18 de julio de 2016

A 80 AÑOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: GOLPE DE ESTADO DE FRANCO DEL 18 DE JULIO.


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Este mes de julio se cumplen 80 años del golpe de Estado que dio lugar a la guerra civil. La gesta de los obreros españoles en su lucha contra el fascismo continúa conquistando aún hoy la imaginación de millones que aspiramos a transformar de arriba a abajo esta sociedad. Y para lograrlo, comprender lo ocurrido entonces es fundamental.

Las insoportables condiciones de vida de los obreros y jornaleros españoles fueron dando lugar a una situación revolucionaria en el país. Las distintas etapas que atravesó el proceso moldearon la conciencia de las masas, que aprendieron a confiar tan sólo en sus propias fuerzas. Así, tras la arrolladora victoria del Frente Popular en febrero de 1936, no esperaron a que el nuevo gobierno resolviese sus problemas —algo que nunca hubiese ocurrido— sino que emprendieron la acción, expropiando a los terratenientes, liberando a los presos políticos, ocupando fábricas y empresas y declarándose en huelga para forzar la readmisión de los obreros despedidos.

Por su parte, los capitalistas españoles, quienes sometían a una miseria indescriptible a la clase trabajadora —hasta el punto, en el caso de los jornaleros, de provocarles la muerte por inanición entre cosecha y cosecha—, tenían claro que la única forma de preservar sus privilegios era ahogando en sangre la revolución.

"Tras la arrolladora victoria del Frente Popular en febrero de 1936, las masas no esperaron a que el nuevo gobierno resolviese sus problemas; algo que nunca hubiese ocurrido; sino que emprendieron la acción"

El 18 de julio lanzaron su ataque. Las guarniciones militares de las principales localidades se sublevaron y declararon el estado de guerra. Frente a esta amenaza mortal, el gobierno del Frente Popular, que había renunciado a detener la conspiración golpista en sus inicios, llamaba a la calma. Es más, tanto Azaña en Madrid, como Companys en Catalunya se negaron a armar a los trabajadores. Pero la criminal actuación del gobierno fue contrarrestada por la acción revolucionaria de los obreros quienes, en muchas ocasiones, tan sólo provistos de escopetas de caza o cuchillos, sitiaron y asaltaron los cuarteles sublevados de las principales ciudades.

La clase obrera se hace con el poder real.
Tan sólo 24 horas después del inicio del golpe de Estado, los trabajadores lo habían aplastado en Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao, Gijón y otras ciudades clave. Y mientras esto acontecía, Martínez Barrio, jefe del gobierno, proponía al golpista Mola la formación de un gobierno cívico-militar (propuesta que fue rechazada por los golpistas). El golpe de Estado y la acción independiente de los trabajadores provocó el colapso de todo el aparato estatal.

El ejército, en su mayoría, se había pasado al bando fascista, al tiempo que la policía se descomponía y todo el protagonismo pasaba a manos de los trabajadores en armas y sus organizaciones, en especial la CNT y también la UGT. Lo que pretendía ser un triunfo militar rápido de la reacción, se convirtió en el inicio de la revolución socialista. Una situación de doble poder se fue extendiendo por todo el territorio republicano, puesto que los obreros armados no se detuvieron tras derrotar la intentona golpista: tomaron el control de la práctica totalidad de los ayuntamientos en la zona republicana, que fueron sustituidos por comités obreros de CNT y UGT, expropiaron a los principales capitalistas y organizaron milicias para dirigirse al frente y combatir a los fascistas.

En Catalunya es donde este proceso llegó más lejos: los trabajadores tomaron el control directamente de todas las empresas y reorganizaron la economía de forma extraordinariamente eficaz, estableciendo el control obrero sobre la producción. El proletariado catalán llevó acabo todo esto a pesar de que la dirección de sus organizaciones (CNT, UGT, PSOE o POUM) no impulsó esta iniciativa y de que las organizaciones estalinistas (como el PSUC y el PCE) se opusieron por entero.

Las colectivizaciones demostraron cómo bajo el control y la capacidad creadora de los trabajadores, la economía funciona de forma mucho más eficaz que bajo la anarquía capitalista.

En Barcelona, empresas colectivizadas como los ferrocarriles, el metro, cines, agua, gas…, subieron los salarios, redujeron algo la jornada y aumentaron la producción.

“El sindicato de la madera de la CNT barcelonesa, (…) cerró centenares de talleres ineficientes, concentrando la producción en dos grandes plantas. Se evitó el despilfarro mediante el control de la producción desde la tala en el Valle de Arán hasta el producto final”(1).

En el resto de la zona republicana la situación era similar. “En Alcoy también se centralizó la importante industria textil, concentrando 103 empresas con más de 6.000 trabajadores bajo el control del Sindicato Textil de la CNT, doblando las ventas hasta los veinte millones de pesetas” (2).

Tras el 18 de julio, en la amplia zona republicana el poder real había pasado a manos de los trabajadores, aunque al frente del Gobierno formal, sin ningún poder real en ese momento, se situaban los republicanos burgueses amparados por las organizaciones obreras.

Incapacidad, dudas y traiciones.
En la zona republicana, las condiciones para acabar definitivamente con el capitalismo no podían ser más favorables. “Las conquistas de julio a octubre de 1936 en lo referido a incautaciones de la propiedad capitalista, tanto de fábricas como de tierras, y la extensión del control obrero sobre la actividad productiva fue mayor que la realizada por los bolcheviques en los meses inmediatamente posteriores a octubre de 1917” (3). La edificación de un estado obrero, con una economía colectivizada y planificada permitiría lanzar una guerra revolucionaria que aplastara al fascismo y que extendiera la revolución internacionalmente.

Sin embargo, los dirigentes obreros actuaron en un sentido diametralmente opuesto.
El gobernante Frente Popular era una coalición interclasista entre republicanos burgueses que sólo se representaban a sí mismos —pero a los que se les había concedido la totalidad de los ministerios en 1936—, el PSOE, el PCE y el POUM, entre otros.

Obviamente, los republicanos burgueses no tenían la menor intención de acabar con el capitalismo. No era esa tampoco la intención de los dirigentes reformistas del PSOE. Y en lo relativo a la estalinizada dirección del PCE, su actuación, ordenada desde Moscú, estaba dirigida a salvaguardar los intereses de la casta burocrática de la URSS, independientemente de si eso suponía traicionar la revolución española.

Por su parte, la CNT no había participado en el Frente Popular. Se trataba de la principal organización obrera del país, con 1,5 millones de afiliados y en consecuencia, la que tenía mayor responsabilidad en el destino de la revolución. Como reconoció el propio Companys ante los dirigentes de la CNT en el palacio de la Generalitat: “Hoy sois los dueños de la ciudad y de Catalunya, porque sólo vosotros habéis vencido a los militares fascistas (…) todo está en vuestro poder. Si no me necesitáis o no me queréis como presidente de Cata­lunya, decírmelo ahora”. Sin embargo, la dirección cenetista actuó de forma idéntica a la de las demás organizaciones. En lugar de tomar el poder y destruir completamente el aparato del Estado, decidieron mantener a Companys y entrar en su gobierno. Esta acción fue decisiva para que la burguesía, no sin dificultades y utilizando la autoridad de los dirigentes obreros, pudiera reconstruir, paso a paso, el Estado burgués.

