22 de mayo de 2013

CRÍTICA DE LIBROS: “BALANCE DE UNA RUPTURA”.


En este volumen de la colección Memoria Histórica editado por la Fundación Federico Engels, se analiza la posición de los socialistas en el Gobierno, durante la guerra y en la revolución.

Tras el golpe de estado militar del 18 de julio, de Franco, la Falange, la Iglesia y financiado por los banqueros, las masas responden con la revolución y en defensa de la república democrática y legítimamente constituida.

En dicho volumen se explica que entre 1931-1939, el movimiento socialista (PSOE, UGT, JJSS) experimenta una lucha interna muy aguda. El terremoto que representó la agudización de la lucha entre las clases, quebró de arriba abajo el equilibrio interno y la estabilidad del partido, las juventudes y el sindicato.

Desde abril de 1932, con el triunfo de la república, de forma democrática y pacífica, se profundizan los procesos. Millones de obreros y jornaleros, juntos con las masas de CNT, UGT y Juventudes Socialistas, necesitaban, exigían y luchaban por dar soluciones a la problemática social.

Querían soluciones decisivas y claras a las condiciones pésimas de vida y trabajo que el caciquismo y el aparato del Estado burgués tenían sometidos a los trabajadores.  Las masas en sus luchas, querían como queremos ahora, una vida digna, trabajo, cultura, vivienda, educación, salud  y bienestar para todos.

Largo Caballero, era un obrero que dirigía UGT y PSOE y fue elegido Presidente del Gobierno. Por primera vez en la historia un obrero estuquista de la construcción había sido elegido Presidente. La burguesía no lo perdonaba, como tampoco perdonó a la República,  aunque era del ala moderada al principio.  Pero después de la Huelga General de 1917 y el fracaso de la Comuna de Asturias de 1934, había encabezado una corriente buscando el giro a la izquierda, lo que luego sería Izquierda Socialista.

Arrastrado por el torbellino de las luchas entre las clases, dirigentes que poco tiempo antes se habían caracterizado por su moderación y reformismo, aparecían como defensores de profundos cambios radicales en la sociedad planteando la necesidad del socialismo. Estos sectores eran liderados, entre otros, por Largo Caballero y su corriente Izquierda Socialista que empezó a crecer con fuerza.

Explicaban que la democracia burguesa era incapaz de dar soluciones a los problemas de la mayoría. La alternativa que planteaban era el Socialismo y llamaban a las masas a prepararse y luchar contra la reacción golpista que se estaban preparando con la ayuda de la Alemania Nazi y la Italia Fascista.

Pero las luchas internas en la izquierda eran muy fuertes. La ofensiva contra el gobierno de Largo Caballero era, no solo de la burguesía que lo odiaba, sino del ala moderada por la derecha, hasta los estalinistas del PCE por la izquierda, que seguían aplicando los errores de la política dirigida desde Moscú, de las dos etapas, una posición más bien nacionalista de primero ganar la guerra y aplazando la lucha por la revolución socialista a un segundo término.

Mientras, el movimiento obrero giraba a la izquierda y las Juventudes Socialistas llegan a un entendimiento de unificación entre socialistas y comunistas formándose la Juventudes Socialistas Unificadas (JSU).  Contaban con más de 100.000 jóvenes afiliados que se estaban radicalizando y pedían a los grupos y partidos marxistas que estaban fuera, que entraran a las juventudes, para unificarse y para dirigirlas y “bolchevizarlas”. Pero, tanto el sectarismo como los errores tanto del POUM como de una parte de la C.N.T. junto con las luchas internas en el PSOE y la línea estalinista del PCE, abortaron la posibilidad de una unificación y una dirección correcta conjunta, abortándose asimismo el triunfo de la república socialista y la derrota ante las fuerzas “naZionalistas” de Franco. En realidad solo había un camino para la izquierda, el Socialismo,  pero llegó la barbarie de la derrota que hundió al pueblo español en los 40 años de negra dictadura, con un retraso histórico que todavía padecemos.

