de 10.000 soldados, con artillería y tanques, que lideraron la operación con la aportación de Hitler que suministró al ejército franquista principalmente apoyo aéreo, logístico y de transmisiones a través de la Legión Cóndor..
La historia cuenta lo que fué llamada como “La Desbandá” que a partir del dia 7 de febrero, se produjo una terrible “Huida”, llamada por los historiadores con ese nombre, que fue un enorme éxodo de la población desde Málaga hasta Almería, concentrándose en torno a 120.000 personas y a lo anterior, se uniría después una cantidad ingente de población, en la Axarquía de Málaga y de la costa de Granada, llegando a algunos de los historiadores, a la cifra de 200.000 personas a lo largo del trayecto, pero los datos últimos investigados elevan la cifra global a cerca de 300.000 personas, incluidos con los asesinados en el.frente, en cunetas y en el cementerio.
El hambre acosaba a la población, tanto en la capital como en los campos de la provincia. Los barrios más pobres, tanto como el de Campanillas, que está a unos 12 kilómetros del Centro, quedó desolado y quedaron poco más de mil habitantes. En la actualidad la Barriada de Campanillas que pertenece al distrito 9, tiene hoy un censo de en torno a 19.385 habitantes.
Recuerdo un abuelo al que las tropas franquistas le habían matado un hijo, pero que incluso con su drama permanente, le gustaban las bromas y la poesía, y recuerdo, que tras la trifulca de la guerra, comentada este poema:
“La familia Coscorrón,
viendo que Franco venía
robó un carro con dos mulas
y se metió en Almería.
Y tras dos años en Francia
para salvar el pellejo,
pudo hacerse una choza
cerca de El Colmenarejo””.
Esa familia siempre trabajaban de jornaleros, que es lo que sabían hacer, pues nunca estuvieron en la escuela, ya que en los campos de la zona, solo había una sola escuela con 80 niños. (mayores 40 y otros 40 de menores), con un solo maestro, Don Mateo Plana Delgado, que venía a las 10 desde Málaga en el Bus y terminaba a la 1 de la tarde de vuelta.
La manutención diaria de los jornaleros del campo era escasa. Un trocito de tocino servía para sazonar una gran cantidad de caldo, con harina y con ajos, o gachas de avena y cada día, esa era la comida del día de los jornaleros.
Después de tantas largas horas expuestos al viento, a la lluvia y a las condiciones atmosféricas, los jornaleros volvían a sus chozas, para sentarse y calentarse algo ante una lumbre de turba, o desecho de carbón, que desprendían nubes de gases tóxico de carbones y sulfuros.
Las paredes de las chozas eran de barro y piedras, el suelo de tierra desnuda, tal cual era antes de construir la choza; el techo era una masa de paja suelta y ahumada, cubierta con matojos. Cada grieta se tapaba a fin de conservar algo de calor y una atmósfera de hedor diabólico, con un suelo de barro y a veces la ropa se secaba en sus cuerpos y luego tomar la cena con lo que hubiese, en compañía de su familia y luego a intentar dormir.
En tiempos lluviosos, algunos jornaleros estaban obligados a permanecer para pasar la noche en el interior de su choza, y sentían cómo se hundían sus pies en el barro, viéndose obligados a taladrar un aguero en la parte de la pared para poder respirar mejor.
Numerosos campesinos, los jornaleros más pobres estaban desnutridos y se hallaban expuestos por las noches a sufrir esas influencias insalubres y en cuanto al resultado, no hacían falta muchas pruebas para reconocer la miseria en las que vivían las familias pobres.
Además, las condiciones climáticas, los violentos vientos azotaban toda la zona durante varios meses al año, con un constante cortejo de lluvias a veces torrenciales que descargaban principalmente sobre las estribaciones de los montes, para luego llegar a inundar las zonas de los llanos, principalmente las que eran anegadas a las más cercanas al Río Campanillas, que desembocaba en el Río Guadalhorce, cuyas aguas llegaban hasta el mar en Málaga..
El Río Campanillas se desbordaba bastante, incluso algunos años, varias veces destrozando los sembrados y arrasando las chozas. La arboleda era rara, salvo en algunos lugares abrigados, sobre todo, las zonas que carecían de protección y el viento la destrozaba de cualquier manera. Las chozas a veces estaban cerca de unas canteras, donde solamente podían pactar algunos escasos rebaños de ovejas y muy poco ganado vacuno, que eran propiedad de los Terratenientes por lo que impedían que se pudiesen sacar algo de leche.
La gente joven solían emigrar a zonas agrícolas más favorables para conseguir algunos jornales, para aportar algo a las chozas de sus padres que quedaban desamparados con sus hermanos, su padre y su madre.
Las chozas se apagaban a veces por las tormentas, porque el suministro de luz consistía de un Quinqué de petróleo, con lo que los jornaleros quedaban desamparados. Muchos campesinos se encontraban ante la intemperie, con lo que acusaban un poco más la estrechez de la miseria creciente. Todo dependía, no de que el jornalero quiera o pueda pagar el alimento para sobrevivir, sino del uso que otros hagan del derecho a disponer de sus recursos escasos del que pudiese disponer.
El obrero agrícola no disponía en absoluto de la tierra, solo del jornal, para el que su trabajo era necesario como la lluvia y el sol. Había aún una notoria circunstancia que arrojaba en contra de él un enorme peso en la balanza como era la influencia de la Ley sobre los pobres, con sus disposiciones sobre el gravamen sobre los impuestos sobre los pobres, comparativamente con la situación de los Terratenientes que les explotaban.
Bajo el influjo de las Leyes favorables a los Terratenientes, estaban económicamente interesados en limitar al mínimo el número de jornales agrícolas residentes en la zona, que afectaba más a los pobres jornaleros, porque desgraciadamente, el trabajo en el campo, en vez de garantizar al obrero agobiado de su duro trabajo, para poder alimentar a su familia, los salarios eran pocos y conducían siempre más temprano o más tarde, a la pobreza, una pobreza aguda y de miseria de jornales mínimos que significaban todo un calvario que cualquier enfermedad, o cualquier otra carencia pasajera, que impida ir al trabajo al jornalero, podría obligarle a éstos, a destrozarlos y provocar una ruina familiar.
(¿Es ese el modelo franquista el que intentan imponer el grupo de la ultraderecha y la derecha, que está compuesta por PP/VOX, para llevar de nuevo al desastre a la clase trabajadora?)
CONTINUARÁ EL JUEVES 17 CON LA PARTE 2 SIGUIENTE)
COMISIÓN PERMANENTE.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA
PSOE DE ANDALUCÍA.
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