Stalin chantajea a la revolución.
Los gobiernos francés y británico estaban interesados en el descarrilamiento de la revolución, así que se negaron a enviar armas al campo republicano firmando el pacto de no intervención. Por su parte, la Italia fascista y la Alemania nazi armaban generosamente a los ejércitos de Franco, de manera que el único país que suministraba armamento al bando republicano era la URSS. Esta circunstancia fue usada por Stalin para chantajear a los trabajadores españoles.

En aquel momento Stalin pretendía forjar una alianza con Francia y Gran Bretaña para defenderse de la Alemania nazi. Pero para granjearse el apoyo de estos dos gobiernos, tenía que dejarles claro que él no pretendía estimular procesos revolucionarios en sus países, ni en ningún otro. Y para atestiguar que era un buen chico, dispuesto a respetar la propiedad de los capitalistas, sólo enviaba armas a aquellos ejércitos que se limitaran a defender la democracia burguesa y se opusieran a las colectivizaciones tras las líneas republicanas. Así que las organizaciones españolas dirigidas por Stalin actuaron siempre buscando no contrariar a la burguesía de Francia y Gran Bretaña.

La sublevación militar del 18 de julio había triunfado finalmente en pocas zonas, desconectadas entre sí. Los días inmediatamente posteriores, Franco enviaba desesperadamente tropas desde Marruecos a la península a través de un puente aéreo. En ese momento el Gobierno republicano podía haber concentrado toda la flota de guerra en el Estrecho y acabar fácilmente con el puente aéreo. Sin embargo, el gobierno derechista británico exigió que no se interfiriera en la libre navegación del Estrecho y así se hizo.

Otra consecuencia dramática de la política de contentar a la burguesía anglo-francesa fue la negativa del gobierno republicano a conceder la independencia a Marruecos. El revolucionario bereber Abd-el-Krim estaba dispuesto a volver a Marruecos y dirigir una insurrección contra Franco, pero el gobierno republicano no quería disgustar a Francia, país con amplias posesiones coloniales en el Magreb.

Reconstrucción del Estado burgués.
Tras la revolución del 19 de julio, las empresas habían sido colectivizadas. Sin embargo, las organizaciones obreras no quisieron completar el proceso tomando el Estado y sustituyendo el gobierno formal por un gobierno de delegados obreros elegibles y revocables. Urgía tomar el control del Banco de España (que poseía las segundas reservas de oro del mundo), coordinar los comités obreros que habían surgido por todo el país, y desarrollar un plan centralizado de producción, coordinando todas las fábricas colectivizadas.

"Para alcanzar la victoria era necesario un ejército revolucionario, que expropiara a los capitalistas a medida que arrancaba territorios a los fascistas"

En lugar de esto, los dirigentes de los partidos y sindicatos obreros se volcaron en la tarea de reconstruir el Estado burgués e ir acabando paulatinamente con los comités y las colectivizaciones. Todas las organizaciones participaron de este proceso contrarrevolucionario. La iniciativa la llevaba la dirección del PCE, pero paulatinamente entraron a formar parte del Gobierno todas las organizaciones, incluyendo CNT (primero en la Generalitat de Catalunya y, posteriormente, con cuatro ministros en el gobierno de Largo Caballero) y POUM (en la Generalitat, del que fue expulsado en diciembre del 36 por las presiones estalinistas).

Para acabar con el poder de los comités se emplearon varios métodos, entre otros el boicot gubernamental a las industrias colectivizadas: por una parte se les negaban créditos y por otra no se les compraba la producción. Ejemplo de ello era la compra de uniformes en el extranjero por parte del Gobierno de Largo Caballero, en lugar de a la industria textil catalana.

Simultáneamente se fueron dando todos los pasos para reconstruir un ejército burgués clásico en el lado republicano, acabando con las milicias obreras, las únicas que habían logrado éxitos contra Franco.

Por supuesto, para vencer era necesario un ejército centralizado. Pero para alcanzar la victoria ese ejército debería ser un ejército revolucionario, que expropiara a los capitalistas a medida que arrancaba territorios a los fascistas. El ejército republicano, el único armado por Moscú, hacía precisamente lo contrario. Sólo durante la heroica defensa de Madrid, en el otoño del 36, cuando la burocracia soviética se jugaba todo su prestigio, se decidieron a usar métodos revolucionarios, armando a los trabajadores y basándose en los comités obreros. Pero rápidamente se volvió a la política anterior, de limitar la lucha a la defensa de la república burguesa y a abortar cualquier intento de avanzar en la lucha contra el capitalismo.

Levantamiento obrero en Barcelona.
La contrarrevolución que se estaba llevando a cabo en la zona republicana estaba provocando la derrota militar. La vanguardia de la clase obrera se encolerizaba viendo cómo se destruían paulatinamente las realizaciones revolucionarias.

“La técnica de represión siempre es la misma. Camiones llenos de guardias de asalto que entran en el pueblo como conquistadores. Registros siniestros de las organizaciones de la CNT. Anulación de los consejos municipales donde la CNT está representada. Saqueos, registros y arrestos. Toma de los alimentos de las colectividades. Entrega del campo a sus antiguos propietarios” (4).

Finalmente el choque inevitable se produjo en Barcelona.
En mayo de 1937 el gobierno republicano intentó desalojar a los trabajadores cenetistas de la central de Telefónica, punto estratégico de las comunicaciones y que hasta ese momento funcionaba bajo control de un comité obrero. El enfrentamiento armado entre la Guardia de Asalto y los milicianos que custodiaban la central fue la chispa que provocó el incendio. Miles de obreros asqueados con la contrarrevolución interna dijeron basta y tomaron las armas, 10.000 de ellos participaron en las barricadas. El levantamiento se extendió por toda Cata­lunya y militantes cenetistas y del POUM tomaron los locales de los estalinistas.

Las direcciones de la CNT y del POUM tenían en sus manos el haber impulsado esta revuelta a toda la zona republicana, acabando definitivamente con el capitalismo y lanzando una guerra revolucionaria victoriosa contra Franco. Pero en lugar de eso se dirigieron desesperados a los obreros durante días para que levantasen las barricadas y se desarmasen (5). Cuando lograron convencerlos, el gobierno republicano envió guardias de asalto desde Valencia que provocaron 500 muertos al enfrentarse a los obreros. La contrarrevolución había triunfado definitivamente y las cárceles republicanas se llenaron de militantes de CNT y POUM.

La contrarrevolución provoca la derrota militar.
Para vencer a Franco las masas debían sentir que luchaban por conquistar una vida digna de ser vivida. La defensa de la “república democrática”, en abstracto, no le decía nada a millones de campesinos sin tierra, ni a los trabajadores en las ciudades. Pero esos campesinos y trabajadores demostraron luchar heroicamente para defender las tierras colectivizadas y las empresas ocupadas. Esa era la clave para vencer al fascismo: acabar con el capitalismo en la zona republicana.