Es preciso mantener presente el dicho: “El pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla”, por ello, recomendamos la lectura de este interesante volumen e incluso de la colección completa que consta de varios tomos, éste que comentamos dedicado al balance de la ruptura en el sector socialista,  además de “Los años decisivos” que analiza el papel jugado en la teoría y la práctica del Partido Comunista de España,  “La revolución inconclusa” que analiza el movimiento anarcosindicalista profundizando en la CNT, la FAI y  otro volumen “La izquierda Comunista, el P.O.U.M., el BOC, la ICE y demás grupos de la izquierda.

Independientemente de la crítica y el análisis de la política llevada a cabo por sus dirigentes de la izquierda, esta colección trata de ser también un tributo a la clase trabajadora que luchó por el socialismo intentando tomar el cielo por asalto para construir solidariamente un mundo mejor, ante la amenaza del fascismo. Su ejemplo debe ser reivindicado y sus nombres deben ser recordados y los cuerpos que todavía siguen esparcidos por las cunetas, debidamente sepultados.

ÁREA DE FORMACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE.A
NOTA:
Si quieres adquirir algunos de esos volúmenes o la colección completa, puedes ponerte en contacto con la Fundación Federico Engels: 

http://www.fundacionfedericoengels.org
 



21 de mayo de 2013

GUSANO PARA LOS POBRES Y JAMÓN "JABUGO" PARA LOS RICOS:

Asquerosa e hipócrita campaña la desatada mundialmente por el imperialismo para que los ciudadanos asumamos que los pobres tienen que comer gusanos e insectos para paliar el hambre.

La canalla capitalista y sus voceros y mercenarios a sueldo aconsejan que esa es la solución al hambre, pero tenemos que discrepar porque las hambrunas, el paro y las miserias que engendran este corrupto sistema capitalista se podrían solucionar cambiando el modelo y luchando por un reparto justo de la riqueza.

Está comprobado científicamente que existen recursos en el planeta, con la tecnología actual, para que todos los seres humanos podamos comer y vivir digmamente así como para alimentar el doble de la población, pero hace falta luchar por una justicia distributiva solidaria y humana que correspondan a los valores genuimamente socialista, porque el capitalismo nos lleva a la catásfrofe y por ese camino, terminarán por legalizar la esclavitud e incluso el canibalismo.

Otro mundo es posible, pero no cabe dentro de este horroroso sistema capitalista, que está totalmente degenerado y senil. La lucha social unitaria y organizada es el mejor camino para avanzar hacia una nueva sociedad socialista " de seres humanos libres, justos, honrados e inteligentes", objetivos por los que empezaron a luchar los fundadores del PSOE y de UGT y que la clase trabajadora debemos continuar. ¡¡ La lucha sirve, la lucha sigue ¡¡
PEPE MARTIN RODRIGUEZ. 
Portavoz en Málaga de la corriente IZQUIERDA SOCIALISTA-PSOE DE ANDALUCÍA. 
 

20 de mayo de 2013

EL INVIERNO REGRESA EN PLENA PRIMAVERA.



 
A solamente once días del mes de Junio hemos venido padeciendo en esta última semana una extraña borrasca con aire muy frio, nevadas fuertes y mal tiempo en muchas provincias. El pleno invierno parece haber regresado al final de esta primavera con granizo, nieve y lluvias intensas. Algunos grupos ecologistas vienen explicando el peligro del cambio climático, cuyos efectos pudiesen ser ya estos inicios de perturbaciones como ampliamente queda explicado en la revista que editamos  por Izquierda Socialista de Málaga, fruto de la Conferencia de Torremolinos, donde decíamos: 

“Cuando en 1916 la extraordinaria dirigente socialista alemana Rosa Luxemburgo planteó que la humanidad se veía abocada a escoger entre Socialismo o Barbarie expresaba con enorme clarividencia cuál era la dinámica interna del capitalismo, y cómo las contradicciones internas de este sistema, contradicciones que hunden sus raíces en el corazón mismo de este modo de producción, conducen, si no triunfa la revolución socialista, a crear las condiciones de un retroceso del género humano a las épocas más oscuras y primitivas de su historia.