“En la guerra civil china, las fuerzas de Mao eran insignificantes comparadas con el ejército de Chiang Kai-shek, armado por los EEUU. Basándose en una consigna revolucionaria simple (‘la tierra para los campesinos’), consiguió ganarse a las masas rurales. Incluso ofreció parcelas a los soldados del ejército de Chiang. Divisiones enteras se pasaran a los rojos y las fuerzas de la reacción simplemente se diluyeron” (6).

Lejos de esto, la actuación del ejército republicano en España, devolviendo las tierras y las empresas a sus antiguos propietarios, hundió la voluntad de lucha contra Franco.

El triunfo definitivo de la contrarrevolución en el campo republicano selló el destino de la guerra. En marzo de 1939 las tropas franquistas tomaron Madrid y Valencia y comenzó la pesadilla. La victoria franquista no se debió a una correlación de fuerzas favorable a la reacción (ni desde el punto de vista político, ni social ni siquiera militar), ni mucho menos a la inmadurez de la clase obrera, sino exclusivamente a los errores políticos y estratégicos de las direcciones de las organizaciones de la izquierda. Comprender las causas de esta derrota nos preparará para alcanzar la victoria.
ESCRITO POR LUCAS PICÓ.

1. Víctor Taibo, La revolución inconclusa. El movimiento anarcosindicalista. Fundación Federico Engels. Madrid, 2012, p. 87.
2. Ibíd., p. 88.
3. Juan Ignacio Ramos, Poder obrero y contrarrevolución (1936-1939). Fundación Federico Engels. Madrid, 2011, pp. 45-46.
4. Félix Morrow. Revolución y contrarrevolución en España. Akal Editor. Madrid, 1978, p. 213.
5. Sólo los Bolcheviques-Leninistas y Los Amigos de Durruti hicieron propaganda revolucionaria en las barricadas para continuar la lucha.
6. Ted Grant. Rusia, de la revolución a la contrarrevolución. Fundación Federico Engels. Madrid, 1997, p. 162.


16 de julio de 2016

SOLIDARIDAD CON NIZA: ¡ NI TERRORISMO, NI GUERRAS IMPERIALISTAS ¡

Luchar contra el capitalismo para alcanzar la libertad!


En la noche del 14 de Julio una terrible matanza tenía lugar en las calles de Niza. Miles de personas que asistían en el paseo marítimo de la ciudad a las actividades y fuegos artificiales con motivo de la fiesta nacional francesa, fueron atacadas por un individuo en un camión que atropellaba y disparaba indiscriminadamente con arma de fuego a quien se encontraba a su paso. El saldo final de esta terrible matanza es por el momento de 84 personas muertas y más de cien heridos, muchos de ellos niños. Desde el Sindicato de Estudiantes queremos trasladar nuestro apoyo y solidaridad a los familiares de las víctimas y a todos los que tuvieron que pasar por esa experiencia espantosa de temer por su vida.
Después de horas de confusión, las últimas informaciones señalan que el Estado Islámico (Daesh) puede haber reivindicado la autoría del ataque, aunque parece claro que el autor era un lobo solitario, un perturbado, conocido maltratador que actuaba solo y sin motivos religiosos. Pero eso parece interesar poco a los medios de comunicación y al propio presidente Hollande, que no ha dudado ni un minuto en utilizar esta carnicería para tomar de medidas que traerán más muerte y horror, como la intensificación de la intervención militar en Siria e Iraq, y la prolongación del Estado de sitio y la suspensión de lbertades democráticas en territorio francés. 
Las guerras imperialistas no han traído paz y prosperidad sino muerte y terror
 Es inevitable que en estos días, cuando vemos cómo la lacra del terrorismo se extiende también a Europa y EEUU sembrando barbarie, nos preguntemos sobre los verdaderos intereses que mueven a los dirigentes mundiales de occidente a seguir promoviendo intervenciones militares en terceros países y también, que hagamos balance de los efectos de éstas.
Ya hace trece años desde que en 2003 se lanzó la intervención imperialista en Iraq, instigada por el entonces presidente americano Bush, Blair y Aznar. Desde entonces hasta ahora hemos asistido a un auténtico desastre en la zona. Estas intervenciones militares no han traído la libertad ni la prosperidad a estos países pero las han ahogado en la barbarie y el terror. El resultado no ha sido otro que hundir en una situación desesperada a la población que sólo ha empeorado sus condiciones de vida, desestabilizando por completo la zona y creando así el caldo de cultivo perfecto para el fortalecimiento de grupos terroristas que, día sí y día también, llevan a cabo atentados en estos países cobrándose la vida de cientos de hombres, mujeres y niños inocentes. Hace apenas una semana, un atentado del Daesh provocaba la muerte de 250 personas en la ciudad de Badgad. Si algo nos recuerdan los cientos de miles de refugiados que huyen de esta situación y que se juegan la vida en el mediterráneo, es que las cosas no han mejorado sino que son absolutamente insoportables.
Los jóvenes y trabajadores no tenemos nada que ganar con las intervenciones imperialistas: son vuestras guerras, son nuestros muertos.
 La otra cosa que nos recuerdan estos cientos de miles de refugiados que huyen despavoridos poniendo en riesgo su vida y de la de sus hijos es que a Hollande, Merkel, Obama o Rajoy les dan exactamente igual las libertades y los derechos humanos.
Ellos son los que han pactado con un dictador como Erdogán para que les haga el trabajo sucio. Son los que han encerrado en campos de concentración a cientos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes en condiciones infrahumanas. Son los que han hecho grandísimos negocios con Arabia Saudí vendiendo ingentes cantidades de armamento. Son los que en su día apoyaron y financiaron a los grupos terroristas que hoy nos dicen que combaten. Son los que lloran en público por las muertes de París, de Bruselas, de Turquía y de Niza pero utilizan las muertes para hacerse de oro con nuevas intervenciones militares que sólo benefician a las grandes multinacionales. A los trabajadores y a los jóvenes, en Niza, en París o en Iraq, nunca nos han traído ningún beneficio estas aventuras imperialistas. Todo lo contrario. Nos han traído el peor de los escenarios. El que en Oriente Próximo se sufre cada día desde hace muchos años y el que en Europa sufrimos cada vez que un atentado acaba con las vidas de personas inocentes, gente normal y corriente como nosotros que terminan por pagar muy caro los negocios de otros.
Militarización y recorte de derechos: Hollande pretende aplastar la lucha de los jóvenes y trabajadores contra la Loi Travail (Ley de Trabajo)
 Pero la intensificación de la intervención en Siria e Iraq no es la única medida anunciada por Hollande. También ha anunciado la prolongación del estado de excepción en Francia durante otros tres meses y la movilización de la reserva operacional, es decir, del cuerpo militar, para el reforzamiento de la policía y los gendarmes. Estas medidas de recorte de libertades en nombre de la seguridad de todos, han tenido un uso completamente interesado en estos últimos meses. Gracias a ellas, el gobierno francés ha podido detener y retener en sus casas sin explicación alguna a cientos de activistas sociales, sindicalistas que participaban en las tremendas movilizaciones que los jóvenes y trabajadores franceses han protagonizado masivamente contra la Ley de Trabajo (equivalente en su contenido a la reforma laboral aprobada por el PP en el Estado español) que el gobierno de Hollande pretende imponer.  El movimiento Nuit Debout que tomó las plazas de forma multitudinaria— y las huelgas que en este tiempo se han extendido contra la Ley de Trabajo, han puesto en jaque al gobierno. Y el gobierno ha decidido utilizar la legislación antiterrorista contra el movimiento obrero y la  juventud que lucha.
Desde el Sindicato de Estudiantes denunciamos la enorme hipocresía de Hollande, de Rajoy  y del resto de mandatarios que, en Europa y EEUU,  manipulan el miedo y el dolor que todo el mundo siente hoy por los terribles sucesos de Niza para justificar las intervenciones imperialistas y el recorte de derechos de los jóvenes y trabajadores franceses. Da lo mismo nuestro país de origen, religión o color de piel. Al final siempre somos los mismos, las familias trabajadores, personas inocentes y anónimas, los que pagamos los platos rotos de las guerras imperialistas. Por eso debemos ser conscientes de que para terminar con este horror necesitamos de la movilización masiva y unitaria de todos los oprimidos para trasformar la sociedad y barrer el sistema capitalista.
¡Ni recorte de derechos democráticos, ni intervenciones imperialistas! ¡No en nuestro nombre¡.
COMUNICADO DEL SINDICATO DE ESTUDIANTES. 

15 de julio de 2016

EEUU: Miles de personas toman las calles contra la brutalidad policial en las principales ciudades.

El pasado 5 julio, en Louisiana, Alton Sterlin, que vendía CDs en la calle era brutalmente asesinado por la policía. Apenas 24 horas después la policía detenía el coche de Philando Castile por llevar un piloto trasero roto y le asestaba cuatro tiros en el pecho mientras trataba de coger su permiso de conducción. Todo esto ocurría delante de su hija de 4 años y de su mujer, que grabó lo sucedido y pasó la noche aislada bajo custodia policial.
Estos horribles asesinatos han despertado una ola de repulsa que recorre Estados Unidos en contra del racismo institucional y la violencia policial, y que se ha materializado en manifestaciones, concentraciones, cortes de carreteras y autopistas en ciudades tan importantes como Luisiana, Minnesota, Nueva York, Chicago, Atlanta, Baltimore o Phoenix, entre muchas otras.
Una guerra unilateral contra los pobres
Actualmente las familias trabajadoras en EEUU soportan los mayores índices de desigualdad desde la segunda década del siglo XX. Según datos oficiales1 el paro abarca a 7,8 millones de personas y otros 47 millones cobran salarios de miseria. Esta lacra se ceba especialmente con la población inmigrante y de color: el paro entre los negros es el doble que entre los blancos, y normalmente ocupan los puestos de trabajo peor pagados y en condiciones más precarias. Además de todo esto la población negra de los barrios más pobres vive bajo la permanente presión del acoso policial: 1 de cada 3 negros va a ser encarcelado al menos una vez en su vida ―1 de cada 17 para los blancos2.
La base de datos más fiable sobre violencia policial en EEUU3 tiene registradas 3.500 muertes en los últimos 15 años a causa de la violencia policial, cerrando 2015 con 1.134 muertos. La inmensa mayoría de ellas han sido por armas de fuego de la policía, aunque otras causas son por armas tipo taser, atropello, golpeados hasta morir o por asfixia. Sin embargo la base de datos está incompleta, y según reconocen sus propios autores el número real de asesinados podría ascender a unos 10.000. Por otro lado, según un estudio de The Guardian los jóvenes negros tienen 9 veces más probabilidades de ser asesinados por la policía, y al menos son ya 574 muertos en lo que va de año ―y sube cada día4 ― de los cuales 140 son negros.
Una rebelión de los trabajadores norteamericanos ¡Las Vidas de los Negros Importan!
Los asesinatos de Alton y Philando han alimentado la creciente tensión social que vive EEUU. El rechazo a la brutalidad policial es generalizado en los barrios obreros y desde que se conoció la noticia han sido convocadas multitud de movilizaciones de repulsa. El francotirador de Dallas ha servido de excusa para militarizar la respuesta policial: coches de tipo militar, bombas de humo y gas lacrimógeno han sido combinados con una constante provocación policial que buscaba justificar los más de 270 detenidos5 en los primeros 5 días de protestas pacíficas.
Paralelamente, una campaña muy interesada que intenta equiparar la situación de indefensión que sufre la población negra pobre con la de la policía. Una campaña que ha ocupado toda la prensa internacional, con declaraciones presidenciales incluidas. Evidentemente, los asesinatos de los policías de Dallas son un hecho lamentable y que nunca deberían haberse producido, que además sólo dará excusas para que más policías racistas y sus defensores excusen su brutalidad y futuros asesinatos alegando el temor a ser asesinados por ciudadanos negros. Sin embargo poco o nada se habla estos días del miedo real y palpable que millones de personas, especialmente negras, sufren cada vez que un policía les da el alto en la carretera o les para por la calle. Las propias imágenes que todos hemos visto por televisión de palizas, disparos, asfixias y brutalidad de todos los tipos reflejan la completa impunidad que existe a este respecto. ¡Todo está grabado! Lo publican todos los noticiarios, las cifras son escalofriantes y a pesar de todo, los asesinatos continúan y los asesinos son exculpados. Por eso no importa el montaje que intenten hacer en los medios de comunicación: no es cierto que todos sufran por igual el miedo, la discriminación, los insultos y las palizas. Quienes lo sufren son los pobres, en sus barrios pobres, donde hay quien se cree que puede actuar como un sheriff del lejano oeste en su peor concepción posible y hacer lo que le dé la gana, matar incluido, sin ninguna consecuencia. Son los negros, latinos, inmigrantes de otras partes del mundo y trabajadores blancos pobres los que habitan esos barrios, los que sufren esta horrible situación. No sólo tienen que soportar el paro, los trabajos de miseria y las condiciones de vida lamentables que les impone el 1% de la población que se hace rica a su costa. También, por lo visto, tienen que pagar por ello, renunciando a su dignidad, permitiendo que les traten como a personas de segunda, sin derechos, y ,si se tercia, morir acribillados sin que a nadie se le ocurra rechistar.
Esta brutalidad policial y la indefensión de los más oprimidos frente a ella ha obligado a jóvenes y trabajadores a formar sus propias herramientas de lucha como es el movimiento por la defensa de los derechos civiles con la plataforma Black Lives Matters a la cabeza: movimiento que se originó tras la muerte de Trayvon Martin ―un joven de 17 años a manos de un policía que, tras el juicio, quedó libre de responsabilidad― y que, después de que la brutalidad policial se cobrase también la vida de Mike Brown en Ferguson, tomó aún más fuerza convirtiéndose en una referencia en todo EEUU. De hecho, entre los detenidos tras este fin de semana se encuentra DeRay McKesson, uno de los líderes reconocidos del movimiento, ya puesto en libertad.
Esta lucha contra el abuso policial está en íntima relación con el aumento de la conflictividad laboral en estados unidos y la respuesta a nivel general de los sectores más golpeados de la población. Una de las luchas sindicales más emblemáticas ha sido la campaña por el salario mínimo de 15$/hora, y que recientemente ha conseguido una nueva victoria en Nueva York, al ser concedido para el sector de la comida rápida ―donde los trabajadores están muy movilizados. No es casualidad que este sea uno de los sectores que más extranjeros emplea: ambos, la lucha contra la policía racista y la lucha por unas condiciones laborales dignas, forman parte del mismo movimiento de rebelión social que se ha gestado en EEUU en los últimos años por parte de los sectores más explotados y que más ha sufrido los efectos de la crisis económica.
Una verdadera revolución política en Estados Unidos
El capitalismo es un sistema criminal que no tiene nada que ofrecer a los trabajadores. Ni siquiera en EEUU, la primera potencia mundial, el buque insignia del sistema. El recurrente “cuento” que tantas veces hemos oídos sobre el famoso “sueño americano” ha dado paso a la realidad de la precariedad, la pobreza y la represión más brutal. Y precisamente la lucha diaria de los trabajadores americanos contra la carestía de la vida, por una sanidad y educación pública de calidad o la lucha contra la brutalidad policial es lo que alimenta la revolución política que ha hecho posible fenómenos como el de Bernie Sanders. Esta rebelión que se está gestando entre la población norteamericana, que conecta con sus tradiciones revolucionarias, que formó Occupy Wall Street, que denunció que el 1% de la población le niega lo más básico al 99%, que defiende los derechos de inmigrantes, negros y del conjunto de los trabajadores y que ha nutrido una campaña histórica a un posible candidato al presidencia que defiende el socialismo… todo eso es lo que teme el establishment americano, que confía en su policía reaccionaria como garantía última para mantener la estabilidad.
Desde el Sindicato de Estudiantes nos sentimos inspirados por la lucha de Black Lives Matters y de todos los trabajadores negros, blancos, inmigrantes que están llenando las calles por miles y plantando cara contra la brutalidad policial, contra la impunidad de la que gozan este tipo de actuaciones criminales que sólo se ceba con los más humildes. Les mandamos todo nuestro apoyo y solidaridad en una lucha que entendemos como nuestra.
¡Basta ya de brutalidad policial!
¡Black Lives Matters!
SINDICATO DE ESTUDIANTES: 