            En 1916 la Primera Guerra Mundial estaba en su apogeo. Esta orgía de destrucción, que provocó más de 10 millones de muertos, fue el resultado del enfrentamiento entre las grandes potencias capitalistas. No se trató, ni mucho menos, del primer conflicto bélico directamente provocado por los intereses de la burguesía. Todo el siglo XIX está salpicado de guerras, represión y matanzas, fundamentalmente en África, Asia y América Latina, cuyo objetivo era consolidar y extender la dominación de los capitalistas y su control sobre las riquezas de los países coloniales.

Pero la Primera Guerra Mundial trajo al corazón mismo de Europa, a la cuna de la “civilización occidental”, a las tierras donde se desarrollaron las formas más avanzadas de la ciencia, la filosofía, el arte, la música… el horror y la destrucción más implacable, demostrando así que bajo el capitalismo hasta las manifestaciones más sublimes del espíritu humano pueden convertirse en cenizas si los intereses de la burguesía así lo demandan.

Desde 1916 hasta el día de hoy han pasado muchas cosas, pero la naturaleza intrínsecamente destructiva del capitalismo se mantiene intacta, e incluso se ha profundizado. No sólo la guerra, provocada por los capitalistas, sigue marcando la vida cotidiana de millones de personas en Irak, Afganistán, Congo, Pakistán, etc., y amenaza con extenderse a otros países, como Yemen. No sólo la miseria y el hambre, producto de la incapacidad de la burguesía para seguir desarrollando las fuerzas productivas, atenazan a un número creciente de seres humanos. Ahora, una nueva amenaza, aún más terrible, surge de la decadencia del sistema capitalista: la destrucción de las frágiles condiciones que hacen del planeta Tierra un lugar habitable.

Espoleados por el auténtico motor del sistema capitalista, la búsqueda incansable del beneficio, las empresas tratan los recursos naturales como un factor más de la producción. Se trata de conseguir consumir los recursos naturales que el proceso de producción requiere (agua, aire, árboles, etc.) con el menor coste posible, para maximizar los resultados de las inversiones. Que esos recursos sean o no renovables, que su consumo incontrolado deje secuelas terribles en forma de contaminación, deforestación, envenenamiento del agua y del aire o desertificación, eso no entra en los cálculos de los cuentas de Pérdidas y Beneficios de las empresas.

Las consecuencias a largo plazo de la degradación ambiental traen sin cuidado a los capitalistas. Pero ¿por qué habrían de preocuparles? ¿Acaso alguna vez los capitalistas se han sentido afectados por la destrucción causada por sus guerras? ¿Recuerda alguien que las empresas que se beneficiaron, y se siguen beneficiando, de la explotación inhumana de los países del llamado Tercer Mundo hayan pedido perdón por los millones de muertos de hambre o enfermedades fácilmente evitables? Claro que no. El capitalismo avanza implacable, incluso en su actual etapa de decadencia senil, en medio de la destrucción que él mismo provoca, y cualquier esperanza en despertar su “conciencia” o su “responsabilidad social” en pomposas cumbres mundiales, como la recién fracasada Cumbre de Copenhague, está condenada a la esterilidad y al fracaso.

Las páginas que siguen explican detalladamente la necesidad de responder a la crisis ecológica creada por el capitalismo con una alternativa netamente socialista. La degradación de nuestro planeta, las amenazas que penden sobre el clima, la destrucción creciente del medio natural, son una consecuencia inevitable del funcionamiento del sistema capitalista, y sólo poniendo fin a este sistema ya obsoleto, sólo sustituyéndolo por un sistema socialista, basado, como planteaba la Declaración de Principios del PSOE, en “la transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo ( la tierra, las minas, los transportes, las fábricas, etc.) en propiedad común de la sociedad entera”, sólo con un sistema basado en la planificación económica, será posible un desarrollo armonioso del sistema productivo, orientado a la satisfacción de las necesidades reales de los hombres y compatible con el mantenimiento de nuestro entorno natural(…)