13 de julio de 2016

ECOLOGISMO: Luchar por el Socialismo para salvar el planeta.


Resultado de imagen de No a la contaminación climática.

La lucha por el socialismo ha dejado de ser exclusivamente una cuestión de justicia social y económica, se ha transformado en la lucha por la supervivencia de la humanidad. Hasta los mismísimos Carlos Marx y Federico Engels se quedarían sorprendidos ante la posibilidad de que tras el capitalismo no llegase el socialismo sino el cataclismo; porque en última instancia la construcción de una nueva sociedad se basa en el desarrollo de las fuerzas productivas, condición que puede convertirse en sumamente difícil si dejamos que los capitalistas arrasen el medio en el que vivimos.
Hoy en día ya nadie niega, excepto algún ultrarreaccionario, el peligro que supone el calentamiento global que está experimentando el planeta Tierra. Es una realidad que el sistema climático es variable y aún bastante desconocido por el hombre, pero está absolutamente descartado que los cambios que se están produciendo pertenezcan a esa normal variabilidad. Desde los años 50 del siglo veinte muchos de esos cambios observados no tienen precedentes en decenas de miles de años. La atmósfera y los océanos se han calentado, las cantidades de hielo y nieve han disminuido, el nivel del mar ha aumentado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado exponencialmente. Esta es la principal causa del calentamiento global, la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero como consecuencia de la actividad industrial en la era capitalista. Estos gases son muy diversos y producidos de distintas maneras por el hombre. La mayoría provienen del uso de combustibles fósiles: fábricas, automóviles, producción de electricidad, etc. De entre ellos el mayor responsable del calentamiento es el dióxido de carbono; entre otros está el metano, el óxido nitroso de los fertilizantes, los usados para la refrigeración, los aerosoles, etc. A esto tenemos que añadir la continua pérdida de masas boscosas, que asimilan CO2. Más del 75% de estos gases proceden del uso de combustibles fósiles: carbón, gas natural, aceite y petróleo.
El problema que ocasionan viene derivado del aumento tan brutal que han experimentado durante la era industrial capitalista, de tal manera que han convertido en su contrario el proceso natural del efecto invernadero. En la era preindustrial y principios de la actual este proceso facilitaba la vida en la Tierra evitando que todo el calor de la radiación solar se escapase de la atmósfera, consiguiendo así una temperatura media de 15ºC donde habría unos -19ºC sin su existencia. La situación a la que hemos llegado es de tal gravedad que, según la inmensa mayoría de la comunidad científica, de seguir a este ritmo las previsiones son absolutamente catastróficas; y además bajo la amenaza de alcanzar un punto de no retorno que haría que ninguna medida que tomásemos fuese capaz de evitar el desastre. Las previsiones de la comunidad científica realmente recuerdan a maldiciones bíblicas extraídas del Apocalipsis:
1.- Inundación de zonas habitadas por el crecimiento del nivel del agua al fundirse porciones de hielo polar, sumado a la desaparición de reservas subterráneas al ser invadidas por el agua salada.
2.- Aumento de las enfermedades respiratorias, cardiovasculares e infecciosas como la malaria.
3.- Aumento de la demanda de agua potable a la vez que se reduciría el nivel de embalses, ríos y lagos por la evaporación.
4.- Escasez de alimentos ante las dificultades que se encontrarían los cultivos y la desertización se implantaría en enormes zonas del planeta.
5.- Extinción de especies por los cambios en sus ecosistemas.
6.- Aumento de la intensidad y la frecuencia de lluvias, huracanes y tornados ante el ascenso de la nubosidad por el incremento de la evaporación del agua.
Y un larguísimo etcétera que convertiría en una anécdota las 150.000 muertes al año que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce por malnutrición, enfermedades y estrés calórico.
¿Cómo hemos llegado a esta situación?
A la pregunta de ¿cómo hemos llegado a esta situación?, la respuesta es clara: por la manera de transformar la naturaleza del modo de producción capitalista. El sistema económico bajo el que vivimos es un sistema absolutamente anárquico y caótico, que responde únicamente a los intereses individuales de una ínfima minoría; la misma que impide al resto de la humanidad la posibilidad de planificar democráticamente el sistema productivo.
Para solucionar este terrible problema deberíamos desde este mismo instante comenzar a abandonar las energías de origen fósil y sustituirlas por energías renovables, limpias; y siempre bajo la incógnita de hasta qué punto de deterioro habremos llegado. Pero aquí reside el problema central para alcanzar una solución. La sustitución de unas energías por otras significaría dedicar una ingente cantidad de recursos que los capitalistas no están dispuestos a invertir, y menos en el contexto actual de una crisis de sobreproducción que ya supera a la de los años 30.
Los mismos personajes que diariamente asesinan niños sin mancharse las manos, de hacer algún movimiento en este sentido con seguridad que sería el relanzamiento de la energía nuclear de fisión, mucho más rentable desde un punto de vista económico, el único que ellos entienden. No se trata de una cuestión moral, no lo hacen por maldad, simplemente se rigen por la lógica del capital. Si sus inversiones no son lo suficientemente rentables corren el riesgo de desaparecer como capitalistas, como dueños de los medios de producción.
La ley de la competencia los enfrenta entre sí como individuos y a la vez entre burguesías nacionales que se disputan el dominio de los mercados y del mundo. Sería ridículo imaginar a las burguesías europea o estadounidense invirtiendo ingentes cantidades de recursos para que su producción de mercancías fuese limpia si, como consecuencia de ello, sus productos fuesen tres veces más caros en el mercado que los de los chinos si estos no realizasen esas inversiones y continuasen quemando carbón. Significaría su fin o como mínimo se convertirían en burguesías periféricas de segundo orden.
El mundo está gobernado por los intereses de las grandes multinacionales petroleras, eléctricas, automovilísticas. Los sentimientos en el funcionamiento de estos lobbies sólo significan debilidad; ellos hacen cierta la máxima de la ley del más fuerte. O acaso los sentimientos humanitarios juegan algún papel en las decisiones de las industrias farmacéuticas que cronifican las enfermedades para hacer negocio con sus productos. La destrucción del medio ambiente no es responsabilidad de toda la humanidad, sino de los consejos de dirección de estas multinacionales y de sus representantes políticos.