(Este es el prólogo del documento editado por nuestra corriente sobre el Medio Ambiente, ecología y cambio climático. Si quieres recibirlo gratuitamente puedes solicitarlo a la dirección de abajo, poniendo en asunto “Cambio Climático”) : 

ispsoeandalucia.malaga@gmail.com 


17 de mayo de 2013

POR FIN UN BANQUERO EN LA CÁRCEL:



Aparte de la condena de Mario Conde, pocos banqueros han pisado la cárcel por sus corrupciones y ahora le ha tocado el turno a Miguel Blesa, que pese a estar “presuntamente” amparado por los mandamases del PP, como explica la noticia del siguiente párrafo, la justicia no ha tenido más remedio que “enchiquerarlo” aunque la pregunta clave es:  ¿Durará  mucho ese encierro o lo excarcelarán como ocurre con los poderosos,  con abultadas fianzas, que representan casi siempre un porcentaje ínfimo del dinero “distraído”? Ese elemento, junto con su sucesor Rodrigo Rato, son los “presuntos” ejecutores del Caso Bankia, nombrados por el PP,  que tantos ciudadanos estafados y en la ruina  han dejado en su camino. 

La noticias a la que hacemos referencia es ésta: “José María Aznar presionó insistentemente a Esperanza Aguirre para que la presidenta de la Comunidad de Madrid mantuviese a  MIGUEL BLESA al mando de Caja Madrid. La lideresa se había planteado cambiar al presidente de la entonces cuarta entidad bancaria española y poner en su lugar a Rodrigo Rato, que había dado el salto del Ministerio de Economía a la jefatura del FMI.  Entonces, el expresidente del Gobierno,(AZNAR)  en un intento por preservar a su íntimo amigo al frente de la entidad, llegó a llamar en dos ocasiones a Aguirre para que frenase la operación. Infructuosamente.(…)” (Público.es 17-5-13)

Nadie puede negar a estas alturas de la película que la Banca y el PP forman una pandilla hostil a la clase trabajadora y constituyen un grupo reaccionario capitalista corroído por la corrupción. La clase trabajadora está siendo empobrecida por recortes y austeridad para salvar a los banqueros mafiosos por orden de la Troika y el beneplácito del gobierno  Rajoy y va siendo hora de que empiecen a pagar por sus fechorías.  

En Europa el capitalismo está atacando sin piedad los derechos y las conquistas sociales que la clase trabajadora,  a través de luchas hicieron posible en el pasado.  Los trabajadores vemos con estupor la corrupción económica, la supremacía de la dictadura de mercados, la exclusión social, las guerras, la pobreza, la miseria y el drama del paro, que es lo que nos ofrece el capitalismo. Con la crisis y la extensión de la recesión al resto de Europa  en la que estamos inmersos,  la realidad ha desmentido las ideas utópicas de un avance imparable del capitalismo, como nos vendían hace solo una década los partidarios de la “Europa de los Mercaderes”.

La burguesía lo sabe muy bien,  que el sistema capitalista no les funciona. El equilibrio se ha roto y no lo pueden restablecer. La burguesía y el PP están incapacitados para realizar las tareas democráticas  que, a través de las luchas sociales exige la clase obrera.   El ataque a los trabajadores pone en evidencia que esos recortes de gastos sociales dejan en el paro a millones de personas que caen en la pobreza, mientras que los corruptos banqueros siguen amasando inmensas fortunas, a la vez que arrastran con “ochenta-millonarios” retiros y muy pocos pisan las cárceles, como queda demostrado por lo anterior.   Los defensores del capitalismo y algunos reformistas de izquierdas  que asumen tesis liberales intentan convencer que es posible un capitalismo de rostro humano, pero los trabajadores cada vez entendemos mejor que eso es imposible, porque la burguesía como clase tiene su propia lógica. 

La pobreza sube un 8 % y aumentan las diferencias entre Comunidades  AA y, sobre todo, entre ricos y pobres por lo que si continúa este Gobierno,  Rajoy nos llevará  a la catástrofe. Mientras que existan las injusticias tan espantosas que estamos viviendo,  habrá luchas entre clases. El capitalismo ya no sirve porque este sistema es corrupto por naturaleza ya que “se basa en la explotación del hombre por el hombre”.  El drama es que entre la clase trabajadora hay que tener mucho valor para defender, valga la redundancia,  "valores éticos", por las represalias y el miedo a perder el trabajo,  y principalmente por el proceso de “alienación mental” al que es sometida por los grandes medios de comunicación la clase trabajadora,  pero la lucha, la unidad y la organización  es lo único que nos hará cambiar.

Los poderosos han desatado una fuerte ofensiva por restaurar su tasa de ganancias que afecta  a derechos democráticos de la clase trabajadora y los pobres.  Es totalmente “indignante” que existan mercenarios a las órdenes de la clase dominante que toman decisiones contra la libertad de expresión de nuestra corriente, que ve rechazada permanentemente nuestra propuesta de expresarnos en los medios de comunicación burgueses,  siendo silenciados una y otra vez.  El PP hace vanos intentos de censura, cuando eso no es otra cosa que la actualización cínica del fascismo ideológico, pero solo lo consiguen parcialmente porque tenemos la ventana internacionalista de las redes sociales que no pueden controlar pese a sus constantes intentos.

La burguesía tiene un miedo atroz a que se produzcan explosiones sociales porque la clase obrera unida bajo la bandera de la lucha por el socialismo podría tumbar al PP de forma fulminante, si así lo decidieran las direcciones de los partidos y sindicatos mayoritarios,  y acabaríamos  con la lacra del paro y la miseria capitalista, transformando la sociedad, porque es el trabajo lo que produce riqueza.  

Los trabajadores experimentan un proceso molecular de toma de conciencia cada vez más acelerado en base a sus propias experiencias y modifican sus puntos de vista. El capitalismo moribundo no puede ofrecer ya  a las masas el trabajo y bienestar que se nos había prometido,  siendo esa la causa que provoca esa frustración y  un ascenso convulsivo de la lucha de clases. La salida a la barbarie capitalista sólo puede ser enfocada de forma internacionalista, uniendo a los trabajadores por encima de nacionalismos de vía estrecha, empezando por Europa y terminando por todos los demás.

La democracia burguesa está quebrada y las cúpulas de los partidos parlamentarios, aunque lo saben,  se niegan a reconocerlo explícitamente, porque ello les obligaría a cambiar de posición y ponerse al frente de la defensa de un modelo alternativo.  Bajo el capitalismo no hay futuro para la humanidad; el futuro será con el socialismo verdadero y la democracia plena de los trabajadores.  La economía debe estar al servicio del ser humano y no del lucro de una minoría. Para ello es imprescindible que se contemple una lucha firme y decidida por la nacionalización de la banca, los latifundios y los monopolios, es decir, las palancas fundamentales de la economía, para democratizarlas, planificarlas y ponerlas al servicio de la producción, anteponiendo los intereses de la clase trabajadora por delante de banqueros, especuladores y corruptos. Otro mundo no solo es posible, sino que es más necesario que nunca. 

¡¡ NINGÚN  PACTO CON LA BURGUESÍA ¡¡
¡¡NO A LA CORRUPCIÓN ¡¡
¡¡DIMISIÓN DEL PP Y ELECCIONES YA ¡¡

ÁREA DE COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE.A
NOTA:
Nuestra nueva dirección es. 

ispsoeandalucia.malaga@gmail.com




16 de mayo de 2013

Salario, Precio y Ganancia, de Carlos Marx.

En cualquier época el capitalismo no se limita a atacar las condiciones materiales de vida de la clase obrera. También desarrolla un esfuerzo ideológico para intentar ocultar su responsabilidad en el surgimiento de las crisis, para difundir conceptos falsos sobre el funcionamiento de la economía y para extender la idea de que no existe alternativa viable al dominio de la burguesía.   