La cumbre de París
Es normal que a los ciudadanos de a pie nos asalte la duda de que los capitalistas que deciden sobre nuestras vidas no estén tan “locos”, después de todo ellos también tienen hijos y nietos y no querrán legarles un mundo arrasado; por eso tal vez exista la posibilidad de que entre todos ellos se pongan de acuerdo para salvar el planeta.
Pues a esta duda nos han respondido en diciembre de 2015 durante la famosa Cumbre de París. Aquí, los representantes de las diferentes burguesías mundiales han realizado toda una declaración de intenciones sobre lo que van a hacer para frenar el calentamiento global del planeta: nada, absolutamente nada.
La Cumbre de París ha sido una absoluta farsa, una broma macabra. En realidad, ha sido un gran acto propagandístico, carísimo por cierto, para intentar suavizar la alarma generalizada entre la población mundial. En ella, 187 de 195 países han firmado el Acuerdo de París que entrará en vigor en 2020. Con el solemne cierre del socialdemócrata Hollande: “Siempre podrán decir que el 12 de diciembre de 2015 estaban en París y podrán sentirse orgullosos ante sus hijos y sus nietos”, los representantes del capitalismo mundial se han marcado el objetivo de que el aumento de la temperatura media del planeta se quede a final de siglo por debajo de los 2ºC. Lo insultante del acuerdo es que para conseguirlo cada país aportará su propio plan de reducción de emisiones, es decir, una especie de libre albedrío; y se decide la aportación de una cantidad de 100.000 millones de dólares anuales que parecen más para paliar los efectos del calentamiento que para solucionarlo. La aparición en el documento de vaguedades como “alcanzar el pico de emisión de CO2 ¡¡lo antes posible!!” hablan a las claras de la solidez científica de lo acordado.
Con el Acuerdo de París han situado al anterior Protocolo de Kyoto como un “hito en la historia” en la lucha contra el calentamiento global. No existen ni referencias temporales para el porcentaje de reducción de emisiones, ni cupos, ni sanciones.
Esta absoluta farsa es muy sintomática del momento en el que vivimos, y que no es otro que el de una lucha a muerte por los mercados mundiales y un horizonte de recortes y ataques a la clase obrera mundial. Por qué se van a comprometer las élites financieras en cantidades y sanciones cuando son plenamente conscientes de que ni las van a cumplir ni las van a pagar. Desde su punto de vista de clase dominante no se pueden permitir añadir otro elemento de presión a la lucha de clases. Encima de que están sumiendo a la población en un escenario de hambre, guerras y retrocesos históricos en los derechos democráticos no se pueden permitir decirnos claramente que su plan para el problema ambiental es ninguno.
La Cumbre ha sido una auténtica pantomima protagonizada por personajes como el actual Comisario de Energía y Cambio Climático, el exministro español de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, cuyos méritos para obtener ese cargo han sido ser representante del partido político que en el Estado español acabó con un sector puntero a nivel mundial como era el de la energía solar. El “impuesto al sol” del PP es un buen ejemplo de cómo se beneficia a las multinacionales eléctricas frente a los intereses del resto de la población y, por supuesto, demuestra claramente la preocupación medioambiental de las élites.
Los mismos científicos invitados a la Cumbre de París han sido extremadamente críticos con su resultado: Hans Joachim Schellnhuber, director del Instituto de Postdam para la Investigación del Impacto Climático, afirmaba: “...para tener alguna oportunidad de alcanzar el objetivo de un límite de 2ºC en el aumento de la temperatura global en 2020, los países necesitan establecer planes para la descarbonización total en el año 2050”. Kevin Anderson, del centro Tyndall para el Cambio Climático de Manchester decía: “...hacer un llamamiento para alcanzar el pico de emisiones de CO2 ‘tan pronto como sea posible’ no es científicamente sólido. El texto está en algún punto entre peligroso y mortal para los países vulnerables”. Y más demoledor resulta el testimonio de Joeri Rogelj, del Instituto Internacional para el análisis de Sistemas Aplicados de Austria: “La cantidad de carbono global que podemos emitir para que la temperatura se contenga en 1,5ºC casi la hemos alcanzado ya”. “Necesitamos ciclos serios de contabilidad de CO2 para que los países midan sus compromisos de reducción cada dos o tres años”.
Estas rotundas y fundadas afirmaciones son la mejor explicación de lo que se pretende con la Cumbre de París, pura propaganda. Declaraciones que por cierto chocan de frente con las hechas por los que se proclaman defensores del medio ambiente como Emma Ruby-Sachs, directora ejecutiva en funciones de Avaaz, que afirmaba que “de cerrarse el acuerdo, el compromiso sellado en París supone un hito histórico, un punto de inflexión que sienta las bases del cambio de rumbo hacia las energías 100% limpias que el mundo quiere y el planeta necesita”. En la misma línea el director de Greenpeace International, Kumi Naidoo, decía: “...este acuerdo pone a la industria de los combustibles fósiles en el lado negativo de la historia”.
Este tipo de aseveraciones sin ningún rigor científico no son más que declaraciones políticas que crean falsas expectativas y esperanzas entre la población mundial y que dejan en entredicho su papel de defensores del planeta convirtiéndolos directamente en unos voceros más del capital.
Ni las buenas intenciones de la comunidad científica ni las “bonitas palabras” de los ecologistas van a convencer a los capitalistas para que reorienten su sistema productivo. La historia nos demuestra que sólo serán convencidos a la fuerza, por la imposición de la clase obrera en su lucha por el socialismo, por un mundo nuevo donde la humanidad pueda decidir democráticamente sobre sus destinos. Necesitamos más que nunca arrebatarles los medios de producción para evitar el desastre.
Ellos han introducido en la lucha de clases una variable antes desconocida, el posible fin de la humanidad. Esta atrocidad sólo puede ser frenada con la lucha organizada de la juventud y la clase obrera mundial. Luchar por un mundo sin desigualdades ahora mismo también es luchar por la supervivencia misma. El capitalismo nació tras el feudalismo lleno de sangre y lodo como dice Carlos Marx en El Capital y si no lo frenamos está dispuesto a morir de la misma manera.