Esta ofensiva ideológica no es nueva. Ni es nuevo que alguna de las concepciones económicas divulgadas por la burguesía sea aceptada por un sector de dirigentes de las organizaciones obreras, ni que esas ideas conduzcan a errores estratégicos de primera magnitud. Es precisamente el combate de Marx en el seno de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) —la I Internacional— por asentar la estrategia de la organización sobre unos sólidos fundamentos teóricos lo que le llevó a preparar dos intervenciones ante el consejo general de la AIT acerca de las propuestas defendidas por John Weston, miembro del Consejo y seguidor de las teorías de Robert Owen, uno de los máximos representantes del socialismo utópico anterior al desarrollo del marxismo, que proponía el cooperativismo como vía para mejorar la condición obrera.
 
Estas intervenciones fueron publicadas más tarde como folleto con el título de Salario, precio y ganancia, y exponen de forma concisa y con magistral claridad las ideas básicas de la concepción marxista de la economía. Constituyen una magnífica introducción a la lectura de El Capital y, a pesar del siglo y medio transcurrido desde su redacción, siguen siendo un texto fundamental para entender el funcionamiento del capitalismo y los caminos que se le abren a la clase obrera para luchar contra él hasta su total erradicación.

¿Qué ideas combate Marx en este folleto?

En sus propuestas a la AIT, Weston planteaba dos cuestiones cruciales. En primer lugar, afirmaba que la lucha por subidas salariales era inútil, ya que los capitalistas las compensaban con subidas de precios, de modo que finalmente el poder adquisitivo de los salarios no variaba. Y, asociada a esta idea, Weston proclamaba que la lucha sindical no solo era inútil en términos globales, sino que las victorias de los trabajadores en un sector provocaban inevitablemente daños de igual magnitud en los trabajadores de otros sectores productivos.

Probablemente Weston, carpintero de profesión, carecía de cualquier intención de obstaculizar el fortalecimiento de la AIT, pero la aprobación de sus propuestas hubiese significado un terrible paso atrás. Por ello, Marx se tomó un enorme interés en desmontar las falacias que subyacían en el pensamiento de Weston, empezando por la teoría del “fondo de salarios”, una idea tomada del pensamiento económico liberal. De acuerdo a esta teoría, la cantidad total que los capitalistas dedican a salarios es una cantidad fija en relación al capital total, de modo que las subidas salariales de un sector de trabajadores tienen que compensarse necesariamente con las bajadas salariales de otros. Y si los trabajadores, mediante la unificación de sus luchas, lograran una subida salarial generalizada solo conseguirían provocar una subida general de precios, de modo que la proporción representada por los salarios sobre el total del capital se mantendría invariable.
 
Marx explica que los salarios y los precios en modo alguno están en una relación directa. Ni las subidas de salarios provocan subidas inmediatas de los precios ni las subidas de los precios se traducen en incrementos salariales proporcionales. Lo que sí está en relación con la cuantía de los salarios, y precisamente en una relación inversa, son las ganancias de los capitalistas. Las subidas salariales en una empresa no disminuyen el salario del resto de los trabajadores sino los beneficios de los propietarios de esa empresa. Y las subidas salariales generalizadas hacen disminuir los beneficios del conjunto de los capitalistas, pero sin alterar los niveles generales de precios.

La teoría del valor.
Marx no se limitó a poner de manifiesto las inconsistencias de Weston, sino que en sus intervenciones ofreció los elementos teóricos necesarios para la correcta comprensión del funcionamiento del capitalismo y para extraer las conclusiones prácticas que hicieran posible el avance de la organización internacional de la clase obrera.
 
La piedra angular de esta nueva concepción es la teoría del valor, que explica que el valor de una mercancía se determina por el tiempo de trabajo medio socialmente necesario para producirla, de modo que el precio no es más que la expresión de ese valor en dinero. Y aunque los precios de una mercancía determinada pueden oscilar en función de factores relacionados con las vicisitudes del mercado, la suma de los precios de todos los bienes y servicios equivale exactamente a la suma de sus valores.
 