Escrito por Alejandro Fernández.
Fuente: https://www.facebook.com/groups/316653321699455/permalink/1203399206358191/

11 de julio de 2016

OBAMA, RAJOY Y SUS POPULISMOS.

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            El Presidente saliente de EEUU, Señor Obama, en su visita relámpago a la Base de Rota, se pasó protocolariamente por la Capital del Reino de las Españas, cancelando su prevista visita a Sevilla, (comprensiblemente por el drama de las matanzas de policías en Dallas y la situación crítica en ese país)  y en su conversación con el Presidente Rajoy que sigue en funciones, pero que en realidad funciona poco, le  dijo, entre otras cosas que “la desigualdad es el germen del populismo”. Debe estar bastante alarmado,  porque sin mencionarlo específicamente, y sabiendo Obama,  que dispone de toda la información que necesita y que le proporciona la CIA,  quizás se refería también al candidato republicano Donald Trump,  fiel representante del “populismo de la derecha extrema” y entre otras declaraciones afirmó que “hay conexiones entre el impulso y las voces populistas en Estados Unidos y lo que está pasando en Europa”, posiblemente refiriéndose al  Brexit,  que apoyados por los “populistas de derechas” de gran Bretaña, han conseguido derrotar a los defensores de quedarse en la Unión Europea.

            Los imperialistas,  a través del portavoz más cualificado, que es el Presidente Obama,  dan la sensación de estar preocupados por la situación de tensión social en Europa, al advertir a Rajoy que “si la globalización no es equitativa y solo beneficia a las élites, vamos a ver un populismo que va a dividir a la sociedad y puede ir en aumento”. Esta última frase es quizás una advertencia velada a Rajoy sobre lo que ellos llaman “populismo de izquierdas” (¿de Unidos Podemos y otros?), sobre todo por lo que ha representado  la conquista de 71 parlamentarios por una coalición nueva en menos de dos años.  Tomando como válida una de las definiciones que de “populismo” da la RAE que es “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, todos los partidos tienen más o menos un cierto componente de “populismo”,  tienda  éste hacia la derecha o hacia la izquierda.

El concepto “democracia”, “populismo” y demás vocablos utilizados por la clase dominante,  es muy amplio, como trataremos de explicar en este artículo, pues tal cual recordamos los que peinamos canas y sufrimos sus consecuencias,  Franco llamaba a su dictadura sangrienta “democracia orgánica”, que si rascamos en la historia, procedía de la evolución de la fusión del “populismo” del Partido Radical de Lerroux y del “fascismo” de la CEDA acaudillada por Gil Robles.  Luego de los 40 negros años de represión, abusos,  muertes y penurias que sufrió nuestro pueblo al que “vinieron a salvar los populistas de derechas”,  implantando una Dictadura Fascista, hundiéndolo en la sangrienta guerra, por fin  conquistamos un cierto grado de libertad en la llamada Transición,  a base de potentes luchas populares del movimiento obrero,  con un empuje importante de las masas en las calles y se evolucionó hacia una “democracia parlamentaria”, que en realidad se quedó atascada en “democracia burguesa”, cada vez más degenerada,  corrupta y decadente en la actualidad.  

La “democracia verdadera”, nunca existió en ninguno de los tres poderes en los que teóricamente se dividen las fuerzas del Estado, modelo que sigue dirigido y chantajeado  al servicio de los poderosos manejados por los intereses de la clase capitalista dominante en el Estado español, como tampoco es una auténtica democracia la que existe en EEUU, ya que las clases trabajadoras, al no tener capacidad financiera para competir en la carrera electoral, donde el coste de campaña de un candidato cuesta millones de dólares, la cacareada “igualdad de oportunidades” queda como una vulgar demagogia o contradicción similar a las declaraciones de Obama ante Rajoy,  tras mostrarse partidario del libre comercio, en un quizás velado apoyo al TTIP que está cuestionado por diversas fuerzas políticas y sindicales, cuando el Presidente saliente de EEUU afirmó que “debe ir acompañado de políticas que aborden la desigualdad mediante sueldos justos y un sistema de bienestar social”, lo que contradice la política de austeridad que aplica Rajoy siguiendo la hoja de ruta de la Troika. ¿No es eso también populismo?

            La democracia solo existe en las formas idealistas del liberalismo, porque siempre, bajo el capitalismo, la  “democracia burguesa” es construida en el marco de la represión, de ahí la actual ley llamada “Mordaza”, que restaura algunas similitudes del Tribunal de Orden Público franquista, aunque algo atenuada, pero toda legislación de un régimen burgués se reserva sus artículos represivos para mantener el dominio de la clase capitalista contra la clase trabajadora. En realidad, la mera existencia de una sociedad dividida en clases sociales, presupone un régimen de opresión de una clase sobre otra.

            Algunos intelectuales que todavía se reclaman de la izquierda, pero que en realidad han abandonado la disciplina de la teoría científica del pensamiento del materialismo dialéctico, (si alguna vez lo entendieron, que esa es otra), funcionan en realidad sobre la base de categorías metafísicas y pueden confundirse igualando la “democracia” con el “bonapartismo”, tanto burgués como proletario,  o con el tan manoseado “populismo”, bien progresista o reaccionario, que, según plantean aplicando su dialéctica del “terror” los propagandistas del liberalismo,  podría derivar hacia el “fascismo”, que es el capitalismo químicamente puro.  Los sectores políticos más críticos siguen estando censurados por los grandes medios de comunicación bajo control férreo de la clase dominante que se llaman ellos mismos liberales,  porque  como dice el refrán “enseñar la soga en casa del ahorcado”, no es para ellos políticamente correcto y lo que no les interesa, “no se publica y punto”.

            Cierto que en el proceso evolutivo puede encontrarse algún punto de similitud entre esos diversos regímenes, que se reservan elementos de dominio militarista que existen incrustados y desnudos en cualquiera de los regímenes antes dicho, en un grado menor o mayor. Pero es preciso tener en cuenta, que por una de las leyes de la dialéctica, la cantidad se convierte en calidad y viceversa.  En realidad, lo que expresa la naturaleza de un régimen no es éste u otro elemento aislado, sino sus características básicas.  La “democracia burguesa” puede evolucionar hasta convertirse en un “bonapartismo burgués” y continuar su evolución tomando rasgos fascistoides, como algunos han pronosticado,  si se diesen cuatro años más de políticas conservadoras basadas en la austeridad y los recortes sociales.  El fascismo franquista evolucionó, sin rupturas señaladas en sus estructuras básicas, hacia la “democracia burguesa”  y puede repetirse el proceso a la inversa, si las masas no lo impiden en un momento dado, pero es la acción de masas la única fuerza que puede hacer cambiar ese proceso evitándolo, pues seguro  que lo intentará llevar a cabo la burguesía dominante.

            El método marxista del materialismo dialéctico no debe unificar indiscriminadamente los regímenes diversos del capitalismo.  Esa forma fácil que emplean los voceros y analistas mercenarios del capital, utilizan sus argumentos para llevar a la clase trabajadora a la confusión y el desatino.  El método científico del  marxismo debe consistir en analizar las cosas en su proceso de cambio y evolución,  sin caer en el error de confundir esto último con Revolución, que nunca se dio en la transición, aunque hubo elementos y fuerzas de base para que se produjera la “ruptura democrática” que fue abortada por la debilidad e incapacidad de las direcciones de los partidos obreros y por el chantaje permanente del golpismo, que aterrorizaba a la población.