Pero no todo trabajo, entendido como puro esfuerzo humano, es susceptible de crear valor. Solo crea valor el trabajo que forma parte de la división social del trabajo, es decir el trabajo que contribuye a la reproducción de las condiciones materiales de existencia de la sociedad. Y en una sociedad capitalista son precisamente los propietarios de los medios de producción los que toman las decisiones sobre lo que debe o no producirse, es decir, son los que definen lo que es o no “socialmente necesario”.
 
Sin embargo, los medios de producción por sí solos no producen nada. Necesitan de la acción de los trabajadores para generar riqueza. Los capitalistas resuelven esta necesidad comprando el derecho a utilizar durante un tiempo determinado las capacidades físicas e intelectuales de los asalariados, es decir, comprando su fuerza de trabajo, que se ve así reducida a la condición de mercancía. Y como tal, la fuerza de trabajo vale lo que cualquier otra mercancía: la cantidad de tiempo de trabajo necesario para reproducir el cuerpo vivo del obrero y su familia, y para cualificarlo para su oficio.

Plusvalía y beneficio capitalista.

En este punto se plantea una cuestión básica. Si, tal y como defiende Marx, las mercancías se venden por su valor, y la fuerza de trabajo no es una excepción a esta regla, ¿cómo se genera el beneficio del capitalista?
 
Enfrentados a esta cuestión, los propagandistas de la burguesía explicaban que el beneficio se produce en el proceso de compra y venta de mercancías. Los capitalistas más astutos conseguirían vender mercancías por encima de su valor, y generarían así una ganancia.
 
La teoría de Marx destruye esta falacia, y explica que el beneficio capitalista nace de la capacidad de la fuerza de trabajo de generar mayor valor del que es necesario para su propia reproducción. De esta manera, en su jornada de trabajo el obrero produce un valor superior a lo que recibe en forma de salario, y este mayor valor, o plusvalía, es lo que el capitalista se apropia, ya sea directamente en forma de beneficio empresarial, o indirectamente en forma de renta del suelo o de interés del dinero.
 
Y precisamente porque es el trabajo de los asalariados la única fuente de riqueza, toda la dinámica del capitalismo gira en torno a las formas de incrementar al máximo la plusvalía, ya sea alargando la jornada de trabajo (lo que Marx llama plusvalía absoluta) o intensificando la explotación del trabajador de modo que cubra el valor de su salario en el menor tiempo posible y dedique la mayor parte de su jornada a producir plusvalía (la plusvalía relativa). Y puesto que la prolongación de la jornada tiene un límite natural (las 24 horas del día), los capitalistas optan por incorporar más y mejor maquinaria que haga al trabajador más productivo. Este hecho es lo que conduce a que la acumulación de capital sea más rápida que el incremento de la demanda de trabajo y, en consecuencia, Marx concluya que la tendencia general del capitalismo es bajar el valor del trabajo a su límite mínimo.

La importancia práctica de la teoría marxista.

Esta conclusión, confirmada por la bajada masiva de salarios que se está produciendo ante nuestros ojos, es mucho más que un hallazgo teórico. Tiene una importancia práctica fundamental, ya que permite entender los límites del sindicalismo. El funcionamiento del ciclo capitalista está regulado por las leyes que rigen la acumulación del capital, y frente a esas leyes las mejores intenciones reformistas se estrellan y fracasan.
 
Pero de la teoría económica de Marx también se desprende otra valiosa conclusión: el capitalismo encierra las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para su superación. Es la clase obrera la que encierra el potencial revolucionario que enterrará al capitalismo. La condición para que ello sea posible es que se dote de una organización revolucionaria y que fecunde su acción con las ideas del marxismo. Este libro ofrece una buena ocasión para profundizar en esas ideas y convertirlas en guías para la lucha que llevamos adelante cada día.

Antonio García Sinde.