            Nuestro deber como socialistas marxistas es saber examinar cada proceso y cada gobierno, para poder establecer tus tendencias especificas y sus características básicas, para que no nos cojan desprevenidos los cambios bruscos y repentinos en las fases de transición, que similar a los años 70, pero a un nivel superior, pudiesen acontecer, pues son esas las características básicas a las que nos vamos a ver enfrentados en la nueva época en la que estamos entrando, lo que nos obliga a rectificar y delimitar, cuando sea necesario, las caracterizaciones efectuadas de las etapas precedentes y actuales.  Para ello la dirección del PSOE  debe ser capaz de sacar las enseñanzas para realizar la “autocrítica”, la “rectificación” y la  “regeneración” de las tácticas erróneas,  que debe superar mediante la más profunda democracia interna, retomando la estrategia correcta que está reclamando la clase asalariada, para transformar la sociedad, es decir, dotarnos de un “Programa Socialista para la Segunda Transición” aplicando las tácticas adecuadas para avanzar, sin confundirse de adversarios ni asumir el discurso de las derechas.  

El término “populismo” que emplea la burguesía de forma despreciativa e incluso confusa, denominando así a algunas de las  fuerzas emergentes y algunas de las corrientes internas, no debe agotar la caracterización de un partido dado, pero si es necesario e indispensable profundizar en el análisis de lo que está ocurriendo en Europa con el crecimiento de fuerzas de la reacción, que evolucionan hacia el fascismo,  al mismo tiempo que se expresa la revolución en el seno de fuerzas de izquierdas, aunque todavía minoritarias, si lo que pretendemos es avanzar más y acercarnos a la realidad, con un pronóstico y perspectivas claras, si de verdad queremos ir más allá con las menos posibilidades de error posible.

Es preciso añadir también que el análisis marxista no significa sólo tener ideas generales importantes, porque en realidad, cualquier ciencia hace lo mismo.   Como ejemplo tenemos el estalinismo, que todavía sigue confundiéndose con el marxismo, pero en realidad utilizaron un método de análisis metafísico, sobre todo a partir de mediado de los años 20,   tesis que siguieron llamando marxistas, cuando ya no lo eran al haber comenzado su proceso  termidoriano que evolucionó hacia posiciones contra-revolucionarias, convirtiéndose en  estados obreros degenerados de dictaduras contra el proletariado, con los resultados lamentables que demostró la historia, al derrumbarse el muro por sus contradicciones, regresando al capitalismo en vez de avanzar al socialismo democrático.   Partiendo de una generalización de que cualquier partido, desde los socialdemócratas hasta los fascistas,  eran iguales, denominándolos agentes de la clase capitalista, terminaron diciendo que no había diferencias entre ellos, “todos son fascistas con algunas variantes”, - decían - incluyendo a los partidos obreros en el mismo saco de los burgueses, confundiendo a las bases de extracción obrera de los primeros, con sus verdugos capitalistas los segundos; pero lo grave es que aún existen grupúsculos que mantienen esas posiciones incorrectas,  sin hacer distinciones entre lo que son errores de dirección y las relaciones fraternales que debemos mantener con las bases y los votantes de las izquierdas en litigio.

En realidad, bajo la aparente careta de esta democracia actual se esconde la cruel  “dictadura burguesa de banqueros y tecnócratas”. Mientras tengamos el derecho a opinar, quejarnos y votar, pero sean otros como los banqueros y grandes empresarios, los que decidan desde la Troika a las órdenes del imperialismo, (cuyo Jefe máximo hasta que acabe su mandato es el Presidente Obama y lo peor es que si ganase el extremista y “pupulista de derechas” Donald Trump, podría comenzar la fascistización mundial), seguiremos colonizados, representando una patraña eso de que “la soberanía reside en el pueblo español del que emanan los Poderes del Estado”.  Lo que pretende con esta visita el mandamás de los mandamases,  es reforzar el grado de sometimiento del Estado español, a la estrategia  bélica y económica del imperialismo estadounidense. Bajo la bota del imperio  jamás podremos llamar a esa situación como una “democracia auténtica”,  ni podremos avanzar hacia un cambio del modelo capitalista que avance al socialismo sino que permaneceremos bajo una aparente democracia  que esconde bajo su careta la dictadura del gran capital en beneficio de los imperialistas.
           
Tenemos que continuar la lucha por una democracia auténtica,  para instaurar un gobierno de las izquierdas que esté compuesto por esa mayoría que somos los trabajadores, pero no basado en políticos burócratas y funcionarios corruptos, que han contribuido a un enorme saqueo de las arcas públicas,  que ahora nos hacen pagar al pueblo trabajador vía impuestos y un incremento de la explotación, sino que debemos luchar y exigir un control directo y democrático de la gestión económica, política, sindical, ecológica, social y cultural de la sociedad, eliminando los secretos bancarios y planificando la economía con una banca publica al servicio de la producción, es decir una “democracia de, por  y para los trabajadores” ,que se base en la participación activa y el control social por parte de la población, por medio de organismos democráticos de base.

Las tareas de la gestión y administración de lo público no pueden seguir confiadas exclusivamente a especialistas y tecnócratas que son elegidos pero que después se separan del pueblo y no rinden gestión, o lo que es peor, son comprados por los capitalistas,  sino que una democracia plena, una democracia social, una democracia sana,  debe ser ejercida por el conjunto de la población, incluyendo por ley la rotación en los mandatos y cargos públicos bajo control obrero.  Como decía Pablo Iglesias (El Abuelo) “elegid a los mejores, pero luego vigiladlos como si fuesen canallas”; eso requiere un mayor grado de organización y encuadramiento de la juventud y la clase trabajadora para trabajar con partidos, sindicatos y asociaciones sociales potentes y unas direcciones que se sometan a la democracia interna.  

Con ese nuevo modelo de participación activa y democrática de la mayoría de la población, que es la clase trabajadora y las capas medias,  utilizando las nuevas tecnologías, las redes sociales y poniendo todas las cuentas públicas a la vista de la ciudadanía, en una lucha firme contra la corrupción y por esos objetivos sociales de un programa genuinamente socialista y una verdadera democracia,  nos pondríamos en condiciones de avanzar hacia una verdadera sociedad pacífica y armoniosamente, donde pudiésemos liberarnos de la lucha cotidiana por la supervivencia,  que es debida a la escasez y la falta de trabajo, a las que somos sometidos por este obsoleto e injusto sistema capitalista, ya que con los medios de producción social gestionados democráticamente a la vista de todos, sin secretismos ni corruptelas, las familias trabajadoras podríamos participar de forma consciente en las decisiones políticas, económicas, sociales, ecológicas y culturales, decidiendo democráticamente qué producir, cómo producir y para quién producir, que son los objetivos de la “democracia socialista”,  que debe estar basada en la ética, poniendo al ser humano en el fundamento de la economía y ésta al servicio de la humanidad en su conjunto.

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